LIAM Esperaba de pie a las afueras del juzgado, con las manos en los bolsillos y el corazón haciéndome una putísima sinfonía en el pecho. Cada coche que pasaba me tensaba. Cada paso que se acercaba me hacía levantar la cabeza como idiota. No sabía cómo demonios se podía estar tan jodidamente nervioso por un café. Era solo eso, ¿no? Un café. No íbamos a firmar papeles de adopción, ni a declarar amor eterno bajo juramento. Pero mierda… era con ella. Con Saanvi. Y ese detalle lo cambiaba todo. Me pasé una mano por el cuello, traté de respirar lento. No funcionó. Revisé el reloj. Dos minutos tarde. Tal vez se arrepintió. Tal vez pensó que era una mala idea. Tal vez pensó que soy un maldito caso clínico con talento para el sarcasmo pero cero habilidades emocionales. Pero entonces… la v

