16 Deseos

2032 Words
Todos, absolutamente todos hemos tenido deseos por cumplir, una lista de cosas por hacer antes de llegar a cierta edad. Cada año a finales pedimos deseos con uvas, o cuando nos cantaban cumpleaños y soplabamos las velas pedíamos algo para que nos sucediera. Estrellas fugaces, soplar dientes de león, sea como sean, siempre tenemos deseos, queremos cumplir alguna cosa y Thalía no era la excepción a esa regla. Cada año en su cumpleaños pedía deseos y sus deseos se hicieron el mismo cuando se enamoró de David Martins, como pudiera pedir su deseo, lo hacía y tenía catorce años cuando vio esa película por primera vez así que comenzó a fantasear con tener dieciséis deseos, habría sido una maravilla que cuando cumpliera dieciséis, un hada madrina, el hada de los cumpleaños para cumplir todos sus caprichos. Luego de aquella película su visión del mundo cambió en exceso y se quiso vestir, actuar y tener todo tal cual Abbey Jensen. Hizo una lista como la de Abbey Jensen para ir soplando velitas y buscar que se cumplieran sus deseos, conseguir las velitas no fue algo tan difícil pues solo pedírselo a sus padres hizo que lo consiguieran para ella y comenzó la locura. El primero de todos sus deseos, algo superficial porque quería una fabulosa fiesta de quince años, rosa y brillante con un vestido espectacular y le encantó que cuando le cumplió quince, aunque no tenía un hada de los cumpleaños sus padres gastarían dinero en exceso para darle la fiesta de sus sueños tal como la quería, con todos los lujos, los detalles y cada cosita como lo había planeado desde que tenía trece años. Su segundo deseo fue poder asistir a un concierto de Morat. El primero se cumplió y eso le dio algo de esperanzas, pero cuando llegó el tiempo, ese segundo deseo no fue cumplido porque fue imposible conseguir convencer a sus padres de lo contrario. Tuvo que ver las grabaciones de sus amigas del colegio que sí habían asistido a aquel evento y lo lloró hasta el final de su adolescencia. Los siguientes deseos fueron igual de ignorados por los dioses o el cielo, no había nada. Tercer deseo, ir a la premier de una película de Marvel. Cuarto deseo, tener un auto de color rosa brillante. Quinto deseo, visitar Londres cuando cumpliera diecisiete, pero se enfermó cuando su viaje iba a resultar y estuvo hospitalizada debido al COVID-19. Sexto deseo, y que tampoco se cumplió, estudiar en la universidad para convertirse en organizadora de eventos pues era lo que más le gustaba para sí misma, pero se lo negaron también debido a que tenía que prepararse para manejar la empresa junto a David (Una empresa de la que no conocía mucho debido a que no le interesaba en lo absoluto, odiaba la cerveza para empezar), así que solo quedaban sus demás deseos y para su infortunio, tampoco se hicieron realidad. Su amor hizo que los demás que escribió fueran sobre David Martins. Todos los siguientes deseos eran a la par con David (De esperarse porque estaba enamoradísima de él). Primero, una boda donde pudiera usar un hermoso vestido de corte princesa, y que David la quisiera, ser feliz, tener una vida de cuento de hadas. No tuvo una boda como lo deseaba pues hubo un contrato para que sucediera que la dejó a ella con muy poco poder de decisión y en cuanto a la ceremonia tuvo que vivirla viendo como la mujer que amaba el hombre que ella amaba estuviera ahí. Sabía que David no la amaba, sabía que David prefería estar en cualquier lugar menos en su boda diciéndole "SÍ, ACEPTO" a ella, una chica que consideraba Tampoco tuvo un matrimonio feliz. Tampoco él se quedó. David se fue tan pronto comprendió que lo que había hecho era un error. Ella era un error. No sopló más velas pues eran una tontería, los deseos no se cumplían. Aquella lista terminó en la basura al igual que las velas, sus sueños fueron hechos polvos y se convenció a sí misma de que la única forma de obtener lo que se desea en la vida era trabajar por ello, y si acaso, pues el universo solía ser caprichoso y negarte lo que más querías. Lloró hasta deshacerse pero levantó la cabeza y tenía que hacerlo porque ya no podía vivir de sueños sino de realidades, y ahora debía cuidar a un bebé. Enterarse de que estaba embarazada fue una locura pues ella nunca había soñado con ser madre, y aunque nunca lo hubiera deseado, ahora estaba ahí y no podía dejarla de lado, simplemente no estaba en ella. Pasó su embarazo lo mejor que pudo y lo que no esperó es que hubiera un nuevo deseo en ella naciendo el mismo día que nació su hijo. Cameron fue la luz de sus ojos. Parecía que la felicidad era posible cuando lo veía, se había vuelto su "deseo hecho realidad". Adoraba verle crecer, su primera risita, su primera palabra, sus primeros pasos. El amor que tenía por su hijo la había hecho levantarse y sus nuevos dieciséis deseos eran para que él estuviera siempre con ella. Adoraba a Cameron. Y ahora todo iba para él. *** Ahora con David de nuevo en su vida tenía que admitir que sus deseos habían cambiado otra vez. No podía decir que hubiera dejado de lado los "dieciséis" (o más bien, miles de millones) que tenía reservados para Cameron, su hijito, pero ahora también volvía a pensar en ella. Recordó la lista que había hecho en su juventud, todos los deseos que al parecer se estaban haciendo realidad a sus veinticinco años. —Dios, creo que te tardaste un poco, pero gracias por esto. Pero no quiero hablar de la reciente felicidad que he logrado tener por poco que sea, o mucho, porque siento que es demasiado y no la merezco. -Se encontraba en su alcoba