Comí el desayuno que mi abuelo había dejado en la cocina, aunque la comida no me supo a nada. Me sentía como una niña perdida, sola en un mundo que no entendía. Después, me puse una blusa corta y unos shorts, decidida a encontrar alguna forma de demostrarle a mi abuelo que podía hacer algo, que no era una inútil. Salí de la casa y me dirigí hacia la playa, siguiendo el camino que él había tomado antes. Poco a poco, me fui acercando a un área que parecía ser el centro de la actividad en la isla. Había varios puestos de pescado fresquísimo y otros productos locales, con gente comprando y vendiendo. Era como un pequeño mercado improvisado, donde todos parecían conocerse y moverse con una rapidez que yo no entendía. "Bueno, si voy a quedarme aquí, al menos puedo intentar hacer algo", pensé m

