Lo pensó unos segundos, meditaba cada parte que le ofrecía su ex esposo y reconocía que sí tenía un punto a su favor. Era mejor acceder a los caprichos de David porque no quería llevar todo a una guerra legal. Sabía que eso le causaría daño a su hijo, y solo en su hijo estaba pensando en ese momento. Si se volvía a casar con David, él podría protegerla y lo haría, aunque también existía la posibilidad de que la volviera a dejar en la calle igual que en su primer matrimonio. Quería una garantía de que todo saliera como ella quería. Tendría que reunirse con uno de sus abogados para revisar aquel segundo acuerdo y cambiar todo lo que fuera posible para que resultara a su conveniencia. Si Julian y Nadia Martins, así como sus padres ya sabían donde estaban era cuestión de tiempo que fueran tras ella. —Quiero que esté en el contrato matrimonial escrito que tú no vas a separarte de mí bajo ninguna circunstancia. Quiero esa garantía de que Cameron y yo no seremos obligados a cumplir con ningún capricho de tus padres o de los míos. Quiero mantenerme fuera de la empresa de cerveza y todo lo que tenga que ver con ella. -Dijo con un suspiro. —Quiero eso. He venido aquí por mi libertad y la de mi hijo y no quiero volver a esclavizarme.
David la estudió como si fuera un cuadro, lucía muy determinada, directa. Su modo de exigir le encantó, no pedía un capricho o algo sin sentido, exigía lo mínimo que había podido obtener tras haberse osado a huir del país que la tenía prisionera. Sabía que aquello que había dicho era un “sí”, sin embargo, como el codicioso que era, quería que lo dijera con palabras exactas. —¿Dices qué exactamente? -Alzó una ceja y ella pareció enojarse con aquella pregunta. ¡Como si no hubiera sido lo bastante clara! —No quiero que haya malos entendidos, es todo.
—Nunca he dicho nada que se pueda malinterpretar.
—Aún así…
—Lo haremos. -Dijo firmemente tras interrumpirle. —estaremos casados, pero solo de nombre. No quiero que te acerques, y menos que interfieras en mi vida, podré trabajar y no me mantendrás encerrada en tu casa. Te dejaré ser parte de la vida de Cameron, pero yo no lo seré de la tuya, en lo que a mi respecta, no soy tu esposa, solo llevaré tu nombre para que sea garantizada la protección de mi hijo. -Lo miró directo a los ojos y David pudo ver cierto aire felino que le daba un toque de peligrosidad a Thalía. Lo encendió de inmediato, incluso la forma en la que sus párpados iban maquillados le hacían una mirada más profunda, más marcada, y eso la hacía lucir más adulta, como una mujer capaz de todo y de arrastrarse hasta lo profundo del infierno para pelear con el diablo con tal de proteger a su hijo. —Que quede claro desde ya que lo que pasó cuando nos casamos no se volverá a repetir. No me acostaré contigo ni con nadie, y espero que tú hagas lo mismo por mí. No quiero volver a pasar por la humillación que me hiciste cuando me abandonaste y te fuiste con Camila, no voy a ser de nuevo la esposa con cuernos, la que pasa por la infidelidad. Estas son mis condiciones, si no la aceptas, me veré obligada a irme con Cameron. No estoy dispuesta a hacerle pasar por un desastre legal, pero tampoco quiero que me pisotees, David. No soy tu alfombra. -Dijo con total seguridad, aunque por dentro estaba temblando. Él se puso a pensar, de ella estar en su casa sería todo más fácil también. —Eso es todo lo que pido. No parecen peticiones irracionales ¿Cierto?
