CAPÍTULO SIETE Zoe entró el coche en el aparcamiento del campus. A esta hora de la tarde, donde ya se estaba haciendo casi de noche, estaba bastante lleno con coches de estudiantes que vivían en los diferentes dormitorios y apartamentos de la zona. Cada uno de ellos tenía un permiso universitario pegado en el parabrisas delantero. El coche de Zoe tenía algo mejor, una pegatina del FBI. ―¿Puedes leérmelo de nuevo? ―preguntó Zoe. No estaba completamente segura de la teoría de Shelley. Alguien puede enojarse por una mala calificación, ¿pero al punto de llegar a matar a alguien? Shelley buscó el correo electrónico en su teléfono sin lucir en lo más mínimo frustrada. Había guardado la captura de pantalla y la tenía con ella como prueba para confrontar al estudiante que lo había enviado. ―Pr

