LIAM Salimos del baño como si no acabáramos de rompernos por dentro. Ella no me miró. Y yo tampoco lo hice. Pero algo en ese silencio… se quedó pegado a la piel. La vi volver a su mesa. Anil la recibió con una sonrisa y un ligero toque en la espalda baja. Ella se sentó, fingiendo normalidad. Y yo… tuve que tragarme el impulso asesino de regresar y sacarla de ahí a la fuerza. Georgina apareció segundos después, lista para seguir con el juego. Pero yo ya no tenía cabeza, ni cuerpo, ni polla para jugar a nada con nadie que no fuera Saanvi Devi. —¿Todo bien? —me preguntó con su sonrisa de catálogo, mientras se acomodaba el escote con descaro. —Sí. Surgió un inconveniente en la oficina. Tengo que retirarme —mentí sin parpadear—. Pero puedo llevarte si quieres. Ella aceptó encantada. No

