Tharso había decidido contarle a Celeste la historia de su anterior capitán, mientras aún trataba de asimilar lo que ella le había dicho. Por otra parte, ajena a lo que pasaba por la mente de su Licano, la princesa se tensó ligeramente en sus brazos, pero no se apartó. —Se llamaba Capitán Morvek —comenzó a decir Tharso, con su voz adoptando un tono distante y frío—. Era... era un monstruo. No solo daba órdenes terribles que ponían en peligro innecesario a mis soldados, sino que abusaba de su poder de maneras que jamás debería mencionar en tu presencia. Tharso se detuvo, luchando contra las memorias que prefería mantener enterradas. —Los capitanes Fae tienen la costumbre de... de tener sexo con soldados de sus regimientos —murmuró, sintiendo cómo Celeste aguantó la respiración por un in

