Mientras iba conduciendo a casa, David vio como su hermana se quitó los tacones y se recostó en el asiento del auto. —No debimos dejarla. -Dijo bostezando. —necesitaba ayuda.
—Le ofrecí ayuda y dijo que no.
—Toda la escuela vive molestándola. Yo intenté ser buena con ella pero jamás quiso hablar conmigo. Es triste, creo que pudimos ser buenas amigas. Es muy inteligente. ¡Que bueno que la defendiste! ¿Quién fue esta vez?
David hizo una mueca y negó. —No lo sé, El. Y no me importa. Fue mi buena obra del día. Me dio lástima. -dijo y siguió conduciendo sin querer hablar sobre el tema, pero fue llegar a casa y que su hermana le contara todo a Alexander, su hermano mayor y de inmediato lo mandó a llamar para reñirlo como si fuera un niño. —Antes de que digas algo, no conozco a la chica que salve, Eloise exagera todo.
—Vamos, ¿Pero qué fue eso de la lástima? Eloise me dijo que lo hiciste por lástima. ¿Por qué?
—Porque eso causó en mí. -dijo con una risa. —Alex, no la viste, era deprimente. Gorda, y de rosado, le dijeron cerdito y pues... Yo soy adulto, no iba a entrar en el juego y no iba a dejarla ahí. Me dio lástima.
—Qué estúpido eres. En fin, es bueno que hayas hecho lo que hiciste.
—Por lástima. Y lo peor es que pude ver los ojos de esa niña, como si hubiera bajado el ángel Gabriel a salvarla. Fue patético.
—¿Qué no tiene diecisiete años? Cállate, me das jaqueca, lo que importa es que hiciste lo correcto. Da igual, mejor hablemos de lo que nos atañe, igual iba a contarte todo lo que estaba pasando. No puedo hablar con Ben porque como sabes está en su luna de miel, pero es concerniente a la empresa. Hay bajas, David.
La distracción le venía bien, no quería seguir pensando en aquella chiquilla que rescató en un momento de heroísmo en la escuela de su hermana. Aunque no quería pensar en que a la empresa de su familia le iba tan mal. —¿Hay algo en lo que pueda ayudar?
—Desde la muerte de papá el nuevo presidente ejecutivo ha hecho desastres, sabes que los accionistas no quisieron entregarme a mí el puesto porque me consideraron muy joven y ahora que es necesario hacer ajustes, me ponen al frente como carne de cañón. Sabrá Dios cuanto robaron, David. Mi esposa ya propuso presentarse como inversionista, pero la producción será más pequeña. No sé que hacer con la empresa. Y luego estás tú.
David tragó saliva y negó. —No he hecho nada.
—Nada bueno. Hablo de Scarlett, esa chica no es buena para tí, ¿Has visto todo lo que gasta de tu tarjeta? Será mejor que esto termine. Tienes una deuda enorme con los bancos.
Scarlett no era su novia, solo una mujer con la cuál tenía sexo. No había sentimientos de por medio, pero sí que le gustaba mantenerla. Era cierto, lo estaba dejando en la ruina. —Terminaré con ella. -dijo, le importaba más su familia que aquella chica. —No te preocupes. Ya pagaré.
—Sí, y para asegurarme de que aprendes tu lección sobre no dejarte llevar por caras bonitas, por lástima que te tento y porque estoy al frente de esta familia, te irás a trabajar como pasante en la sucursal de Escocia. Allá estarás, harás lo que se te ordene, quiero enseñarte a ser responsable, porque eso te falta, David. Estudiaste, pero dejaste la carrera, te dedicaste a los viajes y a los placeres y esta familia necesita que seamos fuertes, no niños mimados. Así que te devuelves a Escocia, trabajarás y estudiarás, ya pagué el semestre, no hagas que todo caiga en un saco vacío.
—No soy un niño mimado. Pero ¿Acaso lo de Escocia es para alejarme de Scarlett? No es necesario ser tan drástico. -dijo alzando una ceja. —no soy un niño, trátame como hombre ¿No te parece? Y no quiero volver a Escocia.
—Vas a volver ahí. Te gustaba tu carrera, no creo que hayas abandonado porque ya no le veías sentido. -David pensó y en realidad no era así, pero mucho dolor lo había dejado atrás y era mejor no volver a esos lugares. —¿Qué pasó en Escocia?
La cicatriz en su muñeca recordaba su pasado y su tristeza, pero no quiso hablar con su hermano. Negó y se levantó de su silla rápido. —Volveré a Escocia, luego de terminar con Scalett Graham. -y no esperó que su hermano dijera otra cosa, salió del estudio y decidió ir en su auto a visitar a aquella chica que tanto desaprobaba su familia, y por qué no, darle una "despedida".
Era una rubia bomba escandalosa, una modelo con gustos de millonaria y él le había caído en gracia por su billetera y no por su personalidad. Estaba su cara en los tabloides y encaraba muchos chismes en la prensa amarillista. Sabía que su madre, Daisy Martins, no aprobaba que él saliera con esa mujer, y más de una vez se había visto envuelto en las escenas y pataletas de Scarlett dejando manchas en el apellido de su familia debido a las noticias.
Se fue en su coche y se encontró con Scarlett, esa noche, lo tenía todo aunque fuera un sentimiento fugaz. Era un hombre de gustos refinados, de beber coñac del caro y tener siempre a una belleza de su brazo, y siendo Scarlett una modelo tan popular, eran una pareja explosiva.
Luego de haber pasado un buen rato con la modelo, de disfrutar de su cuerpo y beber un poco del coñac más fino que tenía la rubia en su casa, se levantó para irse, aunque algo le llamó la atención, un collar de diamantes que tenía Scarlett en la mesita. La rubia se levantó y al verlo sonrió. —Es falso, David. Me enteré que tu familia tiene problemas económicos. ¿Es cierto? Vuelve a la cama, por favor.
—No te concierne. -dijo dejando el collar en su lugar. —Da igual, no volveremos a vernos. Así que me voy a Escocia. -dijo vistiéndose con su ropa tras recogerla del suelo. —Acabó.
—Tu hermano te manda lejos porque sabe de que soy capaz.
—Mi familia no sabe nada de ti, pero igual esta relación era puramente física. -dijo abrochándose sus pantalones. —Adiós, Scarlett.
—No me olvides.
—Eres difícil de olvidar. -dijo y sonrió, aunque cuando salió por la puerta no tuvo ni siquiera lástima de aquella chica. Ella era problemática, y gracias a Dios y a Alexander se iría lejos de ella.
Y así, David Martins terminó en Escocia. Y fue llegar a la sucursal lo que hizo que viera el verdadero estado de las cuentas. Su familia estaba muy mal y él, con sus gastos a manos llenas había causado un pésimo daño a las finanzas de la familia. Necesitaba resolverlo todo, devolverlo todo, pero no tenía idea de por donde debía empezar.
El trabajo se caía cada vez más, alguien había hecho cosas ilegales con la empresa, y necesitaba salvarla.
Era el trabajo de su padre, a la cuál le había dedicado su vida entera y en el cuál su madre lo apoyó. La empresa de alimentos había sido su mayor impulso y no quería que la embargaran y todo se perdiera. Sus hermanas menores, Caroline, Eloise y Francesca necesitaban aún terminar sus estudios y merecían ir a buenas universidades, tenía que hacer algo y pronto.
Muy pronto. Pero por aquel año no había mucho que hacer respecto a la empresa.
¿Qué sucedería con su patrimonio?