X - Paternidad

3178 Words
Hannah ya estaba volviéndose loca de ver como sus dos "jefes" o más bien su jefa y el esposo de su jefa, se querían de alguna forma pero ninguno de los dos daba el paso. Realmente no se arrepentía en lo absoluto de haberle dicho a su viejo amigo Luis, y quien trabajaba para David, donde estaban ella, su jefa y el hijo de su jefe. —Realmente nos despedirán por traicionarlos ¿No lo crees, Hannah? Ella comenzó a reír y asintió. —Sí, sin duda, si se enteran. Pero Dios, son tan testarudos los dos, son idénticos. Te juro que nunca había visto a dos personas tan iguales y yo creo que están destinados a estar juntos, pero ninguno hace nada aunque estén viviendo en la misma casa. -Dio un sorbo a su café y lo miró. —Y ¿Qué tal? He estado trabajando duro para que tu fiesta de boda sea magnífica, di que te gusta al menos lo que estoy haciendo. —Siempre tu trabajo es excepcional. Confío en ti, somos amigos. -Hannah sonrió y se sonrojó un poco. Era cierto que ella lo amaba, pero no lo tendría, podía vivir con eso, tendría que vivir con eso. —¿Sabes que me preocupa? —¿Qué? -Dijo ella volviendo a ver la carpeta de la decoración de Louis para su boda. Por su trabajo con Thalía, era normal que se reuniera con los clientes para poder afinar cada detalle a la perfección absoluta. Y aunque básicamente vivían en el mismo pent-house, los dos buscaron de que la cita fuera en una zona neutral. —Te aseguro que no hay ni una sola plantita con polen para que no acabe estornudando tu novia. Y que no hay camarones en el menú. —No, no eso. Dejo mi boda en tus manos, y eso me deja tranquilo. Me preocupa nuestros jefes. La señora Thalía estando sola contigo podía mantener algo de anónimato y ella nunca supo que tú y yo seguíamos hablando. Los señores Martins siempre supieron donde estaba su hijo, el señor David, y ahora que él se movilizó y encontro a la señora Thalía, los padres de él y los de ella la encontraron también y con ella, al pequeño. Sé que están en Nueva York y será cuestión de tiempo para que los enfrenten. —Dices que los abuelos pueden llevarse al niño ¿Es eso? -El guardia asintió y la asistente resopló. —eso en pasado, porque hay un nuevo contrato prematrimonial de ambos y están casados otra vez, y no tienen porque quitarle el niño a Thalía, ella lo adora y lo trata con sumo cuidado. Uno de los puntos del contrato antiguo es que si se demostraba que ella cometió algún tipo de daño contra el niño le sería quitada la custodia, y eso no ha pasado, siempre ha hecho todo por ese niño. Por Cameron. —Podrían alegar que alejarlo de su familia y negarle sus derechos es un daño y perjurio al niño. -Contestó el hombre dando un sorbo a su café. —Hannah ¿Qué pasará si las cosas se complican? Ella conocía su respuesta y con quien estaba su lealtad. Además de su jefa, Thalía era su amiga. Ella se iría con Thalía y la protegería pues la quería como si fuera su hermana. —Creo que ya lo sabes. —¿Y nos volverás a decir dónde están? Mi jefe tiene el mismo derecho, él ama a ese niño aunque le cueste demostrarlo. —Pues... sí. *** POV THALÍA Y DAVID Para ser justos y sinceros, no se conocían en lo absoluto. Convivían de una manera extraña, como dos barcos que iban navegando en el mismo mar pero sin toparse. Solo coincidían a la hora de la cena sin hablar y era raro pues habían quedado en hacer justo lo contrario, pero David no decía nada de su trabajo y Thalía tampoco, aunque algo era seguro, se estaba volviendo más fácil para los dos. La primera noche había sido un completo desastre por la tensión, apenas pudieron comer. Las siguientes noches por lo menos era menos tenso, y al cabo de dos semanas fue David quien rompió el hielo. —Me sorprendió verte el domingo. -Dijo él recordando la última vez que se levantó y la vio limpiando toda la casa como solía hacerlo. Había saltado dos semanas en hacerlo y que volviera a hacerlo le hacía sentir como si ella estuviera retomando la confianza pérdida. —Me gusta cuando cantas aunque desafines, le da algo de vida a la casa. Es muy hogareño lo que haces. Thalía asintió y tomó un poco de su copa de vino blanco que acompañaba su pollo. —Es muy de obsesivo compulsivo lo que