2. La despedida

2438 Words
Nada me había hecho querer desaparecer de la faz de la tierra como este momento. Pensé en que nada era real que, todo lo que mis ojos observaban era solo producto de mi imaginación, una muy mala y cruel imaginación. Ignoré la algarabía de los presentes al momento que indicaron que la carroza fúnebre arribaba con el cuerpo de mi amigo. Me sumí en el dolor y sentí como lo poco que quedaba en mí se rompía por completo. ─Disculpen ─ante esa indicación observé de manera lasciva a cuatro hombres ingresando el féretro para ubicarlo en las bases que lo sostendrían. Sentí como mis mejillas se humedecían y una vez más pretendí que no era tan frágil como para pensar que ya no tendría el futuro que una vez soñamos. A mi mente llegan los momentos compartidos y es como, si el cielo se hubiese quedado sin estrellas. El ardor en la palma de mi mano no es nada comparado con el dolor que siento al escuchar los gritos quebrados de su madre y los sollozos de los presentes. ─Permiso ─dije abriéndome paso entre la multitud que ingresaba al interior de la casa para saciar su curiosidad del cuerpo sin vida que yace en el cajón. Salí de la casa ignorando comentarios de pesar y frases sin sentido sobre lo cruel de la vida o lo injusta que es la muerte al llevarse a un joven tan bueno como lo era él. ─Flaca ¿Le traigo agua? ─negué ante la pregunta de mi hermana dándole un intento de sonrisa para calmar su preocupación. Muchos compañeros del colegio se encontraban a esperas de poder verlo por última vez y uno que otro me saludo con un gesto de pesar que, claramente dejaba al descubierto lo terrible de mi imagen. Caminé y mi vista se centró en el árbol frente a su casa, uno al que le faltaban gajos de flores y sabía perfectamente el por qué. Tome una flor y esperé a que la mayoría saliera de la casa; al ingresar iban a cerra el féretro, pero su mamá lo impidió y, con un movimiento de mano me pidió que me acercara. Suspire fuerte y camine hacia él. Al estar frente a su cuerpo sin vida, sentí el peor de los sentimientos de soledad y un dolor al que no pude ponerle fin. Deje que mis lágrimas expresaran y llenaran ese gran vacío al no poder ver sus ojos deslumbrantes, ni escuchar su voz cargada de alegría. ─No te olvidaré nunca ─susurré tomando sus manos para dejar las flores que él le robaba a su madre para dármelas y hoy era yo quien copeaba sus actos ─. Nada ni nadie ocupará tu lugar… Sabes que las despedidas no son lo mío, pero no prometo, ni trataré de olvidarte, si lo hago el dolor para mí será el doble y quizá lloraré mucho más de lo que hoy estoy haciendo. Ten presente que no encontraré a nadie como tú, porque simplemente eres único y hoy solo te voy a decir adiós, porque sé que un día nos volveremos a encontrar. Nunca te dije lo mucho que te amaba y ese amor será como nuestra amistad, será y es hasta la eternidad. ─Se nos fue ─me gire y abrace fuertemente a la novia de mi amigo. No pronuncie palabras de consuelo, ni yo las tenía para mí, mucho menos para dárselas a alguien más. Tomadas de las manos, apreciamos un par de minutos más su cuerpo y antes de retirarme, deposite un beso en la yema de mis dedos colocándolos sobre su fría frente. ─Homero te quería mucho y siempre me dijo que jamás le pidiera que se alejara o cambiara su amistad, porque era algo que él no haría y antes de una novia, estaba su amiga ─Hipé ante su comentario y luego observe como las palmas de mis manos estaban heridas por lo fuerte que concentre en ellas mi dolor. Suspiré y conteste: ─Lo sé y gracias por nunca alejarlo de mi ─sequé mis mejillas y me dirigí a donde mi madre. Me aferré a sus brazos tratando de apaciguar mi quebrado corazón, pero no resulto. Por más consuelo que busqué, no fue posible encontrarlo. ─Debemos irnos ─no era una orden por parte de mi padre, lo sé por el tono que uso. Sentí que era una solicitud que a él también le afectaba, pero ya era tarde y debíamos volver a casa. Me despedí de todos y pedí al tiempo que trascurriera rápidamente para que mi sufrimiento fuera menos. Esa noche no escondí mi dolor; tomé el casete de los Bukis y subí a la terraza de nuevo. Observe el cielo pretendiendo no saber el motivo de mis frustrados sentimientos y del por qué no quería conciliar el sueño. Incliné mi cabeza entre mis piernas y me arrepentí, porque una vez que cerré mis ojos, ahí estaba