Capítulo 1

1022 Words
Cinco años antes... Camino por las calles de la ciudad sin rumbo fijo; perdida en mi dolor, en mi soledad. El cielo gris define mi estado anímico y la brisa fría no es nada comparada con la sensación gélida en mi pecho. Este vacío, este sentimiento de desamparo y temor. Duele tanto... Las lágrimas calientan mis mejillas frías. No me molesto en limpiarlas ni me importa si las demás personas lo notan, aunque en realidad nadie está al pendiente de mí. Estoy sola... Sé que ya ha pasado tres meses de su muerte, que debería superar el luto, pero ¿cómo puedo lidiar con su ausencia? Siempre fuimos ella y yo. Tuvimos momentos duros, de carencia, de desprecio por no tener a un hombre que nos represente y por yo ser la más pobre de la escuela; pero éramos felices a nuestra manera. ¿Por qué tuviste que enfermarte, mamá? ¿Por qué me dejaste sola en un mundo tan hostil? ¿Cómo viviré sin tu compañía? De repente un recuerdo me visita: «Por mi culpa no estás estudiando tus pinturas, mi niña. Mi deseo es que puedas estudiar y alcances tus sueños. Tus dibujos son tan bonitos, mi amor. Espero que todo esto termine pronto para que puedas vivir tu sueño». Un mes después murió. ¿Cómo pudiste creer que eras un estorbo, mamá? Fuiste la única persona en mi vida, mi motor y refugio. Mi hogar… Ahora la pieza se siente vacía y triste sin ti, sin tu risa armónica y contagiosa; sin tus consejos y ese cálido abrazo que era mi consuelo. Mamá, te extraño tanto… Me detengo para limpiar las lágrimas que me han inundado el rostro y para calmarme; tampoco quiero dar un espectáculo en la calle. Miro a una chica que corre con varios libros en manos y una mochila que al parecer está llena. Con un poco de envidia, la sigo con la mirada hasta que cruza la calle y traspasa los portones de la universidad pública. Algo dentro de mí se aprieta al sentirme confrontada y siento varios escalofríos al sopesar la idea que me cruza por la mente. Mi mamá siempre quiso que yo estudiara, que cumpliera mi sueño de ser una artista plástica; pero gracias a su enfermedad tuve que matarme trabajando, por lo que no tenía ni tiempo ni dinero para hacerlo. Pero ahora podría trabajar menos y costear los materiales de mis clases con lo que gane. Una sensación cálida me acaricia el pecho y me llena de esperanza, por tal razón, camino como zombi en dirección a la universidad. Me abrazo a mí misma mientras miro por todos lados con recelo y temor. Es estúpida mi forma tan tímida de actuar, pero no soy muy sociable que digamos. Algunos chicos me miran y sonríen con flirteo, mas yo me limito a ignorarlos. Recorro el lugar como si fuera la última maravilla del mundo sin tener un rumbo fijo. —Hola, linda —me saluda un chico de cabello castaño y rizado, ojos cafés y sonrisa coqueta—. ¿Estás perdida? Niego con la cabeza un poco sonrojada. ¿Tan tonta me veo merodeando este lugar? —Solo echaba un vistazo. Me mira con confusión. —¿Un vistazo al pasillo? —Enarca una ceja y ese gesto lo hace ver sensual. —Es que estoy pensando en inscribirme... —Oh, disculpa. Creí que eras una estudiante nueva que no encontraba su aula. Me presento: soy Esteban, de contabilidad. —Mucho gusto, Esteban. Mi nombre es Layla. —¡Layla! ¡Un nombre hermoso para una chica hermosa! El gusto es mío, preciosa. —Su sonrisa coqueta me hace sonrojar, aunque los chicos labiosos como él me provocan desconfianza—. ¿Qué piensas estudiar, Layla? —Artes plásticas. —¡Vaya! Y yo que creí que estarías en mi facultad. —Hace un puchero—. Pero arte no está lejos, nos veremos seguido. —Guiña un ojo. —Supongo... —Te llevo a la oficina de inscripción, allí te darán los detalles de qué traer, porque por lo visto no traes tus documentos. —Mira mis manos vacías. —Gracias —digo con timidez. Él me agarra de la mano y camina conmigo a rastras. En el recorrido, me va enseñando las aulas, los baños, los clubes y las diferentes oficinas de la universidad y sus funciones. —Ya llegamos —anuncia con entusiasmo. Lo miro divertida porque parece un chiquillo que ha hecho un nuevo amigo, y esa emoción lo hace ver lindo y tierno. Esteban me acompaña en todo el proceso y me guía en cuanto qué hacer y dónde conseguir ciertos documentos. Me da un tour por algunas facultades, me presenta a algunos amigos y terminamos charlando y almorzando en el comedor público de la universidad. De verdad me he divertido mucho con él hoy. He sido afortunada de encontrarlo en mi camino, puesto que me ha sido de gran ayuda. —Ha sido un placer conocerte, Layla. Espero verte pronto por aquí. —Me agarra la mano y la aprieta. No digo nada porque no quiero ser ruda, pero me incomoda un poco que sea tan confianzudo. Nunca he sido cercana a los chicos, por lo tanto, me es raro y molesto su forma de acariciarme el dorso de la mano, y esa mirada profunda y coqueta con la que me escudriña. —El placer es mío. —Libero mi mano con sutileza y una sonrisa falsa—. Muchas gracias por todo. —¿Me das tu número? Así nos mantenemos en contacto y te ayudo si tienes alguna pregunta en cuanto al proceso. —Claro. Muchas gracias. —Intercambiamos números y me despido ondeando la mano. Él, como respuesta, tira un beso al aire y me guiña un ojo. Camino de regreso a casa en medio de un clima nublado y de brisa fría, pero con el ánimo levantado, la calidez de la esperanza y el entusiasmo llenándome el pecho. Estoy segura de que hoy empieza un nuevo capítulo en mi vida, de que una nueva yo surgirá de las cenizas.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD