Gemas raras

1322 Words
"Los diamantes se forman bajo presión extrema y con calor constante capaz de matar... Las perlas vienen después de ser un fino grano de arena que dentro de las ostras, feas y sin color, se recubren de nácar haciéndolas lucir hermosas. El oro se pasa por fuego. Las circunstancias pueden destruirte... O pueden hacerte brillar." *** Las tres hermanas Ferrer no eran demasiado populares. Ni siquiera en el internado al cual asistieron fueron demasiado vistas (aunque pertenecieran a una familia acomodada). Siempre desapercibidas, criticadas y señaladas, siempre al margen pero jamás bajo el reflector. En sus años de instituto solían sufrir de bullying pues las señalaban por ser muy altas, muy delgadas o, en el caso de Thalía, muy gorda, y aunque su padre era un importante empresario, no tenía tanto prestigio como otras familias de la zona y que pertenecían a un status más alto. Jamás las invitaban a salir pues ningún chico se fijaba en ellas a no ser que fuera para burlarse. Y en el baile de su graduación las tres estaban a la orilla de todo, aunque era la menor, Thalía, quien escuchaba los insultos. Sus compañeros murmuraban. "Parece un cerdito con ese vestido rosa y con lo gorda que es" "Un globo, tengo un nuevo apodo para ella: globilía, suena como una enfermedad" "Sus hermanas parecen escobas y hablan como ratones pero al menos hablan, Thalía no tiene personalidad" Y Thalía los escuchaba. Sabía que sus hermanas, lo hacían igual pero no prestaban tanta atención, a diferencia de ella que sí lo hacía. Dolía. Cada palabra en su contra dolía como si le clavaran cuchillos calientes en el pecho y quería creer que valía más por su intelecto que por su belleza. No se sentía hermosa, y al mirarse al espejo los insultos se volvían aún más reales. Era común. Su cabello era demasiado n***o, su nariz demasiado pecosa, su piel demasiado rosa y su peso no ayudaba. Era gorda, pues teniendo que pesar alrededor de sesenta kilos, cada que se subía a la báscula, tenía al menos treinta kilos más de los que debía. Nadie saldría con una gorda como ella. Pero era una chica y tenía deseos, y sueños, todos propios de una mujer. Después de todo, a los diecisiete años ni siquiera había recibido un beso. Veía chicos pero jamás se había enamorado de nadie pues ninguno era lo suficientemente amable con ella. Sin embargo tenía que admitir que muchos chicos de su escuela eran muy guapos. Y si tenía suerte, aquel día sería el último día en verlos ya que en sus planes estaba irse a la universidad, cambiar por completo y empezar de cero en algún lugar lejano. —Iré por aire. -dijo a sus hermanas saliendo del salón donde se celebraba la fiesta. Lo sentía todo tan sofocante que apenas podía respirar, el ruido era tan atronador que ya le dolía la cabeza y siendo sincera consigo misma, ni siquiera había querido ir. Se sentó en un banco del exterior cuando uno de los matones que la molestó durante toda la secundaria se acercó y la empujó haciéndola caer. —¡Thalía! Que bonita estás, en serio. ¿Sabes a qué me recuerdas?... ¿Te dijeron que era una fiesta de disfraces? -Cuando estuvo por levantarse, Nigel, volvió a empujarla haciéndola embarrarse de lodo. —Ya sé a lo que me recuerdas. ¡Un cerdito! Sí que era patética, de haberse quedado dentro de la fiesta no habría acabado con el vestido manchado de barro. Estaba a nada de llorar cuando vió una sombra, alta. Pensó que era otro de los chicos que la molestaban, pero no fue así. —Parece que te dijeron lo mismo, Nigel. Ese traje gris te hace lucir como un burro. Discúlpate con la chica. -Thalía alzó la cara y en cuánto él la miró le tendió la mano y