Sara - años atrás (marzo del 2018)
Esa noche cálida de marzo, bajo el puente Washington, frente al pequeño faro rojizo, percibí la misma mirada que hace años atrás, le había visto a Zedd. Esa mirada, llena de miedo y de emociones, que se contenía a sí mismo por sacar. Esa mirada, fría, que me era imposible descifrar. Esa noche, bajo las estrellas, después de todos aquellos años, sentí como si el tiempo se hubiera detenido frente a nosotros. Sentí, como si fuera aquella niña de preparatoria, que no quería perder a Zedd.
—Me alejé porque quería dejar de sentir lo que sentía por ti..—me dijo Zedd, trayendo a mi memoria, todos las etapas, en las que él se había alejado de mí.
Siempre lo supe, me dije a mí misma, confirmando aquella verdad, que siempre había sabido.
En ese momento, la memoria de la ultima vez que Zedd se había distanciado de mi, llegó a mi cabeza. La memoria, que trata consigo aquella escena, en su departamento, en dónde, tras besarnos y demostrar aquel deseo que llevábamos con nosotros, yo solamente quería saber lo que Zedd pensaba sobre aquello. En donde, mi corazón latía con fuerza, esperando que Zedd dijera palabras, que al instante, supe que jamás pronunciaría. La memoria, en la que Zedd se transformo en una persona que no conocía. En donde, Zedd me dijo que no le importaba en lo absoluto, y sin decir nada, dejo que me marchara de su departamento.
Una parte de mí, en todo ese tiempo transcurrido sin Zedd, sabía que Zedd tenia miedo a querer. A expresar. Lo podía ver en sus profundos ojos verdes.
Y en esa precisa cálida noche de marzo, sentados sobre unas rocas, frente a un faro viejo rojizo, Zedd me confirmo aquella verdad. Zedd me confirmo su miedo a querer. A expresar. A sentir.
—Pero.., ¿por qué?—le pregunte, confundida.—Esa es la razón por la que siempre te terminas alejando de mí, ¿cierto?
Supe que de alguna manera, me hallaba confrontando una conversación, que posiblemente haría que Zedd se volviera a alejar de mí. Supe que dé alguna manera, me hallaba desnudando el alma y los pensamientos de Zedd. Sin embargo, en esa ocasión, no sentía un dolor. En esa ocasión, sentía una mezcla de sensaciones, dentro de mí, que solo querían encontrar la verdad.
Me había pasado tanto tiempo, en el pasado, pensando qué era lo que yo había hecho mal. Pensando en sí tal vez lo lastime con algunas de mis acciones o palabras. Pensando, que yo era la que estaba mal. La que no merecía estar con Zedd. Mas, en medio de ese cavilar, en medio de todos esos años transcurrir, caí en la cuenta sobre que nada era mi culpa. Caí en la cuenta que era problema de Zedd si el quería alejarse de mí. No era mi culpa. Y jamás la seria. No era mi culpa. Y por eso, no tenia por qué cargar con aquello. No era mi culpa. No había nada malo en mí.
Simplemente, Zedd tenia miedo. Miedo a sentir. A amar. A querer. A enamorarse. A expresar. Zedd tenia miedo. Y aquello, no era mi culpa. Ya era tiempo de que me dejara de culpar por lo que Zedd sentía y hacia.
Estaba lista para confrontar y hablar de aquella verdad. Estaba lista para que pasara lo que tuviera que pasar. Incluso, si eso significaba, perder nuevamente a Zedd.
—Yo..—titubeo—es difícil de explicarlo. Jamás lo entenderías.
¿No entiendes que eso es lo que quiero hacer? Quiero entender. Quiero entenderte.
La mirada de Zedd era la misma, de hace años atrás. La misma mirada que decía tanto y nada a la vez. En ese momento, supe qué Zedd estaba pasando por una especie de tormenta, en su interior. Supe que se hallaba abrumado. Abrumado de estar ahí, conmigo. No puede estar pasando otra vez..
Sí, estaba ocurriendo nuevamente. Era la misma mirada. Las mismas sensaciones. Zedd era aquella persona desconocida para mí. Sin embargo, supe que ahora yo no saldría corriendo, sin decir palabra alguna. Ahora, no huiría, con mis palabras en mano. Ahora, confrontaría a Zedd, cara a cara, con aquella verdad. Con su verdad.