Si ella tenía demandas, él también. Quería recuperar cierto control luego de que ella se lo quitara todo de un arrebato. Sonrió y asintió. —También tengo condiciones. Acepto lo que pides, pero deberás vivir en mi casa, estarás bajo mis reglas. Si quieres seguir trabajando está bien, pero en la noche deberás estar conmigo, habrá una habitación preparada para ti, no voy a tocarte, así que quita esa cara de espanto. -Dijo al ver la expresión que ella hizo como si contuviera la respiración. —Thalía… Tenemos que hablar más de lo que pasó. Hicimos cosas malas, ya se han enterado nuestras familias dónde estamos, y se armaría una revuelta terrible, al menos por ti. No seré injusto esta vez, sé que mucho de lo que pasaste en España fue por mi culpa, ahora quiero compensarte y protegerte. Permíteme eso.
Ella no quería recordar que todos ya sabían que él había sido infiel. —Claro. Es injusto que me caiga a mí la cruz cuando lo único que hice fue irme y buscar una vida, pero a ti nadie te crucificó cuando destrozaste mis sueños yéndote con otra mujer, yo te amaba, David. -Dijo un tanto molesta. —Te amaba. Yo antes me culpaba preguntando que hice mal, pues no pude conservarte conmigo, pero entendí que no era yo la del problema, eres tú. Fuiste tú, pues ni siquiera me diste la oportunidad de demostrar cuanto podía hacer por ti, todo lo que podía hacer que lograras conmigo. Si tan solo hubieras sido honesto al respecto de la herencia yo te habría seguido a donde quisieras.
Él sabía que eso era verdad, ella había sido pisoteada por su propia familia y la de él, y él mismo, pero a pesar de todo, estaba frente a él como un ave fénix surgiendo de las cenizas, dispuesta a todo y más con tal de demostrar que valía y frente a él. Podía ver su esfuerzo y podía celebrar lo que había logrado. Eso lo hizo sentirse humilde. Iba a darle la garantía de que al menos de la forma en la que estarían juntos no volvería a lastimarla. —No volveré a hacerlo. No volveré a usarte. Por mucho tiempo culpé a las personas que orquestaron este matrimonio y a ti por ser miserable sin ver que solo eras otra víctima. Lo siento. De verdad lamento haberte lastimado, veo que no fue lo mejor, irme sin decirte nada. Eres una gran mujer, Thalía, y una excelente madre, lo puedo notar por la forma en la que Cameron te ha mirado. Su mundo empieza y termina contigo.
Le costaba creer que hubiera dicho eso. Por mucho tiempo esperó palabras así de suaves y dulces de parte de David pero nunca llegaron. Ahora ella no quería creer en sus disculpas. Pero ahí estaban. Sabía que las palabras podían ser tan falsas como cristales en medio de diamantes, y tan hirientes como cuchillos, casi tan peligrosa como las acciones y las acciones de David contra ella la habían dejado marcada. Unas cuantas palabras no la harían ablandarse cuando los hechos ya habían ocurrido. Dio un suspiro y se apoyó en la mesa. Comenzaba a tener hambre, era mejor acabar con aquella reunión para así poder irse a casa con su hijo, ponerse cómoda, cenar con Cameron y quedarse un rato viendo caricaturas con él. —Entonces hagamos esto una vez más, pero paso a paso, con tiempo, debo preparar a Cameron para que toda esta locura no le caiga mal. Dame unos días y entonces que se lleve a cabo una unión civil. Debemos redactar el contrato porque no quiero que todo esto quede de forma verbal. Ya no volveré a creer en palabras, sino en hechos.
—Me alegra que estemos de acuerdo en algo. -Sonrió y ella se levantó para irse, no quería dejarla ir aún. —¿Por qué no comemos algo? Tengo hambre. Haz traer a Cameron y a Hannah, pediré una pizza.
Y aunque ella no quería pasar más tiempo en su presencia terminó por asentir. —De acuerdo, supongo que es mejor iniciar con cierta cordialidad entre los dos. No sabía que te gustara la pizza, jamás te he visto comer siquiera una sola comida chatarra.
