SAANVI El beso se volvió más profundo, como si ambos hubiéramos decidido al mismo tiempo dejar de medir las distancias. Sentí la presión de su mano en mi cintura, firme pero no apresurada, y cómo me guiaba hasta que terminé prácticamente pegada a su costado. Su boca se movía sobre la mía con una precisión que me hizo olvidar por completo dónde estaba. Cada roce, cada cambio de ritmo, parecía calculado para que no pudiera pensar en nada más. Cuando su lengua rozó la mía, un escalofrío me recorrió entera. Liam se separó apenas unos centímetros, como si necesitara mirarme antes de seguir. Su respiración estaba agitada, y sus ojos… había algo en ellos que combinaba deseo puro con un control feroz. —Dios… —susurró, y volvió a besarme, esta vez inclinándome un poco hacia atrás sobre el sofá.