—Lo que no entiendo es cómo crees que alejándote de mí, lograras resolver todos tus problemas—le dije, sin pensar mis palabras, simplemente dejando que aquellas salieran del corazón. Observé como el rostro de Zedd cambió. Supe que mis palabras habían penetrado fuertemente en su interior. Sentía mi corazón a mil por hora. Sentía que se quitaba un peso de encima, con cada palabra que salía despedida de mi boca.—Se que te aterra el hecho de sentir. Puedo verlo en tus ojos.. pero déjame te digo algo. Todos tenemos miedo cuando sentimos. No eres el único—volví a decir, tratando de controlar mi interior, que daba vueltas y vueltas.—Sin embargo, sentir, expresar, querer, es parte de vivir. ¿De qué sirve estar vivos, si no te permites a ti mismo sentir..?
Observé el rostro de Zedd, cubierto por la oscuridad en el entorno. Observé la manera en la que me veía y escuchaba cada palabra que yo decía. Y por unos segundos, sentí que nuevamente era él. Zedd. El Zedd que conocía desde siempre. El Zedd callado, que no expresaba, pero que me veía con la misma sintonía, en la que se percibía nuestra conexión. Era el Zedd que me había tomado, inesperadamente, de la mano, en aquella montaña rusa, hace tiempo atrás, permitiéndose sentir la gama de emociones, que percibía en ese momento, junto a la adrenalina y el viento envolviendo nuestros cuerpos.
—Cuando haz sufrido mucho, cuando haz sentido lo que verdaderamente se siente el dolor, te das cuenta que no quieres volver a sentir.., no quieres volver a experimentar ese dolor, ese vacío, que se implanta en los huesos y en la piel—dijo Zedd, con un dejo de desasosiego en su voz.—La gente tarde que temprano, se termina yendo de tu vida. Tú, Sara, tarde que temprano, ibas a terminar yéndote de mi vida. Porque nada es para siempre. Todo se va.—volvió a decir, siendo uno con aquella cálida noche de marzo, en donde el viento siseaba, al mismo tiempo que su voz.—Hace 3 años y medio, en mi departamento, cuando éramos tan solo dos chicos de preparatoria, preferí alejarme por mi cuenta. Preferí dar conclusión, de una vez por todas, a lo que sea que tuviéramos. Pues, tú me hacías sentir tanto, Sara. Como nadie nunca lo ha hecho. Y tuve miedo. Mucho miedo de aquello. Tuve miedo de lo que podía ocurrir si dejaba que te quedaras y eventualmente te terminabas yendo de mi vida..
Supe que sus palabras eran sinceras. Nunca había escuchado hablar a Zedd con tanta sinceridad.
—Zedd, entiendo lo que dices—contesté, tratando de no llorar. Sentía un nudo en mi garganta, que tarde que temprano se rompería.—Yo también he sufrido, y lo sabes bien.., pero no por eso me cierro a sentir. Y si, la gente se va, pero siempre te termina dejando algo. Una enseñanza. Y depende de nosotros saber cómo tomar la partida de la gente que nos rodea. Depende de nosotros, saber cómo tomar el sufrimiento. Aunque no lo creas, puedes encontrar belleza en eso.—un silencio se extendió por el entorno. El rostro de Zedd lucía tan conmovido. Sabía que dé tras de toda esa careta, estaba un corazón que sentía tanto. Tanto, que le aterraba. Un corazón, noble, cálido, sincero. De tras de toda esa careta, estaba la versión de Zedd, de la que me había enamorado.—A demás, ¿enserio crees que te ibas a librar de mí tan fácilmente? Iba a ser difícil que yo me fuera de tu lado. ¿Recuerdas nuestra promesa? Siempre estar el uno para el otro.
Le lance una sonrisa, llena de tantos sentires, que estaba segura, que Zedd también se encontraba sintiendo. Sentires, que se notaban en sus ojos verdes. En ese momento, tuve tantas ganas de llorar. De echarme en los brazos de Zedd, aferrarme a él y nunca irme de ahí.
Después de todo, seguía sintiendo tanto por Zedd. Seguía queriendo que él formara parte de mi vida.
En ese momento, no sabía qué era lo que verdaderamente pensaba él, de todo lo que le había dicho. Sin embargo, estaba segura sobre que algo, de entre todo lo expresado, se había quedado guardado en lo más profundo de su corazón. ¿Qué estarás pensando, Zedd?
