Suspiré mientras mi lobo gemía. Ella principalmente se quejaba porque pasamos casi todo ese maldito calor sin nada que mostrar; Bueno, teníamos mordiscos de amor y moretones por todas partes para demostrarlo. Temblando con una sonrisa maliciosa ante los recuerdos de nuestro enloquecido hacer el amor, volví a mirar a Andrea, que estaba poniendo los ojos en blanco nuevamente hacia mí. —Me alegra que estés bien—suspiró. —Estaba a punto de matar a esa bruja de pelo azul.— —Yo también—agregué. -No sé. Supongo que es algo bueno. Con todo lo que hay ahora, lo último que Ethan y yo necesitamos es un niño.— Ella se rió levemente y asintió. —Crees que ahora te protege, mierda—bueno, no lo sé, verlo preocuparse así por ti sería más que divertido para mí.— Gruñí en voz baja, lo que la hizo reír má