diciendo sus oraciones, aunque no era particularmente religiosa pues creía que la iglesia le iba muy grande a su estilo de vida aunque si que creía en un ser superior, con un enorme sentido del humor. Tal vez para el resto del mundo no fuera así como ella, pero así era como lo sentía. —Te vuelvo a pedir por mi hijo, Cameron, como todas las noches. Que él sea feliz, que logre sus sueños, que tenga amigos de verdad. Te pido sabiduría para poder guiarlo y darle siempre seguridad. Te pido que él crezca y que sea inteligente, humilde, que muestre bondad siempre y sea justo. -Miró el techo de su habitación mientras mantenía juntas las manos y sonrió. —Tengo que hablar de esto. -Dijo. —Gracias por regresar a David a mi vida, te pido ahora por él para que sea un buen padre para Cameron, sé que quizá me cueste perdonar todo lo que pasó pero no quiero vivir ya con rencor o con miedo, las personas se equivocan y yo... creo en las segundas oportunidades. Sé que él es un buen hombre y podría ser mejor, solo muéstrale el camino correcto. Amén. Se levantó y se acomodó en su cama para dormir. Estar casada una segunda vez con el padre de tu hijo y creer tener una segunda oportunidad para amar y ser feliz parecía una locura sacada de un drama de televisión o Netflix, tal vez una novela de alguna plataforma gratis donde escritoras adolescentes solían escribir sus locuras, pero a ella le estaba pasando, claro, aún no lo digería del todo pues no había expresamente de parte de David las palabras de su parte que le dijeran que quería intentarlo. Hacía calor. Se quitó las sábanas de encima y se acurrucó de lado abrazando las almohadas. Al final se levantó a abrir las ventanas pues era tan tacaña que no deseaba encender el aire acondicionado (Nueva onda ecologista). El ruido de la ciudad era sofocante pero ella lo encontraba casi musical y muy relajante, con el aire entrando por su ventana así como los ruidos y las luces, volvió a la cama y sonrió pensando de nuevo en sus deseos. Se sentía mal pensarlo pero ahí estaban, más vivos que nunca. —¿Crees que él me ame? Tal vez estoy siendo muy tonta al desearlo nuevamente pero es que no he amado a otro que no sea él, a David. Ya sabes de él, te he hablado de él. -Dijo como si hablara con un ser Supremo e invisible y así era, no estaba segura de que le escuchara, pero siempre le hablaba pues decirlo la hacía sentir bien. —Es extraño como me enamoré de él, pero siempre mi corazón le ha pertenecido. No me importa si comenzó como un contrato creado para que estuviéramos al frente de una empresa que ninguno de los dos quiere, creo que podríamos ser felices juntos y tener el matrimonio que... que siempre quise. Que siempre soñé. -Suspiró y se mordió el labio. —Lo adoro. No puedo negar que no es así. -Bostezó un poco y se acurrucó cerrando los ojos. —Quisiera que él también me amara, pero sé que no sería posible obligarlo, es mejor cuando las cosas nazcan del corazón. No sé que hay en su corazón. Desearía poder saber lo que siente por mí para no guardar esperanzas innecesarias. En el fondo, a ella todavía le dolía vivir de sueños, esas fantasías con las que se cargaba para enfrentar la realidad, pero la realidad era lo que al final enfrentaba sin esos sueños, porque no podía fingir que algo no pasó aunque hubiera preferido que pasara algo más. Aunque ahora que estaba en casa de David, los sueños y los deseos parecían querer estar todo el tiempo rondando a su alrededor y no sabía como controlarlos para mantener tanto como le fuera posible los pies sobre la tierra, pero él llegaba, y cuando menos lo esperaba, la acariciaba, o la besaba, la tomaba en sus brazos. No había pasado más entre los dos pero podría llegar a pasar si las cosas seguín dándose así. Y más de una vez sucedía que podía pasar algo más, pero ella no se atrevía a da el paso, y luego en la soledad de su habitación soñaba con lo que pudo ser, pues al cerrar los ojos, su mente recreaba los cuerpos de ambos haciendo el amor, acabando con la sequía que tenía su cuerpo de sentir el de él, solo es de David. El miedo la paralizaba y es que no quería entregarse a su esposo y después descubrir que sus sueños la estaban haciendo trizas una segunda vez. Que sus deseos solo eran el arma usada para cortarla en pedazos. —No quiero sufrir. -Soltó ahogando las lágrimas pues temía por sí misma, temía caer otra vez en la trampa de los sueños y no en la realidad. —No quiero volver a sufrir. Si él no es para mí entonces permite que me aleje y pueda ser feliz con mi hijo en otro lugar. En lugar lejano. Yo solo quiero vivir tranquila y feliz, sin ningún tipo de emoción fuerte que sea capaz de romperme. No soy tan fuerte como para soportarlo otra vez, yo solo, solo... -Suspiró y tragó sus lágrimas, no iba a llorar por cosas que aún no pasaban. Ese podría ser el mayor de sus problemas al mezclar realidad y fantasía, la ansiedad que le sobrevenía por lo incierto del futuro y lo mucho que deseaba que algo fuera verdad. ¿Qué pasaba si David no la amaba jamás? ¿Acaso ella no tenía el amor de sí misma y sus logros para bastarse? ¿Acaso no tenía a su hijo que adoraba con todo el corazón y él a ella? ¿Acaso no existía la amistad y lealtad de Hannah que había hecho todo por ella y la acompañaba desde que se quedó a su lado cuando no había nadie más? No podía llorar por desear amor y sentir que la vida no le había cumplido en ese aspecto pues la realidad era muy diferente, sí hubo amor para ella. Y tenía que sentir la seguridad de que habría mucho más.
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