haces. -Dijo riéndose de él. —Tú toda la semana, es que no sé como lo haces, el solo hecho de... Bueno, mira, no sabía que fueras madrugador o que no te gustara desayunar. ¿Por qué no lo haces? El café no es desayuno y sería mejor frutas ya que te gusta mantener un régimen saludable. Tal vez por eso no duermes. —No lo sé, estoy acostumbrado a hacer eso desde que tengo diecisiete años. Es todo. Sé que es un mal hábito pero no consigo hacer que sea diferente. -Thalía lo miró con algo de curiosidad, quería preguntar un “por qué” pero sabía que no se lo daría. —¿Y tú por qué limpias los domingos? —¿Recuerdas que te hablé de una mujer latina? Carmen. Ella venía de Venezuela y me cuidó mucho durante mi etapa de gestación. Le gustaba hacer labores hogareñas, ella cada que limpiaba o hacía cualquier cosa, incluso cocinar, ponía música. Siempre cantaba algo y ahí estaba yo, con mi panza y mis pies hinchados tirada en un sofá y mejor que mi madre, me consentía. Me daba comida, cantaba, limpiaba. Era un deleite verla. Realmente la adoraba, no tienes idea de cuanto. Quería que siguiera conmigo y viniera a Nueva York a vivir... -Dijo con una sonrisa mientras movía su comida en el plato con el tenedor. —Decía que las penas duraban poco con la música correcta. Realmente me dolió cuando murió. Y seguí ese consejo, "Las penas duran poco con la música correcta". Quería sentir que ella estaba cerca, así que, sin saber, tomé un plumero y comencé a hacerlo un domingo, y no paré. Me sentía mejor, renovada… como si de aquella manera pudiera desterrar la tristeza que sentía en mi corazón. No lo hice tanto estando embarazada, solo cosas leves como pasar un plumero o doblar ropa pero siempre oyendo música. Luego de que nació Cameron lo hice más seguido y él seguía durmiendo como si su mamá no tuviera a todo volumen. Es un encanto de niño. -David comenzó a reír y siguió comiendo tras escucharla. —No quiero que sufra, sé que estoy siendo sobreprotectora pero cuando lo tuve en mis brazos, solo vi un mundo salvaje, vil y egoísta y él es mi rayo de sol y alegría, y sé lo que un mundo así le hace a niños como él. Simplemente los destruyen. Yo no quiero que él sufra lo que yo sufrí, David. Sintió un dolor muy personal en aquella frase. Sabía que a Thalía, aunque le ofrecieron el mundo entero y le dieron todo cuanto pidió, lo más importante, el amor y el calor de una familia se la negaron. Él había pasado por lo mismo. Estiró la mano por encima de la mesa y tomó la de su esposa con algo de ternura. —Thalía, eso no le va a pasar a Cameron. La diferencia está en que tú lo amas, lo amas en serio. Eres una grandiosa madre. Mira lo que has logrado hasta ahora. —Ahora también estás tú. -Dijo ella viendo la mano de él sobre la suya y la retiró levemente para no parecer brusca. —Cameron hace unos días me preguntó si eras su familia. No supe cómo decirle a mi hijo que tú eres su papá. "Va a hacer preguntas. Sé que hará preguntas. Siempre ha hecho preguntas", me dije. "Tal vez no entienda mucho pero sabe que algo raro pasa, que no es convencional". ¿Sabes? La primera vez que fue al maternal y vio como una pareja llevaba a una niña preguntó: ¿Ese es su papá? ¿Dónde está el mío? -Dio un suspiro y luego miró a David. —Lo pensé y dije, mejor decirlo y se lo dije. No lo tomó a mal y eso me hizo sentir aliviada. Y por eso necesito que te víncules más con él. —Supongo que es duro, lo sé. Para mí también lo es. No sé como acercarme a él y que vayamos creando ese vínculo. -Thalía sonrió porque tuvo un pequeño plan macabro en la mente. —¿Qué? ¿Tienes una idea? —Yo sí. Sí que lo sé. -David alzó una ceja y ella dio otro bocado a su comida. —Quédate a desayunar y escúchalo hablar. Te aseguro que te comenzará a ver como parte de su familia. A Cameron le encantan los desayunos. Además, a mi también me encanta desayunar. No te pasará nada por quedarte un día con nosotros a desayunar. —Yo no desayuno. -Dijo él con una risita. —Es extraño, lo sé, pero no lo hago. —Ahora sí, tendrás que hacerlo. Por favor, por Cameron. Comienza en pequeño, algo leve, dos tostadas, un jugo. Si te ve en las mañanas y le hablas se sentirán mejor, ambos. Él asintió, lo iba a intentar. —Bien, mañana