Recordaba el día que le dijeron que tendría que casarse con Thalía. Pensó que era la chica más insufrible y malcriada que pudo haber imaginado. La veía hacer lo que quería y eso le frustraba porque sabía que ella lo quería a él.
Y lo conseguiría gracias a sus padres.
Con aquel contrato quedaba sellado, se sintió como una mercancía que Thalía Delmonte compraba y luego de su boda y un breve instante juntos no quiso volver a sentirse como un gigoló que solo estaba ahí para embarazar a la “niñita de papi”. Así que se fue.
Thalía no era lo que quería.
Al verla frente a él en aquel momento se dio cuenta que necesitaba agudeza visual para notar que Thalía era más que lo que dejaba ver, en su pasado la había catalogado como una chica caprichosa, fría y malcriada pero ahora que la conocía más luego de su reencuentro se dio cuenta de que ella era “MÁS”; y podía ver más pero no quería admitir que ella era mucho más. Estaban sentados uno frente al otro en pleno almuerzo revisando algunos movimientos ilegales de la empresa de su familia y buscando la mejor forma de denunciarlos sin que hubiera consecuencias tan graves, pues después de todo, no querían que hubiera un escándalo. —Realmente quisiera comer macarrones con queso. No puedo pensar sin macarrones. Es extraño ¿No te parece? -Ella revisaba los papeles y echaba a un lado la ensalada de papas, zanahoria y huevos que él le había pedido al servicio. No tuvo que pedirlo demasiadas veces pues al momento se le estaba retirando el plato para traerle lo que ella quería. —Es que no me gusta mucho la ensalada cocida, sé que es infantil pero no me gusta. -Miró a la criada y sonrió. —Ay gracias, de verdad.
—¿Cómo es que nunca me di cuenta antes? -Thalía alzó una ceja y se acomodó en su asiento mientras David la veía de reojo. —¿No vas a decir nada?
—No sé de qué estás hablándome. Simple. Mejor dime a qué te refieres. Mira, lo encontré. -Dijo señalándole un movimiento en el estado de cuenta. —Estas salidas y entradas de dinero son algo grande, y están cubiertas como “Cerveza Premium”, pero al revisar el inventario de este punto del mes no hay ninguna salida de exportación de esta magnitud. Creo que esto es lo que buscas. -Ella notó cómo la miraba y se puso incómoda. —David, ¿Qué pasa? ¿Qué ves?
Él sonrió haciendo que ella se sonrojara. —Te veo a ti. ¿Cómo es que siempre te sales con la tuya? Nunca me había dado cuenta de eso ¿Y si me cuentas como sobreviviste todos estos meses en el que estuviste sola? Es evidente que tienes agudeza visual, algo muy importante en los negocios. Tú tienes eso, eres muy lógica. Así que me interesa conocer más de tu historia. ¿Me cuentas? -La miraba con mucha intensidad y Thalía se removió incómoda pues era la primera vez que él le hacía preguntas sobre el pasado.
Realmente no sabía qué tan buena idea sería, él jamás había mostrado interés por saber de ella, hasta ese momento. Cerró la carpeta y dio un suspiro largo antes de mirarlo. —No fue nada especial.
—Yo creo que sí lo fue. Tal vez no haya sido una experiencia agradable pero sin duda te dejó huellas. Y quiero saberlas.
Ella le dio una ligera sonrisa y se acomodó el cabello tras la oreja. —Bueno… En resumen, dejé España apenas me enteré de mi embarazo, David. No quería quedarme ahí con todas esas miradas de lástima después de todo, te veían en las noticias con Camila y salía en cada nota de prensa sensacionalista y yo estaba sola. Quería pensar que podía empezar de nuevo, que merecía empezar de nuevo. Lo siento, no debería hablar de eso.
Él la miró y suspiró. —Lamento lo que te hice. Eso no te lo merecías. Yo estaba enojado con este matrimonio pero no era tu culpa, solo debía enojarme con las personas que arreglaron este matrimonio. Debí tratarte mejor pues también eras una víctima.
—¿Puedo preguntarte por qué lo hiciste? Si no querías este matrimonio ¿Por qué lo aceptaste? Tenías más posibilidades de romper con el acuerdo de las que yo tuve. -Ella quería aquella respuesta, le costaba dársela porque ni siquiera él podía responder bien esa pregunta. —David…
—Supongo que tuve miedo en el primer momento, Thalía. Luego te vi en nuestra boda, hice todo lo que se esperaba de mí y me sentí del asco. Me sentí como una mercancía. Por mucho tiempo no pensé que tú podrías estar sintiendo eso mismo, sintiéndote como yo me sentía. Hasta ahora me doy cuenta de que eras mucho más de lo que yo pensé que eras. -Dijo un tanto apenado mientras la miraba. —Lo lamento, en eso me faltó mucha agudeza visual, la misma de la que me he enorgullecido por tanto tiempo y que no tuve cuando se trató de ti.