él sonriendo pícaro y nuevamente me quebré. ─Se que el tiempo que pasemos alejados, es el tiempo que necesitamos para saber lo que significa nuestro amor de amigos, porque te amo como sé que no amaré a nadie y aunque tarde, solo deseo que lo sepas y que nunca lo olvides. ─ante mis propias palabras sonreí con amargura, pero con la tranquilidad de saber lo afortunada que fui al compartir un espacio de su tiempo. Bajé e ingresé con calma para no despertar a nadie, me acomodé en mi pequeño rincón y fijando mis ojos en el techo oscuro de mi cuarto, le pedí que me dejará descansar y que no se atreviera a perturbar mi sueño, solo quería descansar como si nada de esto hubiese ocurrido. ─Hija, hija ─el movimiento en mis hombros logra que abra de manera lenta y perezosa mis ojos. ─me alegra que hayas podido descansar. ─¿Qué hora son? ─pregunto al ver la habitación iluminada por los rayos del sol. ─Casi las 10. Por eso vine a llamarte y poder salir temprano a la casa del finado Homero. ─asentí y fue imposible que mis ojos no se cristalizaran ante la palabra finado. Deje que el agua de la regadera cubriera mi cuerpo y los recuerdos de sus palabras en mi sueño me llenaron de esperanza y tranquilidad. ─Hola ─dije al llegar a su casa. Eso de buenos días me sonaba ridículo, quien podría tener un buen día teniendo a su hijo sin vida en la sala de su casa. Recibí la aromática que me ofreció su hermana sin comentario alguno. Esperé un tiempo prudente y me acerqué al féretro con la intensión de agradecerle por recordarme que éramos y seremos amigos por siempre, así haya sido mediante un sueño. Pero, lo único que logré fue reclamarle el hecho de haberme dejado sola y sin nadie que hiciera de mis días una sorpresa o un susto constante. ─Es hora de la última oración ─comenta una señora de edad. No presto atención a las palabras que dice, siento que orar y pedir por alguien sin vida, es paradójico cuando lo único que se desea es que esa persona se levante y diga que todo es broma. ─Vamos ─la novia de mi amigo me toma del brazo para que salgamos tras el grupo de hombres que lleva el cajón con el cuerpo sin vida de mi amigo. Es increíble ver tanta gente que lo acompaña al panteón pese a que las campanas de la iglesia no anunciaron su partida. ─Una vez Homero me dijo que, de la plaza, eras la niña más bonita de todas y que le gustabas mucho. A eso simplemente lo alenté para que te pidiera ser su novia y el día que eso sucedió, llego agitado y feliz a mi casa a contarme ─hablo a su hora viuda novia observando el concreto y mis pasos lentos. ─Siempre pensé que eras su novia ─se aferra a mi brazo. ─Todos pensaban lo mismo, pero no, solo era y será mi amigo. ─retengo mis mocos y veo el letrero de Cementerio Central. Mis labios se cerraron por completo y la opresión en mi pecho floreció de nuevo. Bajé las gradas y escuché cuando el sepulturero decía que era la última vez que lo verían, así que agradecía colaboración por parte de todos. Los gritos de su madre, familiares y amigos no se hicieron esperar. Cada persona expresó el dolor de una manera diferente y yo simplemente luchaba por llegar a su lado, sentí que la esperanza se desvanecía ante tanta gente y cuando me iba a dar por vencida, su madre me vio y pidió que esperaran un momento más. Llegué con las flores húmedas por mis lágrimas y dejé que su novia se despidiera primero, luego me incliné y cambié las flores de sus manos. Nunca supe de donde me salían tantas lágrimas, solo sé que mis ojos no querían para de producirlas y que cada una era más dolorosa que la otra. ─Hasta siempre amigo, mi amado y único amigo. ─sentí que alguien me tomo del brazo para ayudarme a levantar y al girar mi mirada, era su Cesar su mejor amigo. Me abrazo tan fuerte que mis sollozos aumentaron al punto que mi alma se desvaneció ante la mezcla de nuestro dolor. Ese día supe que nada para mí volvería a ser igual y, que la vida me había enseñado de la, pero manera lo que se siente el perder a alguien. ─Debemos ser fuertes ─habla Cesar con voz cortada y dolida. Afirmo aferrada en sus brazos sin dejar de llorar ─. Sé que él siempre te acompañará, eres y serás su más bello tesoro. ─¿Tesoro? ─cuestioné al recordar que Homero una vez me dijo que yo era el tesoro escondido de ese pueblo y que él había tenido la dicha de encontrar. ─Si tesoro. Para Homero eras su tesoro escondido