Eso era cierto, no se conocían en lo absoluto, él no podía recordar una sola vez donde ella se viera sofisticada y elegante, de hecho, la asociaba con una niña y siempre se vestía como la protagonista de “Violetta”, una serie juvenil que Thalía adoraba tanto que tenía su diario, el collar con la llave, la ropa.
Y había presumido su entrada al concierto por un mes entero. —Bueno, hay mucho de mi que no sabes.
—Quizá debamos empezar por ahí, ¿No lo crees? Por conocernos, y es que aunque nuestro matrimonio sea falso deberíamos hacer que parte de él sea real, ser amigos, conversar, compartir cosas. -Ambos pensaron en el beso y se sonrojaron, para nada estaba bien pensar en ese instante que había ocurrido hacía unos días atrás cuando no había posibilidad de llevar ese beso a algo más lejos. Había que frenarlo de una buena vez. —Podríamos tener cosas en común, me refiero. Me gusta el color azul.
—Verde. También gris plomo y gris plata. No es muy difícil. Soy un Slytherin y por eso me gustan esos colores. –“Harry Potter”. No esperaba que le gustara aquella saga para niños. Ella ni siquiera la había leído así que se lo quedaba mirando como si fuera una locura total. Él comenzó a reír al verla y ella negó. —No puedo creerlo ¿Jamás has leído o visto “Harry Potter” pero sí viste “Violetta”? Eso es inaudito. No te lo puedo creer.
—No puedo creer que tú estés criticando mis gustos cuando tú eres fan de “Harry Potter”. No sigas, ni digas nada más. Voy por Cameron. -Se levantó y se acercó a Hannah tomando a Cameron en sus brazos y volvió a la mesa, el niño estaba casi a punto de quedarse dormido. —Es mejor que comamos rápido, tengo que llevar a Cameron a casa para que duerma.
David asintió y pidió una pizza mediana, no tenía mucha hambre. Pidió un jugo para su hijo y comieron los tres juntos mientras se mantenían en silencio. No tenían mucho que decir al respecto de la familia, sus vidas y el rumbo qué iban a tomar de ahora en adelante.
Cuando terminó la cena, los tres se fueron en el auto de David pues él se ofreció a llevarlos, Cameron se durmió en brazos de su madre y mientras ella lo acunaba, David quería saber más de su hijo, y mientras iban en camino al pent-house de Thalía se le ocurrió que era buena idea preguntar. —Dime ¿Cuándo nació? Es que no conozco ni lo básico. Nos casamos un trece de diciembre, y fue concebido ese día. Nueve meses luego es septiembre.
—Nació a las treinta y ocho semanas. Pesó dos kilos setecientos gramos y tuvo una medida de cuarenta y siete centímetros. Era cinco de septiembre cuando nació. -Dijo mientras acomodaba a su hijo en su regazo. —Su nombre completo es Cameron James Murphy, pues le puse el apellido que usé cuando cambié mi nombre.
—Él llevará mi apellido.
—Lo sé. -Suspiró y lo miró. —Jamás quise ocultarte su existencia, David. Esperé por meses que me llegara algo de ti. Un correo, un mensaje, una llamada. Revisaba mis r************* con la esperanza de que tú escribieras. Quería hacerlo yo, pero no… mis mensajes no llegaban. No sabes como me sentí cuando vi que escribías a todos, dabas órdenes en la empresa y a mi no me llegaba ni un “hola”. Fue difícil, maś cuando sabía que solo querías sacarme de tu vida tan rápido como te fuera posible.
Él recordó cómo la había dejado incomunicada, era una locura que había dejado hacer a Camila, bloquearla de todas sus redes pues no quería la insistencia de la esposa que estaba ignorando. Había sido un idiota, un estúpido. —Lo siento. De verdad, Thalía. Como hombre, lo que te hice estuvo pésimo, mal. No estoy orgulloso de mis acciones con respecto a ti, y espero que este segundo trato nos convenga a ambos y buscaré ser mejor, aunque solo sea de nombre, te voy a respetar por lo que eres. Una mujer excepcional y la madre de mi hijo.