me quedo. ¿Es muy pronto? —No, no lo es. Es perfecto. Los dos se llevarán bien, lo sé. Es que son idénticos, tú te levantas temprano, él se duerme temprano. ambos son tímidos, y es que nunca me había dado cuenta antes, pero ahora que he convivido contigo me he dado cuenta de lo mucho que se parece Cameron a ti. Realmente es una locura. No sabía eso. Él sintió como el pecho se le henchía de un orgullo que no había sentido antes. Saber que había una personita como él y que podía vivir una mejor vida de la que él vivió le daba esperanzas, era como sentir una segunda oportunidad. Aunque sabía los peligros de hacer vivir tu propia vida en un niño... Él no haría eso, por el contrario, le daría las herramientas para que lograra sus sueños y pudiera alcanzar la cima por sus medios. Tenía que enseñarle el valor de la verdadera humanidad, después de todo, para eso está un padre en la vida de un niño. —También es muy parecido a ti. -Él había observado a su hijo y tenía la misma risita risueña y el candor de su madre. Era alegre, inteligente y muy observador. Tenía muchos gestos de Thalía y en su presencia se sentía muchísima calma. Lo mismo que sentía él cuando Thalía estaba cerca. —Has sido una magnífica mamá. Creo que elegí una buena madre para mi hijo. —No lo hiciste. —Pero de haberlo hecho, te habría escogido a ti. Si Cameron crece para ser como tú entonces yo seré el hombre más orgulloso del mundo. Sabré que será un joven que lo dará todo, que va a sentir sin reservas y que se entregará en alma y cuerpo en cada proyecto que quiera liderar. No podría estar más feliz con que tú seas su madre. -Le sonrió. Él quería honrar a Thalía de alguna forma pues eso jamás lo había visto con sus padres. Siempre había recriminaciones, reclamos, peleas. En ningún momento su padre reconoció la labor de su madre o viceversa. Él no cometería ese error con Thalía pues ella se había ganado su respeto, su consideración y también su admiración. —Eres una mujer excepcional. —¿Sabes? Lo que me dices es muy bonito, se siente bien. Se siente muy bien. Yo sé que quizá no haya sido la mejor mamá del mundo, pero me esfuerzo y que lo reconozcas se siente muy hermoso sobre todo considerando que te negué tu paternidad. —No me la niegas ahora. Realmente me siento feliz de que Luis se haya enamorado y hubiera querido casarse, me alegra que hubiera acabado en tu negocio y que te hubiera encontrado. Ambos se sonrieron y con lo cerca que estaba ella, David supo que quería besarla y que ella no iba a rechazarle. Se inclinó lo suficiente como para que se entremezclaran sus alientos, le acarició la mejilla y la sintió temblar bajo su toque. —David... —Thalía... -Y acalló sus palabras con un contacto de labios que ella esperaba, lo sabía por la forma en la que cerró los ojos con aquel roce y como su boca gimió levemente rindiéndose a él. Lo deseaba, lo necesitaba y era una maravilla saberlo. En el momento en que su boca tocó la de ella, Thalía se olvidó de todos los preceptos que la habían hecho levantar sus barreras. Allí, a media luz, en el comedor de la casa de David, se olvidó que su matrimonio era irreal, una falsedad. Con la cálida mano de David acariciando su mejilla y sus labios cubriendo los suyos, comprendió lo que era la felicidad, la bella y dolorosa felicidad. No podía compararse a nada que hubiera sentido antes. No podía compararse a nada que hubiera imaginado jamás. Se separó de él y pasó la lengua por sus labios, sintiéndolos hinchados y sonrió. —¿Todo bien? —Sí. Todo bien. -Se sonrojó y pestañeó varias veces. —¿Mañana te quedas a desayunar? —Sí. Me quedaré a desayunar. No solo mañana, todos los días. Realmente me importa esta familia, Thalía, y te lo demostraré. Quiero hacerlo, es mi necesidad hacerlo y ser el padre que Cameron necesita y si me dejas, el esposo que siempre has merecido, Thalía. Eso le daba miedo, no incluía amor y ella lo sabía, aunque eso había sido en el pasado, pero tal vez en el presente, él pudiera enamorarse de ella. Tenía que arriesgarlo todo, tal vez así lo lograría, porque sería mentir si ella decía que no sentía nada por David, porque lo sentía. Meses y meses y el amor no se había apagado. —¿Y te