Ella tenía una pregunta más, tenía que saberlo pues ahora con todo lo que decía le hacía pensar que podrían haber tenido un futuro juntos si tan solo se hubieran propuesto que su matrimonio funcionara. —¿Tú crees que habríamos sido felices de haber estado enamorados? No lo sé, es una pregunta tonta. -Dijo suspirando antes de que le trajeran los macarrones y comenzaran a comer juntos. No hubo palabras, aunque David comenzaba a pensar que tal vez podría haber funcionado de él haber amado a Thalía, pero en el corazón no se mandaba y él no la amaba. Nunca había amado a nadie realmente, ni siquiera sabía cómo era el amor. —Buen provecho.
—Es... gracias. Lo mismo para ti. -Le vio comer y buscó pensar. Su corazón ya no odiaba a Thalía, había algo que lo unía a ella pero no sabía si era culpabilidad o el hecho de que tenía un hijo con ella. Estaba seguro que podrían ser las dos cosas. No sabía cómo definir lo que sentía. Ella lo miraba y él se comenzaba a sentirse nervioso por eso. —¿Tengo algo en la cara? Me miras muy raro, Thalía.
Ella comenzó a reír y negó. —No. Solo estoy pensando en cómo sobrellevar todo esto que nos está pasando y un "que vamos a hacer". Nuestros familiares pronto se darán cuenta de que estamos juntos… Ya están en Nueva York, buscándonos. Sé que me dijiste que es el momento perfecto para realizar todo los trámites que queremos porque no están para supervisar, pero tengo miedo. ¿Qué van a pensar cuando nos vean casados nuevamente?
—¿Realmente te importa lo que piensen ellos de ti o de mi? No creo que merezcan esa clase de atención de parte de ambos.
—Sí me importa. Pensarán que su plan resultó perfecto y que todo lo que han querido se hizo realidad gracias a ese contrato que ellos firmaron hicieron para nosotros. Que estamos como “marido” y “mujer” debido a que ellos orquestaron todo.
—No estamos juntos del todo. Solo estamos casados de nombre ¿No te parece? Esa es la realidad y no vamos a cambiarla. ¿Qué van a decir? Hay un nuevo contrato, tenemos un hijo y ya. La fábrica puede quedarse con ellos, yo no la deseo. No quiero nada que venga de ellos. Tal vez debamos dejar todo como está. -Dijo algo cansada. —Me duele mucho la espalda. Estoy agotada. Todo esto, el plan, me tiene terriblemente agotada.
—Quizá lo mejor sea comer ahora y no pensar en eso. ¿Sí? -Ella no quería hablar al respecto y lo entendía. Tal vez después podrían conversar sobre eso pero tal vez no, no habría necesidad de ello, seguramente. —Mejor descansamos por ahora. Veamos una película en el sofá.
Se quedaron en silencio almorzando hasta acabar y al terminar, Thalía se levantó y tomó ambos platos para llevarlos a la cocina y lavarlos. Tenían criadas para eso, pero al parecer ella disfrutaba de algunas labores domésticas, era extraño saberlo. —Me parece una buena idea. Me gustan las películas. ¿De qué clase?
—¿Has visto “Glass Onion”? –Ella negó y de inmediato la tomó de la mano con algunas chucherías para irse al sofá a ver la película. Se quedaron comiendo y viendo mientras David explicaba lo que le gustaba de aquellos tipos de producción. Thalía estaba fascinada, no era una faceta que hubiera podido ver antes, e incluso con todo lo detallista que ella solía ser jamás se habría dado cuenta. Él no dejaba ver nada sobre sí mismo. Disfrutó la película y de los comentarios de David mientras la veían pero el mismo cansancio la hizo caer y quedarse dormida sobre el sofá en una posición que era posible que acabara con un terrible dolor de espaldas y de cuello. David al verla la cargó, sonrió al sentir el calor del cuerpo de Thalía en las palmas de sus manos. Caminó hasta el cuarto donde ella se quedaba y la acomodó sobre la cama, desabrochando luego su ropa para que estuviera más cómoda. Vio su piel nívea y las pecas y el deseo lo golpeó de inmediato. Recordó su primera vez, cómo tocó cada una de aquellas marquitas y probó sus labios dulces y embriagantes. Le había dado miedo entonces de que le gustase demasiado y huyó, pero ahora estaba seguro de que no habían bastado los kilómetros de distancia y menos el tiempo para que le dejase de gustar.
