Capitulo 7 - Zedd

1049 Words
Zedd - años atrás (Junio del 2014) —¡Vaya, eso fue increíble!—exclamó James, después de bajarnos de la montaña rusa—¿quieres ir a comer un helado, Sara? —Si, ¡vamos!—contestó Sara, mientras seguíamos a James, que se dirigía al carrito de helados más próximo, dentro de aquella emblemática feria.  Sara, James y yo, compramos los helados, y nos dirigimos hacía la playa, sentándonos sobre la arena, divisando el pintoresco paisaje del mar, frente a nuestros ojos.  —¿Qué se siente cumplir 18 años, frente a un paisaje como este?—le pregunto James a Sara, mientras seguíamos observando la vista de la playa, con el ocaso abrazando las olas, que se movían de un lado a otro.  —Es extraño—replicó Sara—Internamente, me siento igual que siempre. Como si tuviera una niña interior. ¿Ustedes no se sienten así? —Oh, sí—dijo James—se de lo que hablas. Nos veo y no puedo creer lo rápido que ha pasado el tiempo. Es como si siguiéramos siendo los mismos chicos de hace 3 años.  —Supongo que, internamente, siempre llevaremos una parte de nosotros, que conservan piezas de cuando éramos niños, adolescentes..—repuse, mirando al horizonte, clavando mi mirada a las olas y al manto del cielo, mientras sentía el fresco viento envolverme, junto al ocaso que se desvanecía. —¿Cómo creen que sean nuestras vidas en unos años?—pregunto James, lanzándonos una mirada, a mi y a Sara. —Me veo como una exitosa diseñadora gráfica, viviendo en el mejor departamento de Manhattan—dijo Sara, en tono entusiasmado—Compartiendo mi éxito con ustedes, claro.—volvio a decir, mientras me miraba, con ese tipo de miradas, que solíamos lanzarnos, así comunicándonos algo más allá del alcance de las palabras.  —Eso es increíble, Sara—dijo James—yo me veo siendo el mismo rockstar que soy. ¡Viviendo la vida al limite!—exclamó, provocando que Sara y yo nos riéramos.  —Yo.., no lo se—repuse, dejando que sonido del movimiento constante de las olas, fuera el que hablara por mi—El futuro es incierto, como para hacer planes. Odiaria hacerme la ilusión de algo que al final no vaya a suceder.. —¡Vamos, Zedd!—exclamó James—¿siempre tienes que ser tan profundo? —Concuerdo con James—replico Sara, lanzando una pequeña risa—Pero.., también puedo entender lo que dices, Zedd.. Claro, Sara siempre me entendía. Pues, una parte de ella era tan similar a mí. Y eso jamas cambiaria.  —Yo si se tu futuro, Zedd—dijo James, en tono sarcástico, mientras nos miraba a mi y a Sara, comunicando algo con ese tipo de mirar. Comunicando una aparente insinuación, sobre qué Sara sería mi futuro.  James siempre hacía bromas que me ligaban a Sara. Era como nuestro cupido.  —Ay, James—musito, Sara—tu siempre con tus bromas.. —Bueno chicos.., creo que ya es tarde para mi—replico James, de un momento a otro, poniéndose de pie, con la intención de marcharse de ahí—Pero, no se preocupen, ustedes pueden seguir..—guiño el ojo—¡Feliz cumpleaños, querida Sara! Diviértanse, pero no demasiado..—volvió a decir, lanzando una risotada, mientras se marchaba de la playa. Sara y yo solo permanecimos en silencio, sin decir palabra alguna. Permanecimos en silencio, mientras mirábamos lejanía del mar, que se entrelazaba al pletórico atardecer, de tonalidades rosáceas. Permanecimos en silencio, escuchando el sonido constante de las olas, sintiendo el fresco aire envolvernos, y percibiendo los agradables aromas de la playa, impregnándose sobre las fosas nasales.  —¿Te gustó tu regalo?—interrumpí el silencio, sin quitar mi vista de aquel paisaje del mar. —¡Me encanto! Es el mejor regalo por mucho..—respondió Sara, mientras me miraba fijamente—Colgué tu pintura en mi habitación.. Le había obsequiado a Sara, una pintura de una rosa rosácea, en la cual sus pétalos se abrían, mostrando la profundidad que de esta emanaba; mostrando los colores rosáceos y violetas, que la contorneaban, siendo parte de la inigualable flor. Aquella pintura, se ilustraba a simple vista, una rosa rosácea. Sin embargo, aquella rosa, significaba mucho más que eso. Aquella pintura, ilustraba la verdadera esencia de Sara. La verdadera esencia. Su verdadera esencia. En forma de una rosa rosácea, en la cual sus pétalos se abrían, mostrando la profundidad que de esta emanaba.  El cielo comenzó a teñirse de color n***o. Las olas seguían rugiendo, narrando inaudibles palabras, a compañía del viento, que golpeteaba contra nosotros. El sosiego nos envolvía. La conexión nos abrazaba.  —Mi madre me hablo..—titubeo Sara—Contesté el teléfono y era ella—Un silencio se acentuó. El rostro de Sara mostraban las emociones que atravesaban dentro de ella.—Cuando escuche su voz, me quede helada, sin saber cómo reaccionar.  —¿Y que te dijo?—le pregunté. —Nada—contesto Sara—en cuanto pronunció mi nombre, finalice la llamada.. En ese instante, las lagrimas comenzaron a rondar por las tiernas mejillas de Sara.  Sabía lo mucho que le dolía aquella situación con su madre. Su madre padecía esquizofrenia. Su madre era un monstruo. Un monstruo que había hecho algo imperdonable. Por aquella razón, es que Sara la odiaba.  Y la entendia. La entendía mejor que nadie. En muchos aspectos, Sara y yo éramos más similares de lo que parecía.  Mientras las lagrimas salían, de los ojos oscuros de Sara, acumulándose a las aguas del océano, que rugían frente a nosotros, no pude evitar abrazarla. No pude evitar sostenerla en mis brazos. Sostener su cuerpo, sintiendo cada extremidad de ella, sintiendo sus palpitaciones y su corazón. Sintiéndola a ella. No pude evitar abrazarla.  Esos pequeños instantes, lo valían todo. Esos pequeños instantes, los cuales solo vivian en nuestras memorias. Esos pequeños instantes, que no se hablaban nunca, en voz audible.  Esos pequeños instantes, que expresaban mucho más de lo que las palabras podían expresar. Esos pequeños instantes, mágicos.  Ese pequeño instante, bajo la luz de la luna, frente al océano rugir, y la arena envolvernos, fue mágico. Sara, entre mis brazos. Era mágico. 
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