Después de terminar sumido en un sueño extenuante, me levanto y observo la fenomenal vista que tengo desde el balcón de la habitación, me gustaría que Amira estuviera aquí junto a mí... Me resulta incómodo y fastidioso tener que estar separados... Pero no quiero presionarla, prometí que sería paciente y considerado, aunque me resulte como un grano en el trasero serlo... No es porque necesite el contacto físico para amar a alguien, mi amor por ella sigue siendo igual de indescriptible, lo cual no representa que me incomode o no por el hecho de su deseo de mantener el seguimiento de una normativa que para mí es desconocida, y no solo eso... Que siento innecesaria, seré su esposo en 6 días.
Decido salir a la piscina del hotel, el aire fresco va a sentarme bien, aprovecharé de llamar a mi madre y escribirle a Amira para saber como ha iniciado su día.
Tomo asiento y marco el número de mi madre.
Atiende al instante.
—¡Hasta que te dignas Robert!—Espeta mi madre con ironía.
Las mamás no aprenden a que se reprocha después de saludar. Es un terrible hábito regañar antes de los saludos.
—Hola, mamá, ¿cómo te encuentras?, disculpa que no te haya devuelto la llamada... Me distraje, salí a comprar ropa, después me venció el cansancio y no tuve tiempo de llamarte. —Digo de forma apacible, mi madre posee un carácter terrible y lidiar con ella esta vez no será la excepción de una demostración del mismo.
—Me encuentro perfectamente bien, bueno lo que puede estarse cuando los hijos intentan volver loco a uno. —Suelta mi madre con severidad.
—No pasa nada. —, creo que debes estar tranquila, no está sucediendo nada raro, debes tener un poco de calma e intentar tener comprensión con los demás, cuando no se hace lo que tú quieres. —Manifiesto en un fracaso de intento de apaciguar su respuesta.
—¿Cómo quieres que yo esté Robert?, tú te has vuelto loco, te has apresurado con el tema del casamiento con esa muchacha que no me da buena espina, vas a repetir la situación de esa tal Helen italiana que nos faltó el respeto en nuestra propia casa siendo tan solo una novia, ahora has buscado una mujer libanesa a la que vas a convertir en tu esposa sin ningún tipo de apreciación premeditada, más que el actuar por actuar... Me resulta increíble que estés actuando de esa forma sin tomar en consideración mis consejos. —Grita alterada.
En este momento comprendo el recelo de las mujeres hacia las suegras, es terrible que diga que Amira le da mala espina cuando ni siquiera sabe como habla la pobre, ¿qué quedará de como piensa o trata?, sé que cometí un terrible error al llevar a Helen a casa, desde un principio era consciente del terrible carácter de esta, pero desde el día en que la vi partir sabía que yo no la amaba, nunca se lo dije, no acostumbro a decirle a nadie que le amo si no es cierto... Pero no puede mezclar un suceso del pasado con mi presente, siento a Amira como a la sangre en mis venas, quiero entregarle la mejor parte de mi vida, Helen nunca me hizo sentir de esa forma, si en algún momento le hubiera demostrado tener sentimientos por ella, sé que su actitud sería lanzarlos al suelo como algo que no le sirve... No soy un ignorante, sé diferenciar lo que es bueno y genuino, y lo que no lo es.
—¿Robert, no has desistido de volver a casa y buscar una mujer acá en Norteamérica o en su defecto una latina? Odio que te quedes callado y lo sabes, solo me das a demostrar que aunque ya eres un hombre, sigues teniendo una actitud de niño, teniendo un corazón con las puertas abiertas para todos, lo que da cabida a que las mujeres se aprovechen de eso. —Profiere mi madre elevando el tono.
