El primer rayo de sol que entró por la ventana de la sala encontró a Tharso despierto desde hace horas, contemplando el techo con los brazos cruzados detrás de la cabeza. Su cuerpo había luchado toda la noche contra los recuerdos de Celeste entre sus brazos, el calor de su piel bajo sus manos, la manera en que había suspirado su nombre. La erección que lo había atormentado durante horas había cedido al fin no tener la privacidad suficiente para… atenderla, pero el deseo persistía como una llama constante en su pecho. Cuando escuchó que Celeste se movía en la habitación de arriba, se levantó del sofá con movimientos silenciosos. Sabía que enfrentarla después de lo que había pasado la noche anterior sería difícil. Sus ojos azules buscarían los de ella, y ambos recordarían la intimidad que h