La dejó dormida y se fue a su habitación a descansar también un poco.
Ojalá pudiera tener cosas diferentes.
Se puso a pensar, a recordar cuando era más joven y deseaba una familia de verdad, hasta que comprendió que nunca habría tal cosa y que su deseo era una tontería. No quería soñar demasiado y que nada fuera real. Mejor ser un pesimista, la realidad era más cruda que los sueños. Thalía era un sueño imposible, amarla no era posible porque el amor no existía.
Estaba seguro de que no existía.
En la tarde buscó a su hijo y dejó a Thalía descansar. Hannah lo ayudó a cuidarlo y él se dedicó a cocinar. Hizo pescado y ensalada, y cuando Thalía se levantó todo estaba listo. —¿Salmón?
—Sí. Hay que comer. ¿Vamos?
—No, no me gusta el salmón. ¿Podemos cenar otra cosa? Perdón, no sabía que harías salmón. –Dijo ella un poco apenada. —Me haré un sándwich. Y a Cameron, gracias por irlo a buscar.
—No fue nada. ¿Dormirás luego de comer? ¿O tienes ánimos de otra película? -Thalía se negó y eso decepcionó un poco más a David, sin duda, la Thalía de antes habría hecho lo que fuera por complacerlo y lo sabía. Ella siempre hacía lo que fuese necesario para caerle en gracia, sin embargo, la Thalía que tenía enfrente le gustaba más que la complaciente. Adoraba que tuviera pensamiento propio y se negara a hacer cosas. —No te preocupes, lo entiendo.
—Sí, perdón, pero sí debo dormir bien. Mañana tengo que trabajar, justamente en la boda de tu guardaespaldas, sigo siendo su organizadora. -Dijo con una sonrisa antes de hacer unos sándwiches. —Alimentaré a Cameron y luego a la cama, ya es tarde. Es tarde. Y ya es tarde. Buenas noches. -La vio irse y suspiró, se notaba nerviosa con él, como si de alguna manera le hubiera afectado que él la hubiera llevado a la cama y dejarla dormir. Lo pensaba en todos los sentidos y se daba cuenta que seducir a aquella mujer iba a ser duro. Eso sí que iba a ser difícil para él. Sentía que podrían tal vez llevarse mejor, sabía que ella lo estaba tratando como un extraño y no podía culparla, no le conocía, lo que sabía de ella era algo superficial, jamás quiso conocerla y ahora que se daba cuenta que había crecido y que ya no era la niña que esperaba paciente porque él regresara, se sentía perdido. Era como si otra Thalía era quien estuviera llenando cada salón de su casa y no tener el control lo asustaba.
***
Había despertado en su cama sin la ropa con la que se quedó dormida y supo exactamente qué pasó. Estaba viendo una película con David y en algún punto se quedó dormida, estaba tan cansada con todo el ajetreo de la semana que cayó como si la hubieran noqueado en un cuadrilátero de boxeo.
No había más personas en la casa que pudieran ayudarle a llevarla, así que asumió que él la cargó.
Lástima que hubiera estado dormida y se hubiera perdido de aquel gesto. La antigua Thalía se hubiera derretido sin duda. El solo pensar que él la sostuvo en sus brazos, la dejó sobre su cama y la puso cómoda para que durmiera tranquila y sin preocuparse, la hizo sentir como en una nube. Un calorcito muy bonito le recorría el cuerpo y tuvo que recordarse porque estaba en aquella casa. Suspirando sobre el colchón y viendo el techo como una loca, decidió que tenía que pasar mucho menos tiempo en presencia de David o todas sus barreras se harían añicos.
Se estaban haciendo añicos. —Ay Dios, qué locura esto. -Dijo acomodándose en la cama mientras pensaba en lo divino que hubiera sido que él se metiera a la cama con ella y se acostara a dormir, abrazándola. Nunca había dormido con alguien, pensó en sus brazos y en su calor y le gustó.
Lástima que no hubiera sucedido, y quería que sucediera pero sabía que no iba a suceder. Podía verlo porque a pesar de los momentos de amabilidad que David tenía con ella, no había ningún interés amoroso que lo moviera. Solo quería j***r a la familia y la necesitaba para eso.
Durmió y soñó con que él hacía justo lo que ella había pensado.
Así vivía siempre su vida en algunos aspectos, llena de sueños y cargada de fantasías.
