Sara - actualidad (febrero del 2022)
Me dirigí a Central Park, caminando hacia el punto en el que había quedado de encontrarme con Eugene, mientras lo buscaba con mi mirada.
Me había gustado volver a encontrarme con él. Quería recuperar mi amistad con Eugene. Y en ese momento, lo vi. Su mirada oscura, sonriéndome, a la luz del ocaso. Su cabello dorado, bailando junto a la melodía del ulular del viento. Su atractivo rostro clavándose en mi memoria.
—¡Hola, Sara!—me saludó, con un tono de voz cálida, tierno, que emanaba de la esencia que lo conformaba.
Eugene me ayudaría en mi búsqueda, de encontrar la fuente de inspiración y cadencia de la empresa de café en la que yo trabajaba, realizando los diseños y el marketing de la franquicia. Y para aquella búsqueda, Eugene me había dicho de vernos ahí, en Central Park. No estaba muy segura de por qué. Sin embargo, sabía que Eugene no me decepcionaría. Eugene siempre me sorprendía. Y sabía que esa no seria la excepción.
—Bueno, aquí estamos en Central Park—replique, mirando a mi alrededor—Mas, sigo sin saber porque me citaste aquí. ¿Qué tiene que ver este parque con el café y su fuente de inspiración?
—Calma, Sara—dijo Eugene, con una pequeña risa—Veo que sigues siendo la misma Sara que conocí hace cinco años..—me sonrió, con todo su rostro. El ambiente estaba en un completo sosiego. La tranquilidad podía respirarse de cada árbol, sin hojas, a nuestro alrededor. El cielo trazaba formas con sus nubes. Y los olores frescos se impregnaban dentro de nosotros. Eugene me miraba cómo si quisiera comunicarme algo. Era una clase de mirada dulce. Podía percibir el cariño que este me tenia. Eugene me miraba cómo solía mirarme en la universidad. Era como si el tiempo nunca hubiera avanzado. Sentía como si fuéramos aquellos chicos universitarios, que soñaban con convertirse en los adultos que actualmente éramos.—¿Que ves a tu alrededor?—me volvió a preguntar.
—Arboles, plantas, tranquilidad..—contesté, sin comprender a qué punto quería llegar Eugene.
—¿Qué más?—pregunto, esperando otra respuesta.
—¿Personas?—dije, mirando a la gente que se hallaba a nuestro alrededor. Gente disfrutando de la arboleda. Gente en el parque. Gente con su familia. Sus mascotas y amigos. Gente pasando el rato sobre los extensos pastizales del entorno.
—Así es—contestó Eugene—Central Park es especial, no solo porque es bonito, ¿qué es aquello que lo hace ser especial?
—Las personas..—musite, comprendiendo el punto de Eugene. El lugar en sí, era agradable, hermoso, con sus miles de arboles frondosos, que en ese momento, se hallaba sin hojas, por el invierno que acechaba. Mas, sin importar que, el parque seguía luciendo con aquellas características que lo hacían un lugar único en la tierra. Observe su belleza en cada rincón. Sin embargo, divise más a profundidad. A las personas que se encontraban disfrutando del pintoresco paisaje. Observe la manera en la que disfrutaban, riendo, lanzando sonrisas a los aires, existiendo, siendo, entre ellos. Y lo supe al instante..
—Sin las personas, sin las almas, aquí existiendo, disfrutando del ambiente, Central Park no seria lo mismo. Tal vez su belleza seguiría intacta, reluciendo en cada rincón. Mas, lo que le da vida, las risas, la esencia, el ambiente calido, en si, son las personas, los corazones que palpitan, a nuestro alrededor—expuso Eugene, sonriendo de par en par, mientras miraba a las personas que se encontraban disfrutando del ambiente—Sin esa chica paseando a su perro, aquella familia disfrutando de un picnic, los amigos de allá paseando en bicicleta, el hombre de esa esquina alimentando a las aves, sin nosotros disfrutando del paisaje, nada seria lo mismo..
Eugene tenia razón en cada palabra que decía. Nunca me había dado cuenta de aquella revelación. Las personas, las almas, los corazones, éramos la esencia de un lugar.
Las risas, las palabras, las aventuras, cada persona, cada momento, era lo que construía el entorno, creando aquella calidez percibida, más allá que ninguna otra cosa.
Fue ahí, dónde pude encontrar lo que verdaderamente estaba buscando. Fue ahí, dónde supe, que las personas eran la esencia de The house of desserts and coffee. Así como en Central Park, en The house of desserts and coffee, cada ser que transmitía lo que era, siendo, expresando, viviendo, en medio de un instante, dando una parte de sí, creaba el ambiente cálido existente, reflejando las cadencias de cada individuo, dejando partes de ellos mismos, en los suelos recorridos.
—Gracias, Eugene.
—¿Por qué?
—Por hacerme ver todo desde tu perspectiva..—le dije, mientras le sonreía, dejando que el Instate nos envolviera.
De un momento a otro, comenzó a nevar. Los copos de nieve caían y caían, envolviendo todo a su paso. Envolviendo a los arboles, los pastizales y los suelos. Envolviendo a las cadencias, a las personas y a las esencias. La nieve caía y caía, siendo parte de aquella escena. Siendo parte del corazón del entorno. De los corazones de las personas y de las cadencias que palpitaban. De los ojos de cada individuo y de los recuerdos que quedarían intactos. Los recuerdos que rememorarían aquella tarde de febrero, en donde el ocaso desaparecía a la lejanía de los edificios, mientras las personas compartían de la cadencia de sus almas: mientras los copos de nieve caían, impregnándose no solamente en las pieles y en las ramas de los arboles. Impregnándose en la escena y en él recuerdo mismo. Impregnándose en mi cuerpo y en el de Eugene.
La nieve caía y caía. Y Eugene y yo, no podíamos parar de mirarnos, en medio de los copos, el viento y las esencias volatizar..
No podíamos parar de mirarnos..