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            Me desperté ese otro día a eso de las diez de la mañana, me dolía la cabeza horriblemente, palpitantemente, mucho peor de lo que recordaba que me doliera antes, la cara la sentí inflamada y mis ojos ligeramente tensos, como si mis pómulos también estuvieran inflamados. Miré hacia el otro lado de la cama y Jorge no estaba, la puerta estaba cerrada, una bolsa azul con agua dentro sobre el suelo a un lado de la puerta y las sábanas sobre mí revueltas, arrugadas… manchadas con un rocío grasoso, casi brillante, que se podía notar sobre la tela de n***o mate. Entonces fui sacando conclusiones, la entrepierna me dolía, los muslos los sentía pellizcados y todavía no encontraba en mi memoria lo ocurrido horas atrás. >.             Me miré en el espejo, definitivamente estaba mi ca

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