La noche seguía emanando calidez, de todas las formas posibles. Zedd y yo estábamos en medio de una escena, cubierta de sensaciones y palabras, que nunca antes se habían expresado. Y aquellas sensaciones, aquellas palabras, se quedarían grabadas, no solamente en nuestra alma, si no en aquel entorno cálido, frente al puente Washington y al faro rojizo. Ese instante, se quedaría grabado en los cielos lúgubres de marzo y en los suelos que pisábamos, ambos, con la conexión que emergía de nosotros.
La mirada de Zedd seguía siendo la misma. Una mirada que conocía. La mirada, que había puesto, aquel día en Coney Island, cuando me había tomado, inesperadamente, de la mano, en aquella montaña rusa, hace tiempo atrás, permitiéndose sentir la gama de emociones, que percibía en ese momento, junto a la adrenalina y el viento envolviendo nuestros cuerpos.
Mas, de un instante a otro, todo cambio. De un momento a otro, su rostro cambió. Tornándose frio. Distante. Volviendo a ser el Zedd que desconocía por completo. Y en ese momento lo supe. Supe que Zedd no enfrentaría su verdad, tan fácilmente.
—Siempre me gustó que fueras directa y que no tuvieras miedo de expresar lo que pensabas—repuso Zedd, colocando una sonrisa falsa.—Mas, como lo dije antes, no lo entiendes. Y jamás lograras hacerlo. Jamás lograras entenderme..
Zedd se dio la media vuelta y se marchó, dejándome sola, en medio de aquella noche estrellada. Dejándome sola, en Washington Heights. Dejándome sola, con todas las palabras volatizando por los aires del entrono.
Zedd se dio la media vuelta, como estaba acostumbrado a hacerlo, y se marchó.
Me había prometido a mi misma, no llorar. Sin embargo, en medio de aquella soledad, y del perfume de Zedd, recordando su presencia, todavía en los aires; en medio de las miradas y las palabras no dichas; en medio de las memorias y de los sentires expuestos, me fue imposible no hacerlo. Me fue imposible no soltar en llanto.
Y ahí estaba, en Washington Heights, frente aquel faro rojizo, que se iba añejando tras el pasar del tiempo. Ahí estaba, bajo aquella noche lóbrega, llorando, dejando un rastro de mis emociones por los suelos. Ahí estaba, bajo las constelaciones de estrellas, cargando sobre mis manos, con todas las palabras expresadas. Con todas mis palabras. Con todas las palabras de Zedd. Asentándose sobre mis extremidades, cubiertas de las lagrimas, que caían despedidas de mis ojos. Ahí estaba, extendida sobre una roca, tratando de permanecer lo más posible en aquel entorno, mientras me aferraba al perfume de Zedd, que todavía volaba por los aires.
Como dolía querer. Como dolía expresar. Como dolía amar.
Y en medio de aquel instante, supe que solo me quedaba seguir.
Solo me quedaba seguir, a la próxima etapa de mi vida, qué esperaba, tras la puerta del porvenir. La puerta del porvenir, en la que tú ya no te encontrabas. La puerta de tu porvenir, en la que yo, ya no me encontraba.
Solo me quedaba olvidar. Olvidar en medio de la frustración que corría por mi cuerpo. En medio de la cálida noche que se impregnaba sobre mi liviano ser. Olvidar, en medio del sonido del entorno, donde los entes, repiqueteaban sobre el ecosistema. En medio de mi dolor, haciendo presencia en mi interior y en la pequeña ciudad de luces a mi alrededor.
Olvidar. Olvidar el dolor. Olvidar aquellas miradas color glaucas. Aquellas risas, palabras y fragancias. Olvidar, aquella conexión de pensamiento y cuerpo. Aquellos besos de labios parvos y tersas pieles. Solo me quedaba olvidar. Olvidar aquellas noches de insomnio. Olvidar aquella noche en Times Square, en donde la conexión nos había vuelto a juntar. Olvidar los lienzos que contaban nuestra historia. Olvidar, lo que fue. Olvidar, la idea de lo que nunca podría llegar a ser. Olvidar.
Olvidar el nosotros. Olvidar el olvido. Olvidarte a ti. Olvidar.