VIII - Conocerte

3326 Words
Era evidente para ambos que si querían salir de aquella rutina que los tenía atrapados. Ambos querían más del otro y lo que sabían es que debían conocerse más y David intentó poner más atención a Thalía durante aquellos días. En las semanas ella había mostrado cuál era su rutina. Trabajaba de lunes a viernes, se reservaba los sábados para pasarlos todo el día con Cameron y el domingo se dedicaba a limpiar. No conocía a nadie que tuviera dinero que se dedicara a la limpieza pero Thalía parecía disfrutarlo. La veía levantarse temprano los domingos y poner música para limpiar. Y aquella mañana estaba escuchando a Lasso. ¿Quién demonios era Lasso? Y ahí la estaba viendo cantar mientras se movía por el salón pasando la aspiradora. —NADA ES IGUAL, NADA ES IGUAL, NADA, SIN TUS OJOS MARRONES. -Santo Dios, si a veces desafinaba pero parecía que se divertía a lo grande al hacerlo. Y recordó la primera vez que la había visto en aquella extraña rutina y cuando le dio un invaluable consejo, pues, a pesar de todo, no sabía cómo acercarse a su hijo. *** Thalía y David no parecían tener mucho en común. De hecho, nada. Era un domingo de lo más normal cuando David se despertó por la música. ¿Quién diablos ponía música a todo volumen a las ocho de la mañana un domingo? —Dios, mátame. -Fue directo a la sala de dónde venía la música luego de haber echado a un lado sus sábanas y pararse como un poseído de la cama. Lo que vio le sorprendió pues nunca había visto esa parte de la rutina de Thalía. Estaba vestida con unos shorts y una camiseta. Tenía la aspiradora y estaba limpiando la casa mientras escuchaba música, cantando y bailando. Demasiada energía en una sola persona para un domingo en la mañana. —¿Se puede saber que haces? Hay servidumbre para eso. —Eres un snob. -Dijo entre risas mientras seguía pasando la aspiradora mientras seguía el ritmo de la música. —No seas gruñón, les di el día libre. Me gusta hacer aseo, y cocinaré algo en un rato. Deberías ir a ver si Cameron despertó. —Seguro que sí con el ruido que haces. -Pero Thalía negó entre risitas mientras terminaba de aspirar la suciedad del suelo. —¿Por qué? Es el primer domingo que pasamos juntos y no sabía que tuvieras tanta energía. Esto es raro. —No es tan raro, siempre lo he hecho. —Primera vez que lo veo. —Bueno, nunca te quedaste el tiempo suficiente para averiguar esa faceta mía ¿O sí? -Dijo entre risitas al concluir. —Bueno, haré comida. ¿Algo que quieras? Cameron gusta de desayunar panqueques. -Dijo moviéndose hasta la cocina. David notó que estaba descalza y la siguió hasta la cocina viendo como comenzaba a sacar todo lo que necesitaba para hacer los panqueques. Ya la había visto antes descalza y en la cocina y para ser honesto consigo mismo, se estaba acostumbrando a ese hecho. Ella comenzó a hacer la mezcla para los panqueques de su hijo y lo miró de reojo. —¿Deseas otra cosa? Puedo hacer algo diferente. A propósito, ¿Por qué jamás desayunamos juntos? Es extraño. —Solo café. No suelo desayunar. No lo hago. —Eso es horrible. Te haré algo, si estás conmigo vas a desayunar, no sabes lo mal que le haces a tu cuerpo por saltarte los desayunos. -Thalía sacó algunas rebanadas de pan y las puso en la tostadora. Él solo se quedó viendo como ponía a hacer café en la cafetera y ponía los panqueques a cocinar. —Comerás algo, encontrarás que desayunar es algo agradable. ¿Qué cosas agradables sueles hacer, David? Todo lo que haces es trabajar y trabajar, trabajar. Nada divertido haces. -Comenzó a voltear los panqueques para evitar que se quemaran y lo miró directo a la cara. Era la Thalía “informal”, muy diferente a la mujer elegante que veía día tras día. Una madre moderna, preciosa pero muy cómoda en su piel. Su sonrisa podía competir con la luz del sol pues iluminaba todo de una manera preciosa. — David, te estoy hablando. —No te escuché, perdona. Debo seguir dormido. ¿Qué si hago algo divertido? —Esa pregunta fue retórica. -Dijo con risitas. —Pregunté, ¿Quieres pan tostado con mantequilla y al menos jugo de naranja? Él asintió mientras la miraba y terminó por añadir. —Y café, me gusta el café. n***o. Sin azúcar. Es mejor así. —Me lo esperaba. Yo prefiero las cosas más dulces. -Ese hecho a David no se le escapó. Era de esperarse pues ambos eran como agua y aceite. No tenían absolutamente nada en común. La vio servir el café en tazas