—Mamá te amo. Te doy una palabra de fe, amo a Amira y voy a convertirla en mi esposa, lo siento si te ha disgustado, cuando le conozcas precisarás de mejor forma tus opiniones relativas a ella... Yo solo puedo decirte que es una mujer excelsa, que ha andado las veredas de la vida y ha luchado mucho por mantenerse en pie, ella no esconde los mitos que en su mente se anidan, es muy abierta conmigo y con lo que siente, es muy fuerte y trabajadora, es profesional, en algunos momentos le he visto cansada, ya que ha tenido que sufrir momentos muy amargos, eso no le ha quitado su bondad, ni siquiera cuando ha tenido que tener al sol de compañero para cumplir con sus sueños, se ha titulado sin el apoyo de sus padres, puedo ver en su mirada como su pensamiento vaga en ratos sin cesar, y aun así Amira sigue defendiendo lo que quiere y busca, intentando dar lo mejor de sí a todos los que le conocen, y sé que tú no serás la excepción, solo da tiempo a que le conozcas, por favor. —Espeto de forma pausada, todas las cosas que he dicho representan mucho para mí.
—Tú sabrás Robert, ya no eres un crío... Espero todo te salga bien y al menos te dure la felicidad, soy tu madre, no lo olvides... Yo si siempre estaré para ti, sin importar cuántas veces te equivoques o lo arruines. —Susurra con molestia, acto seguido corta la llamada.
La actitud de mi madre me enfada, se comporta como si yo acostumbrara a actuar como un idiota... Pero bien, tal como ella ha afirmado, es mi mamá, no puedo estar realmente enfadado con ella, solo le demostraré con el tiempo razones para entender que ha estado equivocada, aunque puedo asegurar que Amira con su espontaneidad bastará y sobrar para que se retracte...
Decido escribirle a mi amor, me doy cuenta de que Amira me hace sentir inocente, como si otra vez fuera un jovencito de 15 años.
—Hola, preciosa, ¿cómo ha estado tu día?— Escribo teniendo una sonrisa inexplicable.
—Buenos días, Robert, todo en orden, pero estoy muy aburrida y me siento sola... ¿Podemos ir a almorzar juntos hoy? Te enviaré una dirección donde podemos llegar, tiene vista al mar directamente.
Es la respuesta de mi amor.
La felicidad se instala en mí, el hecho de que Amira sienta el deseo de verme, y eso que tan solo ha pasado un día... Me reconforta, no veo el momento de poder abrazarle, besarla, tomar su mano en todos lados, convertirme en su más grande necesidad como lo es ella para mí... Son pocos días los que faltan para que nuestro matrimonio sea una realidad, y mi Amira sea mi compañera.
Escojo unos pantalones grises que compré ayer y una camisa blanca muy guay que encontré. Me visto con rapidez, no veo la hora de encontrarme con ella, no pensé que fuera a ser Amira quien sacara la idea de vernos, no iba a soportar tener que esperar hasta la semana entrante para verla...
Salgo y saludo a la chica de la recepción, veo el clima y la mañana luce muy bonita.
Tomo un taxi para dirigirme al restaurante que ha escogido mi prometida, es bastante cerca de donde estamos.
Llego al lugar y mi princesa celestial está parada con una sonrisita nerviosa instalada en el rostro.
—Hola, luces muy bien hoy, de verdad. —Suelta Amira apenas me ve, las palabras las atropella causando una ternura abrasadora en mí.
—Hola, cariño, muchas gracias por tu cumplido, me has sorprendido. —Respondo apenado, me siento como un puberto.
—¿Quieres que entremos?—Me pregunta Amira gozando de una seguridad que me hace sentir desbordante de alegría.
—Por supuesto preciosa. —Le respondo acelerando el paso.
Tomamos una mesa en el centro del lugar.
Nos atiende un mesero bastante joven y amable.
—Tengo miedo de contarle todo lo nuestro a Rola, pero he decidido que voy a hacerlo hoy, nuestra boda se acerca. —Profiere Amira alivianando su aura aún más.
Rola es su mejor amiga, es normal que le cause miedo que no acepte nuestro pronto casamiento.