quedas conmigo esta noche? -Dijo ella con la esperanza de que él dijera sí. Sabía que era jugar con fuego porque querría más, aunque no sabía que tan dispuesta estaba a dar ese "más" esa noche. —Solo dormir. -Acotó. —no quiero incomodarte. —Está bien, no me incomodas, Thalía. Además, así puedo dormir más, es extraño, dormí más contigo que lo que siempre suelo dormir a pesar de que me cargo de actividades para terminar tan agotado como me sea posible. Lo hago pero no resulta, no logro dormir mucho. A ella le preocupó saberlo, no sabía desde cuando a él le pasaba eso, definitivamente su nueva labor sería convencerlo para que fuera con un médico y se pusiera en control. Aquella noche durmieron juntos, y a las seis con cuarenta de la mañana fue que los dos se despertaron viéndose abrazados al otro lo que provocó las sonrisas de ambos. Se levantaron juntos y fueron a sus baños por separado, puesto que aún no tenían la confianza como para compartir aquel momento íntimo. Se ducharon, se vistieron, y luego salieron a la cocina a hacer el desayuno. David insistió en ser él quien hiciera los panqueques del niño y Thalía se encargaba de la comida de ella y de David. En media hora lo tenían todo listo y al verlo tan nervioso, le tomó la mano. —Vamos a despertarlo, juntos. Lo harás bien. -Él sonrió y apretó la mano de Thalía, la siguió al cuarto de Cameron y lo vio dormir. Parecía tan calmado mientras lo hacía que no quiso despertarle. —Con cariño, siéntate al borde de la cama conmigo. —Okay, claro. -Lo hizo y la vio como le acariciaba el cabello y las mejillas mientras lo llamaba. —Cameron. Cameron. Nene, despierta. Ya salió el sol. -Sonrió y le dio un beso en la mejilla antes de verlo bostezar y abrir sus hermosos ojos azules. David quedó impactado una vez más por ese color. Él los tenía iguales. El niño los miró y sonrió para ambos. —¿Qué crees? Decidió desayunar contigo porque tiene mucha hambre ¿Lo dejamos? Al verlo asentir quiso sonreír. —Tengo una idea. Yo lo ayudo a lavarse los dientes y tú pones la mesa, Thalía. ¿Sí? —¿Quieres eso, Cameron? —Sip. -Dijo el niño con determinación. Thalía se levantó y los dejó solos como padre e hijo. Aunque la mesa ya estaba puesta entendía porque David lo pidió, quería estar a solas con el niño y sentir confianza por su cuenta para crear lazos con él. Los observaba por la puerta. Quiso reír cuando escuchó cantar a David la canción de la crema dental para que el niño se lavara los dientes. Lo ayudó a peinarse y vestirse y luego salió con él cargado hasta el comedor. Antes que lo hiciera, Thalía casi corrió hasta ahí para que no supieran que ella estuvo viéndolos todo el rato. Le gustaba ver que parecían una familia de verdad, tal vez no era alocada la idea de que lo fueran no solo por sangre sino también por corazón. Desayunaron juntos y luego, decidieron no ir a trabajar, era mejor quedarse con su hijo. La ventaja de ser los jefes. Fue el mejor día de la vida de Cameron y David decidió que no sería el único, lo repetiría tantas veces como le fuera posible. No se había planteado jamás la paternidad pero sin duda alguna le iba fabulosamente, era como si siempre hubiera estado dormida dentro de él y solo esperaba a una oportunidad como esa para salir y relucir. Era ser padre un impacto no solo para Cameron, sino para él. Se sentía mucho más hombre que nunca al hacer lo que de él se esperaba con respecto a su hijo. Era su verdad absoluta. En menos de un segundo con una sonrisa de ese niño, había conocido lo que era al menos el amor de un padre por su hijo, se refugiaba en su cariño. Encontró que la vida era mucho más fácil con Cameron, al menos eso lo supo en solo un día. Le calmaba el alma con su inocencia infantil y lo disfrutaba muchísimo. Era su luz, su alegría... Y deseó regresar el tiempo para poder vivir desde el primer momento de su existencia con él. No culpaba a Thalía, se culpaba a sí mismo, y los años de sequía sin amor se habían vuelto un oasis para él, y ese oasis era Cameron y Thalía. Los necesitaba en su vida y era una cosa irreal y difícil de reconocer saberlo, pero lo reconocía y no se avergonzaba de ello.
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