luego de apagar la cafetera una vez estuvo listo y sacar la mantequilla para ponerle a las tostadas. La masa lista para los panqueques se cocinaba en la plancha de la cocina y ella iba moviéndose con gracia por toda la estancia, descalza. Era raro, no era la primera vez que la veía en una forma doméstica pero debía decir que le encantaba verla así. Se sentó en el mesón y vio como ella le servía el plato de tostadas y el café. —Buen provecho. -Siguió con la comida hasta tenerla toda lista y luego miró a David. —Iré a buscar a Cameron para que desayune. Era una faceta diferente que estaba conociendo de Thalía y eso era raro. *** Los siguientes domingos no eran tan grotescos pues se había acostumbrado a la rutina mañanera de Thalía y la ayudaba al menos con el desayuno para comer juntos. Ella le contó que sus historias favoritas eran románticas, y las de él, de suspenso. Tomaban un rato para ver películas y relajarse de lo que vivían día a día y a veces se ponían a trabajar en su plan, tenía que quedar tan cerrado que sus familiares no pudieran refutarles nada. —Thalía ¿Puedo preguntarte algo? —Sí, ¿Por qué no? -Ella lo miró y él buscó la fuerza interna para preguntarle “¿Por qué yo?”, pero no pudo hacerlo. No quería romper con la pequeña amistad que había trabado con ella a pesar de que sintiera que tenía más en común con una almeja que con Thalía. Como la canción que cantaba aquella mañana, si él decía “Blanco”, ella decía “n***o”. Malú, justamente. —¿Qué pasa? —¿Todavía me odias por lo que te hice? Era una pregunta diferente a lo que quería decirle pero la tomó tan desprevenida que no supo qué contestar. Se removió un poco incómoda en el sofá y tosió un poco nerviosa. —Odiar es una palabra muy fuerte. —Pero real. Y tú dijiste que me odiabas porque te abandoné. Es cierto, lo hice. No sé como ahora podemos estar juntos en el sofá, siendo tan diferentes, viendo… -Dió un vistazo a la televisión para recordar lo que veían en Netflix porque honestamente él no se acordaba en lo absoluto que había puesto. —Lo que sea que estemos viendo. —Es una serie, “El novato”. Tú dijiste que querías verla ¿Ahora no le prestas atención? -Difícil hacerlo cuando ella estaba ahí a su lado inundando sus sentidos con aquel perfume de manzanas que solía usar. La vio suspirar y pasarse la lengua por los labios en un gesto nervioso. Le sostuvo la mirada y la vio sonreír. —No te odio. Yo he aprendido más de ti en estas semanas que en toda la vida que llevo de conocerte. No sabía que no desayunabas, por ejemplo. Es algo muy loco saber que las personas son más de lo que tú creías. —¿Y sobre dejarte? –Él necesitaba saber la verdad sobre todo, si conocía el panorama, podría tener algo más estable con Thalía. No sabía si sería posible amarla, pero un matrimonio cordial, una esposa que lo apoyara y alguien en su cama para no sentir el frío de la soledad eran cosas que quería. Era un hombre y no quería estar solo nuevamente. La miró y vio como ladeó la cabeza. No podía ser nada bueno lo que estaba pensando sobre él en ese instante. —Aún lo proceso, eso es lo que puedo decir al respecto. Pero no te odio, creo que entiendo porque lo hiciste, eso es todo. Ahora por atención a la serie. -Evasión de la conversación, no quería decir más y por la manera en que concluyó todo lo supo. Era mejor concentrarse en la serie que veía y no pensar en tonterías. Por otro lado, Thalía no era ninguna tontería. Pensar en ella llenando los vacíos de su propia existencia le daba un grato placer. Hasta el momento había sido una amiga muy comprensiva y una aliada valiosa. Era inteligente, agradable y muy hermosa. ¿Qué más podía pedir? —Me agrada esto. ¿Sabes? Que podamos ser amigos. Antes ni siquiera podíamos decirnos dos palabras seguidas, nos costaba mucho conversar y encontrar un punto de acuerdo. —A mí igual me gusta. –Dijo ella tomando su mano en un gesto de cariño y dándole la mejor de sus sonrisas aquella mañana. —Eres más de lo que yo esperaba que fueras. No creí que fueras a agradarme en serio nunca. —¿Y qué creías que era? —Arrogante, estúpido, un niñato de lo peor pues te encerrabas tanto en tí mismo que no dejabas a nadie entrar. Yo fui una tonta al creer que a la fuerza iba a poder entrar en tu vida. Tú solo dejas pasar a quien te dé confianza. En eso ella tenía mucha razón. Él era tan hermético y sellado que pocas personas podían decir que eran