ella, con algo de miedo, la aceptó y él la ayudó a levantarse. —¡Y a ti! ¿Qué te importa la cerdito? -Parecía que Nigel no se había dado cuenta que quien estaba ahí era un hombre. Thalía miró a aquel chico que era tan alto que fácil llegaría al metro ochenta y nueve (era buena calculando). Nigel intentó golpearlo pero de inmediato él lo detuvo y sonrió. —Yo no haría eso si fuera tú. ¿Sabes? Tal vez mañana la señorita cambie, aún le falta crecer, pero tú seguirás siendo un idiota. -Y de la nada lo golpeó. Apenas creía que un chico la estuviera defendiendo. Nigel chilló y salió corriendo dejándolos solos. Thalía se alejó del chico un poco y en cuánto él la vio y le sonrió quedó pasmada. Tenía los ojos verdes y el cabello n***o, sus rasgos tan masculinos le hicieron ver que era mayor, aunque no sabía que tanto. —De verdad lamento lo que pasó. -Thalía no dejaba de pensar que había encontrado a su héroe y se sonrojó. —no soporto a los bravucones. ¿Señorita...? —Ferrer. -dijo rápido. —Thalía. Perdón, señor, yo debería entrar a la fiesta. Le agradezco su ayuda, de verdad. Y él la miró de pies a cabeza y ella agachó la mirada apenada. —¿Así? ¿Con tu vestido sucio? Puedo llevarte a casa en mi auto, vine por mi hermana. —¿Su hermana? Perdón, no es mi intención ser curiosa. No se preocupe, gracias de nuevo. Y entonces la vio, la chica iba a su mismo curso, la conocía. Eloise Martins, una de las niñas más bonitas de toda la escuela, y también una de las más amables, incluso a ella la había tratado bien. Debió ver el parecido porque tenía los mismos ojos verdes pasmosos que su hermano. Corrió y lo abrazó con fuerza. —¡Viniste! —No iba a dejarte aquí, "carita de ángel". Vámonos. -y le dedicó una última mirada a Thalía junto a una sonrisa. —¿Segura no quiere que la lleve a casa? —Ay Dios, ¿Thalía qué sucedió? ¿Estás bien? -Pero dio un paso atrás. —David, hay que ayudarla. David Martins, hermano de Eloise Martins. m*****o de una familia cuyo dinero superaba al de su familia. Negó y se sacudió el vestido como pudo. —No se preocupen por mí, no tuve nada. —Espero que no la vuelvan a molestar, señorita Ferrer. -dijo David quitándose su abrigo y tendiendóselo. —debería cubrirse. -y Thalía casi salió corriendo dentro después de tomar el abrigo. Eloise vio a su hermano y comenzó a reír al ver como ella se alejaba. —Tiene mi edad, tú tienes veintidós. Eres al menos cinco años mayor. —Cállate, jamás me fijaría en ella. —Eres tan cerrado de mente. -Eloise se subió al auto y su hermano igual lo hizo para conducir de regreso a su casa. Thalía volvió con sus hermanas y guardó el abrigo después de explicarle a su familia que había sucedido. Esa noche solo pudo pensar en David Martins, y ya que no podía dormir, stalkeó todas sus r************* , pues ella ya había encontrado un motivo para soñar. *** Una semana después ya estaba rumbo a Francia para comenzar la universidad, el abrigo de David la acompañaba y lo abrazaba sabiendo que había encontrado el amor. Su corazón se aceleraba al pensar en él y siempre soñaba y escribía su nombre junto al suyo. "David y Thalía", o "Señora Martins". Y como él mismo lo dijo, a ella todavía le faltaba crecer, y cuando cumplió diecinueve ya no podía decir que era "gorda" sino "agradablemente redondeada", y ya pesaba al menos setenta kilos, y aunque no podía hacer mucho más (ya que como dijo su médico, su peso venía por sus problemas de ovarios poliquísticos), se sentía mucho mejor consigo misma. Se sentía más bonita. Se sentía más digna de un hombre como David Martins. ¿Acaso tendría oportunidad al volver a Inglaterra?
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