El auto se estacionó y Thalía bajó con el niño en brazos. Le dio una sonrisa a David antes de entrar al edificio y subir a su piso. Hannah llegaría con su auto. Acomodó a Cameron para que siguiera durmiendo, le puso el pijama y lo acostó en su cama para luego acobijarle y darle un beso en la mejilla. Su niño era todo lo que tenía en la vida y darle un mejor futuro era lo que esperaba sin duda. —Ese hombre que vimos hoy es tu papá, Cameron. -Dijo viéndole dormir. —Espero que esto sea lo mejor para ti y no te haga daño, no me soportaría si te lastimara. Descansa, cielo.
Se fue a su habitación y se quitó los tacones dejándolos a un lado. Se sentó en la cama luego de quitarse los zapatos a masajear sus pies y a pensar. Había hecho su vida a partir de los escombros de la anterior. Hizo todo lo que pudo para salir adelante y los años junto con los daños la habían hecho más fuerte, independiente, menos niña…
Más una mujer.
Su vida como Thalía de Martins se había hecho añicos y cenizas y había renacido como “Rose Murphy”, una mentira que también se había roto desde el momento en que David la volvió a encontrar. Ya no podía seguir siendo esa mentira que había creado, la farsa de Rose, una organizadora de eventos con prestigio en la ciudad de Nueva York.
Volvería a ser Thalía de Martins luego de que se volviera a casar con David. Había dicho que no sería su esposa en todos los aspectos, que se reservaría como mujer y solo llevarían un matrimonio de nombre, pero recordar el beso de su esposo le hacía temblar las entrañas, sentía calor en todo el cuerpo y le recordaba que hacía mucho tiempo que ella no tenía el calor de otro ser humano a su lado. Se había olvidado de sí misma. Había renacido como el ave fénix, se había cambiado el nombre, el cabello, la ropa. Se había vuelto más sofisticada. Era una mujer diferente pero en el fondo, Thalía seguía viva, había intentado que muriera con todos los cambios que hizo pero seguía ahí, dentro de ella, la veía en el reflejo del espejo.
Y era la misma Thalía que estuvo enamorada de David toda su vida y que le había resultado imposible de borrar en su memoria. Era esa Thalía que resurgía de sus cenizas y se levantaba de la muerte por él. —No puedes amarlo más, tienes que dejar de amarlo. -Se vio en el espejo de su habitación y suspiró. Por más que lo había intentado, su cuerpo no vibraba con ningún otro hombre, había intentado sentir el fuego en su interior besando a alguien más, no podía sentir nada cuando la tocaban, solo con David logró sentir algo en su pasado, y todo había revivido con ese último beso que había obtenido de él.
Era como si él fuera agua y ella un viajero sediento que no había tenido ni una sola gota por muchísimos días.
Podía intentar ser de nuevo su esposa y dejar que la cuidase a ella y a Cameron pero ¿Él intentaría algo para acercarla más? ¿Acaso él la había buscado porque se había enamorado de ella? —Eso no tiene sentido. -y no lo tenía en absoluto porque sabía que David nunca la había conocido en serio. No conocía lo que quería y nunca se molestó en conocerla a pesar de que fueran a casarse, a pesar de que vivieron años comprometidos y unas pocas horas como marido y mujer.
No, David no la había visto como una persona sino como una transacción de negocios. Un medio para lograr un fin, y aunque renunció a ese fin, ella no obtuvo nada más que traición y desprecio. Se levantó de la cama y se quitó el vestido dejándolo caer en el suelo. Lo recogió para ponerlo en la ropa sucia y luego fue por su pijama.
