Camilo no tardó mucho y le dio agua, cuando se calmó lo abrazo fuerte y me pareció tierno, le pedimos un Uber y se fue, después comimos y al terminar decidimos conducir sin algún destino específico solo para hablar de lo sucedido, estaba tan asombrada, eso era lo último que estaba esperando para determinar que no era solo un narco, era hombre preocupado por las injusticias, había hecho algo valiente cuando nadie quiso dar la cara por el miedo, sinceramente es el tipo de hombre que te hacía sentir segura.
En ese momento no teníamos planes, yo no podía beber y él tampoco quería, pasábamos la media noche y empezamos a besarnos de nuevo y continuamente me dijo
-¿Quieres conocer mi casa?
Yo me quedé asombrada, camilo era muy privado con su espacio personal y me había invitado a su casa, pero lo sentí muy rápido, quizás luego pero tampoco quería dejarlo ir entonces le sugerí:
-Vamos a la mía.
-¿Por qué? Dios mariana, eres la primera mujer que invito a mi casa y también la única en rechazar la idea.
-Eso es parte de lo que te encanta de mí, que soy poco común, que no hago lo que esperas.
-Tienes tanta razón.
Lo llevé hasta mi casa y apenas entramos me empujo contra la pared y me beso el cuello, sus manos tocaban mi pecho y estaba realmente excitada, aun así sabía que debía detenerme y lo frené, para decirle.
-Me encantas y quiero que suceda, pero no es parte de mis planes que sea hoy, quiero disfrutar de lo que queda de la noche con tu compañía y no solo con tu cuerpo ¿Qué dices?
-De acuerdo.
Sus abrazos eran fuertes y llenos de ímpetu, diferente a Alejandro cuyos abrazos eran tiernos; lo intente, de verdad intente que me gustara el hombre correcto, el tipo de hombre que te enamora por sus detalles sentimentales, pero lastimosamente yo estaba embobada con el criminal, él era amistoso, pero cortante, amable, pero con carácter, eso me encanto; hablamos de todo, política, religión, su vida, la mía y todo fue fantástico tanto que pasaron 3 horas sin que lo notáramos.
Su presencia era agradable, sus besos eran suaves, mi cuerpo se emocionaba al sentir su piel, él era realmente una anomalía en mi corazón, cada vez que hablaba mi Corazón latía con mucha más fuerza, cuando tomaba mi mano mi presión arterial se descolocaba, él me ponía en una situación donde mis propios sentidos no me pertenecían; aquella noche, la última noche junto a él fue una de las más maravillosas, por fin después de todo lo que había esperado estaba viviendo un momento como éste, la espera había valido la pena.
Me había entregado mentalmente incluso sin haber entregado mi cuerpo, estaba totalmente decidida a dejarme ir, tirarme de cabeza en esta piscina de sentimientos y confiar en que si en algún momento llegara a sentirme ahogada él me lanzaría un salvavidas o iría al fondo solo para rescatarme, así me hacía sentir, me hacía sentir que nada era imposible.
No recuerdo si eran las 3am o 4am, pero ambos estábamos despiertos y de pie junto al balcón observando la ciudad, le dije que buscara en mi cocina una botella de vino y que por favor lo destapara para que bebiéramos, sin decir una palabra me miro y supe que dijo “si” mientras caminaba rumbo a la cocina, en mi mente solo podía repetir una y otra vez “Este hombre es fantástico” “es hermoso” “¡Dios! es maravilloso” luego de uno o dos minutos, llego con ambas copas.
Ya lo había decidido, estaba dispuesta a intentarlo, mi corazón latía más fuerte cerca de él, mi mente era más ágil a su lado y cuando él no estaba mis pensamientos le pertenecían; seguro, inteligente, independiente, culto y sobre todo y lo más importante, un hombre capaz de ver a los ojos a una injusticia y enfrentarla; nos miramos, brindamos y bebimos, en el primer segundo sonreímos, creo que ambos estábamos muy felices de estar el uno con el otro, en el segundo, mire hacia la ciudad, esta maldita ciudad seguía siendo pretenciosa pero me había permitido vivir este hermoso momento, en el tercer segundo lo mire a los ojos, trataba de buscar esa característica turbia que me había hecho dudar tanto, pero igual ya no estaba ahí, ya se había ido el humo, ahora podía ver su corazón, en el cuarto segundo lo besé y fue el beso más corto puesto que mi mirada se adormecía, mis ojos se cerraban y mi cuerpo se tambaleaba y creo que en el segundo 5 caí al suelo, no estoy segura.
Me desperté, tirada en mi balcón aún, me dolía la cabeza e intentaba mover el cuerpo pero no podía, es como si estuviera paralizada, no recordaba nada de esa noche ni que me había pasado, intente gritar pero mi lengua no respondía, solo emitía sonidos suaves, no recordaba quien me había puesto en esa situación y tampoco si me habían hecho algo, entonces lo vi, era Camilo, revisando mis cajones con mi billetera en sus manos y mi reloj de oro, fue ahí cuando supe que ya no lo tenía en mis manos, recordé pasajes de la noche con él y fingí que aún estaba inconsciente.
Minutos después pude ver como él se tambaleaba y cayó al suelo pero trato de levantarse y alcanzo a ponerse de pie, era evidente que no sabía que le estaba pasando y otra vez cayó solo pudo ponerse de rodillas y su cuerpo no daba más, como pude me arrastre hacia a él, me miraba como queriendo cuestionarme pero no podía hablar mientras que yo iba recuperando mis funciones motoras y metales, él intentaba sin éxito mantenerse despierto, me levante junto a él y luego me arrodille a su lado mientras su mirada se desvanecía, lo agarre del cuello de su camiseta y le dije:
-Dime Luis ¿Dime qué es lo que se siente?