Lo que le he pedido a Amira no ha sido más que un impulso de querer que todo sea más fácil para ambos, no tendré una vida sencilla si mi madre se entera de que me he casado bajo las leyes del islam. Y bien, soy bastante consciente de que hace escasas horas yo estaba pensando que no declinaría a favor del islam, pero si yo amo a esta mujer, y ella a mí, y en este momento estoy en un país donde puedo cumplir lo que ella me pide, además de estar legalmente casados. ¿Por qué no complacerla?
—¿Por qué te quedas callada cariño?—Es mi pregunta clave, depende de su respuesta será la decisión que tome.
—Robert, para mí es complicado entender que deseas, sin embargo siento que tú nunca querrías el mal para mí, por ende... Decido aceptar esa especie de pacto que interpreto que me estás pidiendo. —Las palabras de Amira han supuesto una melodía para mí.
Es todo lo que yo quería escuchar, ella entiende que las relaciones deben ser recíprocas, de dar y dar, para poder ganar... Sé que ella no se espera lo que voy a decirle a continuación.
—Sé que me había negado, y no estoy demasiado seguro de si lo que voy a decir está bien. Pero quiero bautizarme al islam y realizar nuestra boda, así sea solos tú y yo... Bajo la bendición de Allah. —, sé que eso te haría feliz, y la vida más llevadera mientras estás aquí y mientras vengas de visita, nuestro asiento estará en Estados Unidos de América, no representará un gran cambio para mí si te soy sincero, pero sé que esto para ti es muy importante, y yo deseo cumplirlo, por amor a ti. —Mis palabras han salido disparadas sin demasiado orden, no estoy seguro de como vaya a tomarlo, o si he sido justo... Pero Amira es lo único que causa brillar mis ojos, una mujer que en este mundo tan analógico me ha regalado ganas de crecer y formar una familia a su lado, no quiero que la misma crezca en los cimientos de su tristeza si puedo evitarlo.
Amira se convierte en un mar de lágrimas, no sé cómo interpretarlas, no sé si son de dicha, de sorpresa, de infelicidad...
—Robert, gracias... No tengo más palabras para decir, no sabes cuánto te amo... Sé que sentiste la forma, y decidiste el camino a seguir... Te prometo que no vas a desplomarte luego por haber tomado esta decisión. Te mostraré el camino de mi luz. —, disculpa que esté tan extasiada y esté hablando de forma tan volátil, pero... Todo esto me ha tomado por sorpresa. —
—Me hace feliz verte tan contenta. —, ¿cuándo deseas que vayamos a la mezquita?—
—Podemos ir a la mezquita de Selimiye. —, me gustaría que fuera hoy, para buscar información. —Espeta una Amira sonriente, no pensé que fuera a ser tan rápida con su respuesta.
—Vale, vayamos ahora mismo. —
Salimos del restaurante para tomar un taxi, yo estoy muy nervioso pero a la vez sintiendo una paz extenuante por haber tenido el entendimiento para ponerme en el lugar de mi prometida.
Llegamos a la mezquita, es imponente y hermosa.
Apenas entramos, Amira por primera vez toma mi mano con fuerza.
—Robert, al convertirte al islam todos tus pecados anteriores te son perdonados, y comienzas una nueva vida de piedad y rectitud, y al ser nosotros humanos, si llegaras a cometer un error, puedes arrepentirte ante Dios, quien perdona los pecados de todo aquel que se arrepiente con seguridad ante Él. No habrá intermediarios entre tú y Dios. Todo musulmán tiene la recompensa del paraíso eterno (el cielo), y lo más importante es que recibirás una luz que te guía durante toda tu vida, ya que el islam tiene respuestas ante todas las situaciones, y te dará el entendimiento para que puedas tomar todas las decisiones correctas en tu vida. —Profirió Amira con su dulce mirada fijada en mis ojos, sé que lo que ha dicho suena un tanto fantasioso, y más siendo yo norteamericano y conocedor de todas las tragedias que han ocasionado miembros del islam en mi país, pero si le doy forma a la realidad y a las palabras de Amira, en todas las comunidades hay gente buena que lleva su vida acorde a la normativa que quiere Dios que sigamos, y gente mala, que no profesa la religión por un asunto del corazón o conexión, sino como un revestimiento para ocultar su maldad, los cuales no son una representación del islam ni de ninguna religión que intente forjar una relación bonita con Dios.
Me sorprendo a mi mismo en esta ocasión, aun cuando no me he convertido en musulmán, me doy cuenta de que desde que conocí a Amira Farhad, ella ha sido para mí esa luz de la que tanto hablan, ya que me hizo entenderme a mí por encima de los demás, darme cuenta de todos los errores que he cometido, y luchar por un camino más intachable.
—Gracias por tomarte el tiempo de dedicarme estás palabras. —, no pensé que sería tan rápido, pero estoy listo. —Digo con tono apacible, no estoy nervioso en lo absoluto.
Dentro de la mezquita, Amira me enseña las palabras que tengo que decir para convertirme en musulmán. El shaada (testimonio de fe). Y llama a una anciana para que sea la otra testigo, junto al Imám de la mezquita.
Testifico: "La ilaha il-la Al-lah, Muhammad rasul Al-lah".
"No existe divinidad verdadera sino solo Dios (Al-lah), y Muhammad es el Mensajero (Profeta) de Dios”.