sus amigos. Muchos confesaban que David Martins era un hombre sin corazón, frío. Cómo si no tuviera sentimientos. Thalía en el pasado no había alcanzado siquiera la llave de su alma, pero en el presente, su presente, él mismo había abierto la puerta. —Yo confío en ti. —Es bueno saberlo. *** POV Cameron Para un niño de un año que casi ni hablaba era una maravilla ver a sus padres juntos. Le gustaba despertar y que ambos estuvieran ahí. Más aún, le gustaba mucho ver a su mamá feliz. Nunca la había visto sonreír tanto así que asociaba su reciente dicha con David. Aún le costaba verlo como papá y casi no pasaba tiempo con él pero era agradable en los pocos momentos que compartían. A veces eran durante la cena que llegaban a estar juntos pero él no solía hablarle, hablaba con su madre. Cuando se iba a dormir Hannah estaba con él. Su niñera siempre estaba para él y también su mamá, aunque casi siempre ella estaba trabajando. —Es hora de dormir, nene. -Thalía lo ponía en su cama luego de hacerle vestirse con una de sus pijamas y lavarle los dientes. —Mañana será un mejor día, nene. —Mami ¿Él me odia? -Sabía que su mamá sabría que se refería a David. Casi no le prestaba atención. Ella negó y le sonrió. —¿Cuándo iremos a casa? —Ahora vivimos aquí, nene. —Nuestra casa de verdad. —Pronto, lo prometo. No tardaremos mucho. -Dijo ella esperando que aquella respuesta satisfaciera al infante. Tenía solo un año, no debía siquiera preocuparse por cuestiones de adultos, pero lo hacía. Se quedó dormido luego que su mamá le contara uno de sus cuentos favoritos. No debía preocuparse por situaciones adultas, pero para él era difícil no hacerlo. Incluso teniendo un año. *** POV Thalía Le dolía ver así a su hijo, no quería verlo preocupado por nada que tuviera que ver con ella o con David, pues ellos eran los padres y los adultos, él solo un niño. Esa semana sí o sí tenía que hablar con David para que él se vinculara más con el pequeño Cameron. Quizá su miedo era decepcionar, lo sabía perfectamente. Al menos por lo poco que conocía de él. Aunque lo intentó parecía que nunca existía un buen momento para comentarle acerca de Cameron, así que siempre lo posponía. David vivía trabajando demasiado y en los pocos instantes que compartían, se acababan a los veinticinco minutos. Tenía que hacer algo. La noche del viernes, él estaba en su estudio, en la casa, y ella fue directo ahí. Estaba enfrascado en papeleo en extremo, ni siquiera sabía que estaba haciendo con exactitud. Se acercó pero él no levantó la mirada, parecía que ni siquiera la había sentido llegar. Dio pasos hasta la mesa y se sentó al borde de la misma. —Esto parece haber tomado posesión de ti. ¿Puedo saber que es? —Ah. Thalía. Perdona, no te vi llegar. -Dijo él alzando por fin la mirada. —Pues, son estados de cuenta. La empresa. Estoy verificando que no haya ninguna otra discrepancia. Es todo. —¿No quieres ayuda? -Ella ofreció lo que sabía, aunque no era mucho era mejor que hacer todo solo. David se negó y dejó algunas carpetas de lado para luego frotarse las sienes y la frente con la punta de sus dedos. —¿Por qué no? También es mi empresa ¿No es así? Yo podría servir de algo, es evidente que estás cansado y necesitas una mano. —No quiero que te preocupes por cosas más allá de lo que… Solo no quiero que te preocupes. Aunque fuera muy considerado de su parte, Thalía no podía dejar de pensar que David estaba siendo estúpido y arrogante. Aquel hombre tenía complejo que querer siempre ser el héroe, pero Thalía detestaba a los héroes. Al menos a los hombres que se creían “superman” siendo simples mortales. Se bajó de la mesa y arrimó una silla hasta el lado de él. —Te voy a ayudar. Es evidente que lo necesitas y no acepto un “no” como respuesta. —Eres muy mandona ¿No lo crees? -Él dejó que ella tomara una de las carpetas y comenzara a revisar. La observó trabajar y sonrió. —¿Por qué me ayudas? —Porqué es necesario. Porque tú siempre me ayudas, y es justo que yo haga lo mismo por ti. Es lo propio, así de simple. Además, de cierta manera, es lo que las parejas hacen. Apoyarse. —Pero tú y yo solo somos marido y mujer de nombre, solo de… —Ay vamos, calla. -Rió un poco y siguió revisando desde dónde se quedó y marcó los otros movimientos que veía que no tenían sentido. —David ¿Haces algo divertido además de trabajar y ver películas de misterio? —No sé por qué la pregunta. Claro