Capitulo 8 - Zedd

2118 Words
Zedd — años atrás (Junio del 2014) Un día, decidí ir a recoger a Sara de su escuela. Yo salía de clases, una hora más temprano que ella, así que decidí caminar unas cuadras más al oeste, para ir a la preparatoria en la que estudiaba Sara.  ¿Qué es lo que me pasa?, pensé, preguntándome a mí mismo.  Ultimamente me sorprendía haciendo gestos por Sara, que nunca antes me habría atrevido a hacer.  Gestos que mostraban que me importaba. Que la quería. No solamente como mi mejor amiga.  Recordé la tarde en Coney Island, y el instante en el que le había tomado su mano, sintiendo nuestro tacto y un sin fin de emociones, mientras estábamos en la alocada montaña rusa. Recordé la noche, en la playa, divisando el ocaso y el rugir del mar, frente a nosotros; el instante en el que la abrace, tomándola entre mis brazos, sintiéndola a ella y a la conexión que emergía.  Recordar aquellos instantes, me provocaban tantos sentires que nunca antes había sentido. Sentires profundos, que me gustaban, pero que al mismo tiempo, me aterraban.  Ultimamente me sorprendía con unas enormes ganas de querer estar a su lado. De querer estar a lado de Sara.  Por eso había decidido ir a recogerla, después de clases. Quería verla. Quería estar con ella.  ¿Que es lo que te pasa, Zedd Anderson? Mas, al llegar a las instalaciones en donde se encontraba su preparatoria, la divise salir con un chico, mientras hablaban y reían entre ellos. El chico era alto, atractivo, de tez morena, y cabello oscuro. Un sentimiento extraño me invadió.  A caso, ¿esto es lo que la gente siente cuando no quiere que un ser querido, este con otra persona que no sea con uno mismo? A caso, ¿estos son celos? Me sentí tan confundido. No sabia quien era aquel chico. Sin embargo, percibía una vibra extraña entre ellos.  Observé al chico, de tez morena y cabello oscuro, y pude analizar su lenguaje corporal. La manera en la que hablaba y se movía. La manera en la que escudriñaba a Sara. En este instante, supe que aquel chico estaba interesado en Sara. ¿Sara sentirá lo mismo por él? En ese momento, no hice nada más que alejarme de ahí. Salir corriendo. Con toda la maraña de emociones que se hallaban abrumando en mi interior.  Por eso no me gusta sentir esto que siento por Sara, pensé, mientras corría, recordándome nuevamente, porque era como era. Porque pensaba cómo pensaba. Porque le huía al hecho de enamorarme y a la experiencia de sentir cosas por alguien.  En ese momento, Sara me aterró. Me aterró lo que ella era capaz de hacerme sentir. Y supe, que era riesgoso. Ella era riesgosa.  Era riesgoso que Sara formara parte de mi vida.  Tengo que alejarme para siempre de Sara..  Pero.., ¿como? Horas más tarde, recibí una llamada de Sara. Decidí no contestar. Solamente, permanecí inmóvil, dejando que el sonido constante del móvil, se perdiera. ¿Cómo voy a alejarme de Sara, si forma gran parte de mis días? Ella era mi mejor amiga. Habíamos pasado por mucho. James, Sara y yo.  Sara y yo, habíamos pasado por mucho. Juntos.  No podía alejarla así como así. Mas, tenia que hacerlo. Ella provocaba tanto en mí. Tanto. Y sabia que aquello era malo. Pues al ella hacerme sentir tanto, tarde que temprano, inconsciente o conscientemente me terminaría lastimando. Tarde que temprano, Sara me terminaría rompiendo el corazón.  ¿Y si al alejarla, eso es lo que verdaderamente, termina rompiéndome el corazón? Estaba confundido. Aterrado. No sabia qué hacer.  De un momento a otro, Sara irrumpió en mi departamento.  —Hola, Zedd—musito, lanzado una sonrisa—¿por qué no contestabas el teléfono? Te estuve llamando.. —Estoy ocupado—interrumpí, colocándome abruptamente de pie.  —¿Ocupado en qué?—dijo Sara, de manera sarcástica—¿ocupado en hacer nada? —Sara..—titubee, tratando de encontrar las palabras correctas. No sabia que decir. Qué expresar. Era malo al expresar con palabras lo que quería transmitir. Así que, solo la mire fijo. Dejando que, nuevamente, mi mirada y el silencio, fueran aquellos que se comunicaran por mí.  