y como tal debes permanecer. Siempre misteriosa pero fácil de leer, siempre calmada pero feroz, siempre destrozada, pero con una sonrisa en tu rostro, siempre amigable pero solitaria, siempre habladora, pero ermitaña. ─Siempre amable, pero antisocial ─culmino elevando mi rostro ─No sabía que él hablaba contigo sobre mí. Ahora sé que el condenado rajaba de mí sin mucho esfuerzo ─ambos sonreímos tomados de las manos y con la promesa de honrar su memoria y no olvidarlo jamás. Traté de hacer de mis días los mejores, pero era algo que no podía y que no quería. Me centre en mis estudios y deje mi dolor a cargo del tiempo, uno que transcurría sin mucha prisa para mi gusto. Esperé quince días para volver al cementerio, no tuve el valor de hacerlo antes… ─¿Solo esas? ─afirmo y cancelo el par de rosas que compré para llevarle a mi amigo. Agradecí e ingresé al cementerio con pasos lentos y pensamientos sin sentido. ─Hola ─dije acomodándome sobre la tierra que lo cubría. Retire una que otra planta que empezaba a nacer en la casa de mi amigo ─Sabes, casi golpeo a un compañero esta semana. Al idiota se le ocurrió asustarme y fue algo que no soporté y giré con ganas de darle un puño ─suspire y al no tener respuesta por mis palabras, agregue con ojos cristalinos ─. Es como si la adrenalina de ser asustada hubiese cambiado a odio y rabia, esa que me recuerda que eras el único que tenía permitido asustarme y que ya no está. No sabes cuanto te extraño ─aunque trate, fue difícil contener mis lágrimas, ahora nuevamente estaba hecha un mar de llanto y con las manos cargadas de tierra, esa de la que quería sacar a mi amigo para poder abrazarlo y decirle cuanto lo necesitaba. ─Te pido disculpas por no haber venido a verte, pero debes entender que no es fácil hablar sin que nadie conteste a tus palabras, menos sabiendo que simplemente es algo que no ha de suceder por más que lo desees. Pero…te prometo que desde hoy y hasta que pueda, he de venir y jamás olvidaré nuestra promesa, somos y seres amigos hasta la eternidad. ─tomo mi wolman y coloco el tema si ya no te vuelvo a ver de los Bukis y solo en el coro, decido cantar entre sollozos. Quien iba a pensar que tú, seria quien iba a matar. Aquel sentimiento y hasta con el viento te mandaba acariciar Hay cosas que yo no sé, como pueden suceder Me duele tu infamia, más sé que me muero si ya no te vuelvo a ver Me aferro fuerte a mis piernas y dejo que mi llanto me recuerde lo tremendo que es la soledad, así como el dolor de venir a visitar a alguien a un cementerio. Observo el nombre en esa cruz improvisada y se me hace imposible creer que la persona que una vez me dio aliento y me llenaba de frases bonitas cuando mi hermana me insultaba, hoy simplemente no está. ─¿Ahora quién será mi soporte? ¿Ahora quién me recordará lo valiosa que soy? ¿Ahora quién cambiará mis lágrimas por risas? Por favor ¿¡dime!? ─no quise reclamarle, en verdad que no. Aunque tengo una hermana, ella nunca estaba para mí, salvo para insultarme, regañarme y recordarme que era una perdedora más ─. Ya no habrá nadie que se enfrente a mi hermana y le diga que me respete. Ya no habrá un abrazo para cubrir mis ojos cuando uno de mis pretendientes se esté besando con otra chica. Ya no habrá quien me tome de la mano para salir corriendo en busca de un helado. Ya no tendré una empanada caliente todos los domingos y no habrá nadie tras la puerta de mi cuarto esperando por mí para asustarme. Por todo esto y por más, es que eres un infame que me dejo cuando más lo necesitaba. ─me disculpé por mi berrinche y acomodé las flores. Antes de irme le prometí volver el próximo domingo y contarle nuevamente mis aventuras así no me respondiera. Camine recordando muchas de sus palabras y sé que verme triste lo hará triste, así que debía ser fuerte y tomar mis fragmentos para unirlos como muestra de mi valentía y mi amor por él. Llegue a mi casa y le dije a mi madre que tomaría las clases de danzas que me ofreció el profesor, también aceptaría ser la portera del equipo de micro del barrio y que, desde el lunes iría con mi hermana a entrenar taekwondo. Ella me observo dubitativa, pero afirmo entendiendo la forma de escape tan ridícula que me había inventado para no dejar que el dolor me adsorbiera y que Homero desde el cielo estuviese triste por mí.
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