Había dejado de ser mujer, y no estaba dispuesta a ceder a esos deseos nuevamente pues no quería sentir lo que sentía por David. Ahora era madre, su atención completa debía estar en Cameron, en sus necesidades, su futuro, en lo mejor y en que no sufriera lo mismo que ella. —Ay Dios. -Suspiró y se acostó. Era mejor descansar porque los días que vendrían serían de locos y no tenía tiempo para regodearse en su mala suerte.
Eso ya había pasado y el pasado debía quedarse atrás.
A los días siguientes se siguieron viendo. Cameron se mostraba un poco más abierto a David y le hacía preguntas sobre cómo conocía a su madre o porque lucía como un anciano. Le agradaba pasar el rato con el niño. Tenían mucho en común. Incluso el color favorito. —A mi me gustan las cosas dulces. ¿Y a ti, Cameron?
—Igual. Cereal. Yogurt. Mami me da galletas. También me gustan las frutas y los panqueques. Yo desayuno panqueques.
Le sorprendía que hablara con tanta claridad. Sentados en el sofá, Thalía los veía mientras miraban una película. La favorita de Cameron.
KUNG FU PANDA. —No entiendo ¿Por qué un panda haría Kung fu?
—Es una película. -Dijo el niño mientras comía un poco mientras miraba la televisión. Después de que se fuera David, Thalía se acercó a su hijo y él la miró. —Mamá. ¿Y quién es él?
No podía mentirle pues conocía que algo pasaba, su niño era inteligente. Se acomodó con él en el sofá y le sonrió. —David es tu papá. Estuvimos casados hace algún tiempo y él fue quien te hizo conmigo. No había venido antes porque estaba trabajando y haciendo algunos negocios.
—¿Ahora estará conmigo? -Thalía asintió y el niño sonrió. —Que bonito. Me agrada.
—A mí igual. -Se quedó en silencio un poco de tiempo y luego se levantó. —Bien, hay que dormir. Mañana yo debo trabajar y tú debes ir a la guardería a jugar con tus amiguitos.
El niño se dejó llevar por su madre, se cambió solo pues estaba aprendiendo a ponerse su ropa él mismo. Thalía lo ayudó a lavarse los dientes y luego a la cama. Ella terminó en su habitación pensando nuevamente que debía renacer y dejar de sentir algo por David, aunque era difícil que lo hiciera porque él se estaba portando increíblemente encantador. Era un David que nunca había conocido y le habría gustado mucho que así hubiera sido con ella antes.
Era más fácil enamorarse de ese David que del anterior, y sin embargo, no podía dejar de pensar que el que ahora veía casi que a diario.
Al menos sabía que este hombre que estaba intentando ganarse a su hijo y ser mejor para él no iba a lastimarla como aquel que se había casado con ella.
***
David estaba intentando no sentirse atraído por la “Thalía” que parecía gozar de pisotearlo. Era muy diferente a la mujer con la que se casó y eso estaba clarísimo para él. Recordaba el día en que conoció a Thalía, bueno, al menos el día en el que fue consciente de que ella estaba ahí. Los señores Delmonte la habían llevado a su casa cuando se estaban mudando a la ciudad de Barcelona. Tenía ocho años y él, diez. Era la niña más latosa, patosa, fastidiosa, malcriada (y no sabía qué otro adjetivo ponerle) que había conocido en su existencia y había conocido varias en su escuela, a ser verdad. Ella parecía incrementar esas malas cualidades con cada día, mes y año que pasaba. Siempre lo estaba buscando, queriendo hablarle y haciendo cosas rarísimas para acercarse. No la soportaba.
Ni siquiera era su tipo con aquel cabello rojo y la nariz salteada de pecas. Estuvo obligado a bailar con ella en su fiesta de quince y luego se enteró del maldito contrato que lo ataba a ella, al menos en parte. —Según esto, papá, si alguno de los dos es infiel, el matrimonio queda anulado.