—No te preocupes por como vaya a tomarlo, sé que la adoras y estoy consciente de que se lo merece, pero a mí me preocupa tu estado de ánimo Amira, cuando tú sufres yo de alguna forma también lo hago, no quiero que pierdas la calma, hoy luces muy fresca, me destrozaría volver a verte apagada y triste... No quiero que prestes atención a ningún comentario que pueda herirte, yo te amo, has padecido mucho por el qué dirán, no seas nerviosa... ¿Vale? —Le digo con acritud, quiero que este feliz por encima de todas las cosas.
—Gracias Robert, pero no puedo evitar sentirme nerviosa... Me falta tu comprensión cada vez que intento tomar una decisión y eso es una novedad para mí, pero la necesito y la considero importante para que nuestra relación pueda ser lo suficientemente fluida... —Manifiesta Amira con la dulzura que la caracteriza.
—Tranquila, cielo, nos queremos, no hay necesidad de amargarnos la vida, tenemos todo lo que necesitamos tener... Amor, con eso bastará y sobrará para arreglar lo que esté fuera de sitio, yo te prometo que haré lo posible por comprenderte siempre... —Profiero sintiendo una oleada de calor recorrer mi espalda.
No es que no intente o intentaré comprenderla... Pero a veces siento que sufre por cosas innecesarias, y creo que estaría mal de mi parte no hacerle entender ese error, sé que las demás personas no somos precisamente las indicadas para dar instrucciones de por qué puedes sufrir y por qué otras cosas no... Aun así cuando existe una unión tan trascendental como la nuestra, considero un atropello dejar que la persona amada se regodee en la hiel del sufrimiento. Amira se merece ser feliz, y yo me esforzaré en dárselo a entender.
—¿Has sabido algo de May?—Le pregunto en vista de que no ha respondido a mis palabras.
—Sí, va a venir el sábado... Falta muy poco, aún está en Kuwait, no estoy al tanto de que hace ahí... Me pone un poco ansiosa, ya que en ese país vive mi abuela junto a mi tía y Rola con George, además de la tía Najwa y el tío Ali... Todas las personas que reconozco como a mi familia. —Puntualiza Amira y puedo notar como sus ojos se cristalizan.
La añoranza siempre estará ahí.
—Te entiendo pequeña, pero May es muy astuta, sé que en caso de que llegara a verles intentaría persuadirles con respecto a la ausencia de tu compañía... A menos que May haya decidido contarles respecto a nuestra boda, no lo sé... Como sea que haya decidido hacer las cosas yo confío en ella, y tú deberías hacer lo mismo. —Asevero sin más mientras que Amira alza los hombros en señal de decir que no lo sabe.
Sin lugar a dudas, ella luce hoy más radiante que nunca, ya que puedo notar que se siente más segura, y me hace sentir más tranquilo... Espero poco a poco vaya mejorando su comunicación y cercanía conmigo, no quiero que cuando por fin sea mi esposa se cohíba de abrazarme, tocarme y darme cariño físicamente...
Para mí el hecho de que haya decidido actuar en contra de lo que su religión dictamina como correcto representa un acto de amor inimaginable... Pero necesitaré más que eso para que nuestro amor pueda tomar su respectivo cause, quiero una esposa a la que pueda besar, abrazar, consentir, y no puedo negar que muero por verla desnuda, saber que hay detrás de todos esos calurosos vestidos que usa, adorar cada espacio de su cuerpo y hacerle sentir como la reina que es... Todo pasará a su debido momento, cuando ella esté lista, pero no estoy preparado para que se niegue a que ese momento llegue.
—Robert... ¿Qué pasará con nosotros después de que nos hayamos casado, cuanto duran tus vacaciones, cuál es el plan exactamente?—Espeta Amira de forma directa, clavando sus ojos en mí pareciendo dagas...
Soy un Marine norteamericano, el honor y la responsabilidad siempre han sido prioridad para mí... Conocer a una belleza musulmana que me ha puesto el mundo patas arriba es todos los días un laberinto que me muero por completar.
Tengo la respuesta a su interrogante, sin embargo, ver a mi futura esposa preguntando un tema tan delicado de forma tan severa me ha descontrolado.