Mi lobo gimió y alcanzó a Ethan, pero no pudimos agarrar el enlace. Podíamos sentir el vínculo, estaba ahí pero el vínculo era como si no existiera. Plata. Debieron habernos plateado o azotado por los lobos. Mis extremidades palpitaban aún más mientras me estiraba. Barrett miró a Amber, que estaba empezando a despertar lentamente antes de mirarme a mí. -¿Cómo te sientes?- —Diablos, ¿cómo llegué aquí?— —Lo más probable es que sean brujas —dijo Barrett, con la voz casi cruda y ronca como un mal disco. -Ellos estaban ahí-- —Con Nessa— gruñó Amber. -Ella ayudo.- Todo encajó. Intenté gruñir pero sentí un dolor agudo en el pecho. —¿Cómo está tu cuello?— Pregunté mientras miraba la desagradable marca de la mordida que comenzaba a supurar en la curva de su cuello. —He tenido cosas peores —