Cuando salió él estaba cocinando otra vez pero ella quería pasar el mínimo tiempo pues su corazón estaba peligrando otra vez. No es que odiara el pescado, solo odiaba que su corazón y su amor fueran expuestos y quedar destrozada una segunda vez. Dijo que prefería un sándwich y lo hizo en tiempo récord y casi se cortó cuando picaba un tomate. Se fue con su hijo a comer a su habitación y luego solo se volvió a acostar intentando conciliar el sueño de alguna manera. —Ay David. Desearía que todo fuera más fácil entre tú y yo. Desearía que no me hubieras encontrado, seguiría con mi vida como si nada…
Pero eso no era del todo cierto. Conocía sus sentimientos mejor que nadie y sabía que aunque tratara de negarlo, aún cuando intentaba ocultarlo, sus sentimientos por David Martins no habían cambiado.
Cualquiera con agudeza visual lo sabía, y cualquiera que los viera sabía que él no sentía lo mismo por ella. Lo único que había cambiado ahora es que la respetaba y escuchaba.
Pero no la amaba.
***
La rutina se hizo evidente para los dos, ambos querían más, deseaban más y ninguno daba el paso porque creían que él otro no lo quería. Los dos estaban ciegos en sus mundos y solo se reunían por cuestiones de su plan para hundir a la empresa familiar. Ni siquiera comían al mismo tiempo en la mesa. No volvieron a compartir películas. Los dos se estaban convenciendo de que no tenían nada en común.
Cuando David bajó a la sala esa mañana vio a Thalía y quedó pasmado. La falda de tubo negra resaltaba sus curvas y podía notar los pezones a través de la tela de su camisa.
No llevaba brassier. La vio en el espejo acomodando sus aretes y dió una mirada por su cuerpo hasta llegar a sus pies en aquellos tacones abiertos que dejaban ver sus pies. Imágenes eróticas de Thalía, despeinada y sobre una mesa, desnuda y con solo aquellos tacones recorrieron su cuerpo y tosió un poco haciendo que ella volteara. —Buenos días.
—Hola, Thalía. Te ves hermosa.
—Gracias. –Dijo ella viéndolo con aquel traje Armani color azul oscuro. Lucía guapísimo, al menos a su vista, la camisa abierta en el cuello y sin corbata. Su perfume masculino inundaba sus sentidos y la atontaba. Realmente era un peligro ese hombre. Supuso que debía darle también un cumplido, pues él se estaba esforzando mucho por ser amable con ella. —Tú igual te ves muy bien. Te luce ese color.
—¿Me permites llevarte hoy al trabajo? Podemos compartir el auto. –Era evidente que él quería romper el muro que los separaba y atravesarlo para llegar a ella. Esperaba que no le dijera que no. La miró sonrojándose y mordiendo su labio. Rogó al cielo que ella dijera que sí. La vio pasar su peso de una pierna a otra como si dudara. —Yo te pasaría a buscar en la tarde. Podríamos ir a comer a un restaurante y no solo aquí en casa. Puedo mandar a buscar a nuestro hijo para que nos acompañe. -Añadió solo para que Thalía no tuviera ninguna excusa. No paraba de mirarla fijamente, esperando. —Thali…
—Okay. Está bien. No nos hará daño si compartimos el auto, ¿Cierto? –Dijo ella con una risita algo leve. —Bueno, Hannah lleva a Cameron más tarde. ¿Nos vamos? –No cabía en sí mismo de la alegría que sentía. Le ofreció su brazo a Thalía en un gesto galante y ella lo tomó entre risas. —Esto no es normal en tí.
—Puede que sea mi nueva normalidad. Tal vez si le das una oportunidad puede que te guste. –Entraron juntos al ascensor y Thalía soltó de inmediato el brazo de David. Hacía calor y estaba temblando de sentir su poderosa presencia tan cerca. ¿La besaría? ¿Lo intentaría siquiera?
No estar segura la tenía frustrada. Lo vio poner la planta baja y esperó.
No sucedió nada de nada y eso la decepcionó un poco. Habría esperado que él la pegase de la pared del ascensor y la besara. Aquel día usaba un conjunto para tentarlo, la camisa, el escote, la falta de brassier, la falda ajustada. Él apenas había visto cómo iba. Cierto, le dió un cumplido pero más allá de eso, nada. —Te ves pensativa. –Dijo mirándola dentro del auto. —¿Todo está bien?
—Todo está perfecto. –Lo ignoró y no se dió cuenta de que la miraba con deseo, con las ganas hambrientas de un depredador a su presa.
Si tan solo hubiera prestado atención.