—No harás tal cosa. -Dijo Julian Martins mirando a su hijo de veinte años leer el contrato prematrimonial que habían hecho redactar para ellos. No le gustaba en lo absoluto, sabía que Thalía sería correcta y no haría ningún escándalo porque siempre estaba dispuesta a hacer lo que fuera por él.
Estaba bastante molesto por ese hecho, a decir verdad. —¿Por qué tengo que casarme con ella? -Soltó dejando de lado aquel papel. —¿Solo para mantener segura la inversión de los Delmonte de nuestra parte? Eso es nefasto, padre. No soy una ficha de ajedrez para que la muevas a tu antojo. No quiero hacer esto.
—No tienes otra opción. Hemos quedado así con ellos desde que nació esa niñata. Tienes suerte, la educan para que sea la mujercita más sumisa del mundo. Jamás va a cuestionarte nada, además es bonita y no será ningún problema para ti acostarte con ella y darle un par de bebés. Con un par de regalitos la tendrás comiendo de tu mano. Así de simple.
Realmente le gustaban más las mujeres de gran carácter por lo que Thalía no era de sus favoritas. Aún así, firmó los papeles y su boda se llevó a cabo. Hizo todo lo que se esperaba de él pero años de tanta presión lo terminó derrumbando la noche de su boda luego de haber estado con ella. Terminó por irse y dejándola sola.
Era mejor romper con aquel contrato de la manera que sabía.
Pero esa Thalía sumisa, callada y dulce que antes hacía todo por él ya no estaba. Ahora había una que era fría, despiadada, decidida, capaz de hacer lo que fuera necesario para salir adelante sin esperar a nadie.
Ahora iba solita por la vida y demostrando que aunque fuera una rosa en medio de un valle de asfalto era capaz de florecer. Como un fénix, había resurgido de sus cenizas más fuerte, más poderosa, más impactante y ahora él la sentía inalcanzable y era justo el tipo de mujer que le gustaba.
Y eso daba miedo, porque siempre creyó que ella era el tipo de mujer que no estaba a su altura, y ahora se pregunta si él estaba a la de ella.
Era mejor dejar las cosas fluir y aceptar sus condiciones, mejor ni siquiera pensar que podía intentar algo más con ella, pero tenía un problema mayúsculo. Después de haberle robado un beso su cuerpo, su mente y su líbido parecían estar en una constante revolución recordando el sabor de sus labios. Siempre recordaba la única noche donde la había hecho suya y había probado su piel y quería volver a hacerlo cuando supo cómo besaban esos nuevos labios de esa nueva Thalía que lo estaban volviendo loco.
Quería tenerla con él nuevamente y era capaz de seducirla si estaba cerca de él solo para tenerla una vez más. Eso quería y lo que quería lo obtenía. Puede que no tuviera su corazón una vez más, pero su cuerpo era algo diferente. Mientras estaba acostado mirando al techo comenzó a maquinar qué podría hacer para que su esposa fuera su esposa no solo en un papel sino también en la habitación. —Eso será difícil, pero no imposible. -Consideró la forma en la que se aferró a él cuando le robó aquel beso, como si necesitara más, como si hubiera pasado demasiado tiempo sin un beso, una caricia o alguien con quien hacer el amor. Ella había reaccionado a él como una mujer cuyo cuerpo lo deseaba.
Tendría que explotar eso pero no podría hacerlo como en la primera vez que estuvieron juntos. Ahora tendría que ir a fuego lento ganándose su confianza hasta que ella cediera por su propia voluntad. Tenía que hacer que ella lo deseara tanto que no supiera qué hacer. Sonrió mirando el techo mientras se acomodaba en su cama. Saldría bien, sin duda. Se cobijó y cerró los ojos con satisfacción. Había algo especial, sin duda alguna, en Thalía Delmonte. —¿En qué estás pensando, David? ¿Acaso no has cambiado nada? ¿No has aprendido nada?
Era mejor que dejara de pensar.