Narra Pandora
Baje hacia el comedor cuando llegó la hora de cenar. Ahí ya se encontraban mi padre (Maximus) y mi hermano (Demetrio) ya sentados, me coloque en el lado derecho de papá, el izquierdo pertenecía a Demetrio.
—Hola papi.— lo saludé con un beso en su mejilla.
—Hola princesa.— me dió un beso en mi frente.
—Hola rarito.— me senté en mi lugar.
—Me dejaste hablando solo.— se quejo pero lo ignore. Susana y Alexa, dos de las empleadas de la casa, trajeron la cena para nosotros tres.
Se que se preguntarán, ¿y mi madre?
Bueno, mi madre después de haberme tenido y ver que era la nueva adoración de papá poco a poco me fue tomando resentimiento hasta el punto de atentar contra mi vida, por suerte mi hermano la detuvo y me salvo. Ella al darse cuenta lo que se avecinaba se fue lejos de la ciudad, no se sabe su paradero y no es como si nos importara a alguno de nosotros.
A papá no le dolió su partida, Catalina (mi madre), se aprovechó de él cuando estaba borracho y se embarazó después de pasar la noche. Papá era un hombre que siempre cumplía y se caso con ella para darle un buen hogar a mi hermano, al ver que mi padre ya no la tomaba en cuenta, lo emborrachó de nuevo y me tuvieron a mi.
Papá soñaba con tener una niña y se emocionó mucho al enterarse que venía al mundo.Y bueno, retomando lo anterior dicho, Catalina se enselo y trato de matarme.
Aunque era la viva imagen de ella, eso no detuvo a papá de amarme y adorarme.
—Papá.— lo llamé y enseguida tuve su atención.— Elena quiere ir a una nuevo club que se inaugura esta noche, ¿Puedo ir?— lo pensó un poco hasta que asintió.
—No, no vas.— enseguida tomó la palabra mi hermano.
—Dije papá, no Demetrio.
—Por supuesto, cariño. Tienes libertad de llegar hasta las 3:00 de la mañana, Además de tu tarjeta de crédito lleva algo en efectivo.— asentí y le agradecí.
—¿La vas a dejar ir con todos los peligros que hay en la ciudad? Podría ser secuestrada, sufrir un accidente o algo peor.— trato de persuadirlo.
—Tu hermana es muy responsable, Demetrio. No puedo decir lo mismo de tí, cuando llegabas estabas tan borracho que te chocabas hasta con tu propia sombra y te ponías a coquetear con los muebles, incluso una vez acabaste en la estación de policía porque les exigiste que te dijeran donde estaba la ciudad perdida de los pingüinos místicos y que no podrían ocultarlo por mucho más tiempo.— yo me carcajeé al recordar eso, incluso lo subieron a youtube y se hizo viral, lo apodaron ''Don Pingüino'', hay algunas ocasiones que lo reconocen y lo llaman por su apodo.
—Pero dejando eso de lado, Pandora tiene un buen aguante con el alcohol y es muy difícil que se emborrache y lo sabes.
—Además, si quieres sentirte más cómodo, quiero que sepas que siempre tengo conmigo mi llavero de defensa personal y nunca salgo sin el.— y era verdad, mi llavero tenía gas pimienta, un aparatito que si tiro de el suena una alarma super ruidosa, se les envía una señal de alerta a mi familia y mi dirección, un taser, una manopla en forma de gatito y una cuchilla. Claro que todo estaba disfrazado para que pareciera un simple llavero.
—Bien, pero quiero que me despiertes cuando regreses.— se cruzó de brazos.
—Hecho.— sonreí y seguimos cenando, todo iba genial hasta que Demetrio tuvo que echarlo a perder quejándose del chico Lennox.
Papá y yo compartimos una mirada fastidiada. Mientras yo quería que dejara de quejarse todo el tiempo, papá deseaba asociarse con la empresa de la familia Lennox y el sentimiento era mutuo, pero por las peleas y disputas de sus hijos no lo lograban. Estaba segura que si mi hermano se enteraba que la empresa se asoció con los Lennox, haría la rabieta más grande de su vida y no estaba dispuesta a verla.
—Demetrio, te callas o te lanzó a dormir a la calle. Estoy cansada de escuchar como te quejas.— decidí hablar.
—Es cierto, pareces una cotorro y haré que la amenaza de tu hermana se haga realidad sino guardas silencio.