Y ahí estábamos, en mi departamento, en medio de penumbras, mirándonos fijamente, mientras yo trataba de expresar todo lo que sentía en esos momentos. La miraba, con un dejo que decía lo mucho que sentía por ella. Con un dejo que decía lo aterrado que me hallaba. Lo aterrado que me hallaba por sentir lo que sentía por ella.  Sus oscuros ojos almendrados, trataban de descifrar lo que quería decirle, en medio de ese instante, en donde nos divisábamos fijamente. Sabía que ella comprendería lo que le estaba expresando a través de mi mirar.  Estábamos a centímetros de nuestros rostros, transmitiendo tanto y nada a la vez. A centímetros de nuestros rostros, percibiendo la conexión que había entre nosotros. La conexión que nos atraía, acrecentando, con forme pasaban los segundos.  Y fue ahí, cuando en medio de ese profundo intercambio de miradas, de un segundo a otro, nuestros labios se encontraron uno con otro.  Fue ahí, cuando en medio de aquella tensión, bajo la penumbra, un impulso rompió aquel intercambio de palabras, que nuestros ojos trataban de transmitir. Fue ahí, cuando un impulso actuó por sí solo, haciendo lo que muy dentro, desde ya hace tiempo, queríamos hacer.  Sara y yo nos besamos, en mi departamento, bajo la penumbra y la conexión atormentando. Sara y yo nos besamos, olvidando absolutamente todo.  Sara y yo nos besamos, y yo olvidé el miedo que sentía al sentir lo que sentía por ella, al sentir sus dulces labios entrelazarse con los míos.  Olvide el querer alejarme de ella, y los desasosegados sentimientos que sentía, segundos antes, al percibir su respiración como si fuera mía. Al percibir una parte de ella, encajar en una parte de mí.  En medio de aquel beso, nos encontrábamos despidiendo todos aquellos sentires guardados, que alguna vez habíamos llegado a sentir, el uno por el otro. Desde nuestro primer encuentro de miradas, en la adolescencia, en aquel salón de clases, cuando descubrimos la conexión que exista entre nosotros, hasta el abrazo suscitado frente a las olas del mar.  Fue ahí, cuando cada instante juntos, tomó sentido. Cuando cada recuerdo, apareció, mostrando la razón de todo. De nuestra conexión. Y la forma en la que cada memoria vivida, nos había llevado hasta ese mismo instante, en donde nuestros labios se conocían. En donde éramos uno mismo, bajo la penumbra y la ola de sentires, abrazándonos.  Pasaron los días, y nunca hablamos de aquel inesperado beso, entre Sara y yo.  Pasaron los días, dejando que aquel recuerdo, viviera, reproduciéndose una y otra vez, en nuestros corazones. Reproduciéndose una y otra vez, en algún lugar, entre el pasado y el presente.  Seguí sintiendo lo mismo por Sara. Seguí sintiendo tanto por ella. Y aquel beso, me había afirmado, que de alguna manera, ella y yo nos pertenecíamos. Sin embargo, tras el pasar del los días, llego aquella tarde, que lo cambio todo. Llego aquella tarde, que definió un antes y un después en mi relación con Sara. Llego la tarde, en la que Sara y yo nos alejamos.. Nos encontrábamos solos, en mi departamento, conversando tranquilamente.  —Ya muero por graduarme de la preparatoria—replico Sara, sentada cómodamente, sobre uno de mis sillones. Yo me hallaba absorto, dibujando sobre una de mis libretas de dibujo, como siempre solía hacerlo.  —Yo también—contesté, con la mirada fija en mi dibujo—Estoy harto de la gente de mi escuela.  Y así lo era. Pues en aquella preparatoria en la que estaba, no solía convivir con nadie. Nadie era de mi agrado.  —Ay Zedd—musito Sara, con una pequeña risilla—Tu siempre tan social—volvió a decir, sarcásticamente—A diferencia de ti, yo si tengo amigos..—en ese momento, un silencio se extendió por la habitación, en donde yo seguía perdido en mi dibujo. De un segundo a otro, Sara siguió diciendo—De hecho.., uno de mis amigos, Evan, me invitó a salir..  