que me divierto. —¿Sí? Pues nunca te he visto hacer algo divertido. Te conozco muy poco, David, y lo que conozco es tan frío y antiséptico que no sé como definirte. -Él la miró unos segundos y comenzó a reír. —¿Dije algo gracioso? —Sí. Ya “frío” y “antiséptico” son formas de definirme. Aunque suena como si me comparasen con un gel antibacterial. -Ambos comenzaron a reír y Thalía lo miró de reojo más relajado después de aquel chiste. —deberíamos dejar esto y ver una serie ¿Qué dices? —Digo que podríamos conversar un poco más para conocernos. Yo quiero saber más de ti porque lo que sé es casi nada, ¿Lo ves? -Él asintió y ella sonrió. —Dime algo de ti que nadie más sepa y yo contestaré con un secreto similar. ¿Qué dices a eso? Es un juego para dos. —Solo quiero saber por qué quieres conocerme. Antes solo querías… -Sacudió la cabeza y la miró. —Está bien. De acuerdo. Soy fan de Miley Cyrus. La escucho mientras estoy en la oficina, pero no se lo digas a nadie. Thalía comenzó a reír y lo miró. —Bangerz es el mejor álbum, lo adoro. También soy fan de Miley. -No esperaba que tuvieran algo en común. Era extraño que tuvieran algo en común. —¿Qué hay de ti? —También me gusta ese álbum. Pero ¿Y tú secreto? -Ella sonrió y asintió. —me lo debes. —Sí. Estoy pensando. -Contestó ella con una risita. —Ya sé. Una vez me escapé a ver un ballet en la ópera. Suele gustarme verlo de vez en cuando. Muestra mucha fuerza, pero también delicadeza. Yo quería aprender ballet. Nunca pude. —¿Por qué nunca pudiste? -Ella miró a David y suspiró. —Vamos, dime, puedes confiar en mí. —Tuve una lesión en el pie derecho cuando tenía siete años, me caí y tuve un yeso durante la época de escuela. No pude. De hecho ni siquiera debería usar tacones tan seguido, suelo quitarme los tacones en el trabajo y ponerme unos zapatitos bajos porque si no lo hago luego me duele mucho el pie. -Dijo un tanto apenada. —Por eso el día de nuestra boda usé sandalias y no tacones. Me dolía mi pie. —Entiendo. No sabía que tuvieras ese problema. Lo siento. Te veías muy bajita en la boda, ¿Y por qué los sigues usando? No es bueno para tus pies. No sabía que hubieras tenido una lesión. No deberías usarlos. —Supongo que todo se debe a que soy bastante coqueta y… bueno… debería pensar más en que… no lo sé. Sí debería usar zapatos bajos. —Podríamos ir a comprar zapatos para ti. Casi siempre te veo en tacones cada vez más altos. No tienes porque torturarte así. —No tienes por qué cuidarme así. Estaré bien. -Dijo ella mirándolo directo a los ojos. Había algo en la forma en la que la veía y le gustaba muchísimo a decir verdad. Se le calentaba el corazón y se extendía por todo su cuerpo. —David… —Yo creo que viene bien que de vez en vez nos dejemos cuidar por alguien más ¿No? Eso hiciste hace rato cuando llegaste y me quitaste todas esas carpetas de encima. Estabas cuidándome. -Ella sonrió y se echó un mechón de cabello tras la oreja. —Vamos. Déjame cuidarte de vez en cuando. ¿Sí? Lo encuentro reconfortante. Ella no sabía cómo responder a eso. Ni siquiera sabía qué pretendía hacer David, solo lo vio levantarse de su silla y pararse a su lado. —¿Qué haces? —Solo déjame llevarte a tu habitación. ¿Puedo hacerlo? -Ella asintió y en menos de tres segundos él la estaba cargando, era raro estar entre sus brazos, su calor la estaba envolviendo y le gustaba mucho. Se sostuvo de sus hombros y le sonrió mientras él caminaba lentamente hasta la habitación de ella. —¿Sabes? No hice esto en nuestra boda, y se supone que un esposo debe cargar a su esposa por el umbral de la casa y llevarla hasta la habitación. —Pero nuestro matrimonio era falso. —Lo sé. Y ambos pensaron lo mismo, que podían tener algo más, no solo un matrimonio sino una familia. Él la llevó hasta la habitación y la dejó delicadamente sobre la cama mientras la miraba. —¿Y si te quedas conmigo esta noche? Sería mucho más fácil dormir contigo. Creo. David sonrió y asintió. Thalía lo vio quitarse la chaqueta y su camisa y eso la hizo sentir cosquillas en todo el cuerpo de una manera que no había sentido en muchísimo tiempo. Se remojó los labios con la punta de la lengua y se acomodó en la cama dándole espacio para acostarse al lado de ella. Sintió su abrazo y cerró los ojos suspirando. —Descansa, Thalía. —Descansa, David. Gracias por quedarte. —Gracias por pedirlo.
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