Al fin se callo y pudimos continuar en paz. Después de un rato terminamos y todos nos fuimos a diferentes lugares de la casa, papá fue a su oficina, Demetrio salió al jardín y yo me dirigí a mi habitación para alistarme.
Después de darme un baño me coloque la ropa que había elegido con anterioridad, una blusa de tirantes plateada llena de brillo, una falda negra pegada corta hasta los muslos con un cierre en el lado izquierdo y unos tacones de plataforma plateados brillosos.
De accesorios me coloque unos aretes largos de plata, una gargantilla y un anillo de serpiente del mismo material.
Me maquille simple, delineador, máscara de pestañas y un labial sabor fresa, tenía la suerte de tener mis pestañas largas y rizadas.
De peinado un moño en lo alto con algunos mechones sueltos callendo por mi rostro.
Tome mi bolso n***o y puse todo lo necesario dentro de él, una vez ya lista salí de mi habitación y baje. Me encontré con mi hermano y papá en la planta baja aparentemente esperándome.
—Estas hermosa princesa.— me sonrió mi padre y le correspondí.
—Cuidate.— dijo mi hermano y asentí. Se escuchó el claxon del auto de Elena y supe que tenía que apurarme, me despedí de ambos y salí de la casa.
—Hola Pan.— me saludo la morena a mi lado y nos dimos un beso en la mejilla.
—Hola Lena.— y arranco. Tenía puesto un vestido de seda color rosado con mangas largas y corto hasta el muslo, unos tacones blancos y unos pendientes de oro. Su cabello estaba suelto y las ondas naturales le caían por su espalda. Su maquillaje a diferencia del mío era un poco cargado.
Después de varios minutos al fin llegamos al dichoso club, su nombre vislumbraba en lo más alto "Orión", me resultaba gracioso el nombre del lugar sabiendo que aquel simple nombre causaba dolores de cabeza en mi hermano.
Tuvimos que hacer fila para poder pasar, todos querían entrar al nuevo club y estaba apunto de decirle a Elena qué mejor nos fuéramos a otro lugar cuando el guardia nos dejó entrar.
Por la oscuridad del lugar todo se veía azul gracias a la única luz que alumbraba de ese color, aunque algunas veces cambiaba de tono. La música era buena tenía que admitir, un DJ tocaba en medio de la pista y las personas lo rodeaban, la barra estaba en una esquina y era bastante grande para que todos pudieran pedir algo, las mesas estaban en otra zona ubicadas para que nadie molestará o estorbaran.
El club tenía tres plantas, la primera era la baja dónde casi todos se encontraban bailando, la segunda aparentemente era la V.I.P. y la tercera no la podía descifrar pero pensaba que se trataba de la oficina del dueño del lugar.
Nos dirigimos a la barra primero.— ¿Me da una ginebra y un vodka, por favor?— le pedí al barman quién asintió y se puso a preparar nuestras bebidas.
—Aquí tienen señoritas.— nos las entrego y le pagamos. Escogimos una mesa y nos fuimos a sentar.
Platicamos de varias cosas antes de que dos chicos nos invitaron a bailar y aceptamos, el mío se llamaba Jacob Smith, era guapo pero no mi tipo en lo absoluto; solo acepte bailar con él para no estar aburrida.
Movía mi cuerpo acorde a la música y hacia lucir mis atributos, las manos de Jacob estaban pocisionadas en mis caderas en sus hombros.
Pasado un rato nos fuimos a la barra y pedí un tequila.
—Tienes un buen aguante, ¿no es cierto?— yo asentí.
—Sip, es muy difícil que me emborrache.— me encogi de hombros. Sentí una mirada penetrante en mis espaldas y voltee para buscarla pero no logré nada. Volví a mirar mi trago que ya estaba listo y me lo tomé de un tirón, mire como Jacob sonreía pero lo ignore.
Estuvimos hablando unos segundos más hasta que me sentí mareada, me disculpé con el chico a mi lado y fui a buscar a Elena, no me sentía bien. Me dirigí por los pasillos hacia el baño para ver si se encontraba ahí pero a cada paso que daba, sentía mi cuerpo mucho más pesado de lo normal.
Un cuerpo mucho más grande que el mío me interceptó pero mis ojos no veían claramente lo que estaba sucediendo a mi alrededor.
—Ayúdame.— mi voz salió en un susurro, casi un murmullo y lo último que sentí era como unos brazos me sujetaban fuertemente antes de caer inconsciente.