La sensación que he sentido al pronunciar las palabras es indescriptible.
El imám se da cuenta del llanto de Amira y de mi ausencia en el plano terrenal en el momento en que estoy pronunciando las palabras con mi impecable árabe, y se acerca a mí más de lo que ya estaba.
—Dios sabe todas las cosas. —Son las únicas palabras que emite.
Me dirijo al baño rápidamente como me ha indicado Amira, se trata de un tipo de purificación, como un acto simbólico en el que purificas tu pasado, y emerges de la oscuridad hasta la luz. Nunca he sentido que me encuentro en la oscuridad, pero si puedo asegurar que la vida fue mucho más clara para mí cuando Amira empezó a formar parte de ella.
Después de mi baño, se me conduce a orar, investigué mucho sobre las 5 oraciones al día que deben hacer los musulmanes.
Le pido a Dios que me dé un buen juicio y éxito en la vida, teniendo fe en Dios de todo corazón, sé que estaría pecando si no fuera así. Me dedico a orar de forma sencilla y humilde.
Después de orar, Amira me habla sobre los deberes individuales, las cosas que debe hacer cualquier musulmán si tiene la oportunidad, orar todos los días, lo cual no se me representa como algo difícil de cumplir, y ayunar durante el Ramadán. He leído sobre el simbolismo del Ramadán y su significado le hace justicia al sacrificio que conlleva.
De todas las cosas que me han movido más, aunque quizás suene un absurdo, es tener que despedirme de la carne de cerdo... Ya que no era un ferviente consumidor de alcohol, debido a mi intento de mantener mi complexión física, no lo consumo... También sabía que tengo que comer y beber con la mano derecha, es otra cosa que hacía de forma mecánica antes de todo esto... Y no es como si fuera algo obligatorio para ser musulmán, no me he convertido en uno de esos seres fundamentalistas que se fijan en esa clase de minorías habiendo tanto de peso para dar atención, como tener que darle las gracias a Dios antes de cada comida. Y por supuesto, he estado de acuerdo y con una emoción interna por cumplir con destinar apoyo a las comunidades menos favorecidas, fui testigo de la necesidad de muchas personas en el Valle de Bekaa en Líbano, al igual que en muchos lugares del mundo, no considero nada más justo que el hecho de que sea un mandamiento de la religión proveer ayuda a las personas necesitadas.
Sé que para madurar mi fe tengo que leer el Corán. Es algo que haré en la soledad de mi habitación cuando me encuentre en Estados Unidos, no quiero por el momento que mi familia se entere de lo que he hecho, los cambios positivos en mi vida bastarán para que quiera contárselos.
—Robert, quiero que vayamos a hablar con el Imám respecto a nuestra boda. Pero antes quiero decirte algo. —, trata de ser la mejor persona posible, sin importar lo que te haga enfadar, ponerte triste o enojado, tu misión en la tierra es ser virtuoso... Dios nos creó para que vivamos una buena vida y estemos felices, no hay ninguna regla, el islam es la religión del "estado natural"... el islam no es solo una religión, es un estilo de vida. —Expresó Amira con expresión tenue, pensé que en este punto podría estar confundido, pero al contrario de ello me siento muy satisfecho con todo lo que ha pasado y con la forma en que mi futura esposa me está tratando y explicando.
Amira se conduce hasta el Imám y le explica todo lo concerniente a nuestra boda, a que solo seremos nosotros dos y nuestros dos testigos, posiblemente sea solo May y uno escogido de forma aleatoria.
—De acuerdo con las reglas de nuestra autoridad de Asuntos religiosos en Turquía, el matrimonio legal debe realizarse antes del matrimonio en nuestra mezquita, primero deben obtener una certificación legal, y luego puede solicitar la ceremonia de matrimonio religioso. —Responde el Imám en dirección a mi prometida, haciéndola lucir contrariada.
En Chipre es distinto a Líbano y Siria, por eso hemos venido hasta aquí. No podría solicitar una visa para Amira si no nos casamos legalmente, fue la razón principal de venir hasta la isla, ya que aquí si se realizan matrimonios bajo la ley, no solo religiosos... Acepté que nos casáramos bajo el islam, y no estoy arrepentido por mi decisión, pero eso no quiere decir que no vayamos a casarnos legalmente.
—Entiendo. —Dice Amira al Imám haciendo ademán de que vamos a marcharnos.
Al salir a la calle me siento un hombre nuevo, aunque pueda sonar exagerada mi apreciación, pero es mi cuerpo, y es justo esa la sensación que tengo en el momento.
Amira luce radiante, más de lo normal. Ya ha caído la tarde y no quiero separarme de ella.
Cuando llega el momento de despedirnos, ya que ella saca el tema de la hora a colación, no puedo resistir a mis impulsos y le beso en los labios de forma apresurada, me abalanzo encima de ella y pongo mis labios encima de los suyos, no obtengo ninguna respuesta por su parte, pero el simple contacto de los mismos aunado a la suavidad de estos hacen que sienta que mi corazón y el espacio se han congelado, puedo sentir cada uno de mis latidos en mi tráquea... Es una sensación indescriptible la que ha causado este simple acercamiento efímero.
Amira no se enfada, pero luce sonrojada en todas las partes visibles de su cuerpo, incluso sus manos lucen coloradas, me enternece su nariz.
Nos despedimos finalmente y me encamino extenuado a mi habitación, añorando a Amira desde el primer instante.