Aquel extraño sentimiento, que ya antes había sentido, volvió a aparecer. Aquel sentimiento que odiaba sentir. Aquel sentimiento parecido a los celos.. ¿Aquel Evan será el chico con el que vi a Sara salir de la escuela, la otra vez?, me pregunté, tratando de calmar toda la ola de emociones que se hallaba surgiendo en mí.  Recordé esa escena. Sara conversando y riendo con un chico alto, atractivo, de tez morena. Recordé la manera en la que aquel chico la veía. Con un tipo de mirar qué delataba lo que este podía llegar a sentir por ella.  Recordé la clase de sentimiento que me inundo en ese momento. Recordé como corrí de ahí, huyendo, con un miedo enorme a Sara y a lo que ella me hacia sentir.  Recordé de mi decisión de alejarme de ella para siempre.  ¿Será que lo mejor para los dos, es que me aleje definitivamente? —¿Te invitó a salir?—dije, mientras dirigía mi mirada a Sara, para observar de cerca sus expresiones. —Así es—contestó, con una expresión desconocida en su rostro. Una expresión que me fue imposible de descifrar. Eso me aterro.—¿Qué piensas acerca de eso, Zedd? ¿Crees que debería de salir con él? ¿Qué clase de preguntas eran esas? ¿Cómo se atrevía a preguntarme algo así? ¿Y por qué lo hacia?  No era nadie para decirle a Sara con quien salir. Sin embargo, si Sara salía con aquel chico, me preocupaba lo que muy en el fondo, yo podría llegar a sentir. Me preocupaba que aquello me causara un dolor. Un dolor similar al de un corazón roto. Y yo estaba seguro que jamas querría experimentar ese dolor.  —No lo sé. ¿Por qué me preguntas eso a mí?—replique, en tono molesto—No me importa—mentí.  —¿No te importa?—exclamó Sara, sorprendida, mirándome, como si tratara de descifrarme. Como si tratara de leer mis pensamientos—¿No te importo?  Aquellas palabras penetraron en lo más profundo..  No podía evitar darme cuenta de una realidad. No podía evitar darme cuenta que, a pesar de lo que yo pudiera llegar a sentir, el miedo a terminar con el corazón roto, seguía atormentándome. El miedo a terminar con el corazón roto era más grande. Ese era mi mayor miedo. Y haría lo que fuera, para no terminar lastimado. Para no experimentar aquel dolor de piel, huesos y alma. Aquel dolor que solo el amor podía causar. Y en medio de ese instante, supe que no tendría a Sara para siempre. Supe que, ella tarde que temprano, se iría de mi vida. Ese era el rumbo natural de las cosas. Era inevitable. Y era mejor si aprendía a aceptarlo de una vez. Era mejor si la soltaba, olvidándome de toda conexión, olvidándome de toda clase de sentimiento que pudiera llegar a sentir por Sara. Olvidándome de su tacto. De su piel. Del sabor de sus labios y los colores que emanaban sus miradas. —No—volví a mentir.  Era mejor si le mentía. Observe la manera en la que cambio el rostro de Sara. Observe su tristeza y las lagrimas que comenzaron a correr por sus mejillas. Observe la manera en la que la hacia infeliz. Y Sara no merecía eso. Sin embargo, la realidad era que yo jamas podría hacerla feliz. Éramos amigos. Pero, ¿por cuánto tiempo duraría nuestra amistad, con aquella conexión orillándonos a sentir algo más que solo amistad? Y por más que pudiera sentir algo, yo jamas tendría una relación con Sara, ni con nadie. Yo jamas me enamoraría. Jamas entregaría mi corazón. Esa era una promesa, que me había hecho a mí mismo, y estaba dispuesto a cumplirla, costara lo que costara. Así que, en pocas palabras, mi relación con Sara, era una bomba que tarde o temprano explotaría. Que tarde o temprano exploraría. Así haciéndonos mucho daño. Así rompiendo nuestros corazones.  Era mejor si terminaba con eso de una vez. Era mejor si liberaba a Sara, de aquella conexión, que solo no hacia más que dañarnos. Sara merecía ser feliz. Y yo, no la hacía más que infeliz. Lo podía ver en su rostro. En su mirar.  En ese momento lo supe. Sin importar qué, era la hora de terminar con aquello de una vez por todas.  En ese momento lo supe.  Era riesgoso que Sara formara parte de mi vida.  Tengo que alejarme para siempre de Sara.. 
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