Capítulo 6

1832 Words
– Alexia, ¿Podrías por favor comer de manera decente? –Subo la vista para ver a mi madre mientras engullo otro bocado de hallaca. ­– Perdón –trago un poco–, pero están muy buenas. – Gracias hija, pero pareces una persona que no ha comido en meses. – Pero tengo mucha hambre. – Déjala mamá, tal vez te muerda. –Mi hermano suelta una carcajada y bebe un poco de su jugo. – Cierra la boca, tú, engendro neandertal… – ¡No en la mesa! Quiero un almuerzo navideño tranquilo si no les importa. – Papá, dile a mamá que nunca tendrá un almuerzo navideño tranquilo. O por lo menos no en esta casa. – Gabriel hace comillas con los dedos resaltando la palabra tranquilo. – Gabriel García, obedece a tu madre y cierra la boca. –Mi hermano gruñe un poco pero no dice más nada y se concentra de nuevo en su plato, suelto una risita. El almuerzo continua en silencio. Una vez que termino mí comida –en cinco minutos más o menos– me levanto rápidamente y llevo el plato a la cocina donde lo dejo en la lava vajillas. Seguido me dirijo al baño para lavarme los dientes, una vez dentro con la puerta cerrada y con seguro, veo mis dientes en el espejo. Aun filudos y largos. Ayer, después de hacer semejante escándalo en McDonald’s, el supervisor había entrado en el baño de mujeres preguntándome si todo estaba bien. Cuando abrí la boca para hablar, al tipo casi le daba un paro cardiaco al ver mis dientes. Tuve que mentirle diciendo que eran falsos, que eran para una obra en curso en la que interpretaba a una chica-loba, y debía acostumbrarme a ellos. El mismo cuento se lo solté a mi madre, cambiando la parte de la obra a la de “Fabiana me los dio el otro día, y me parece genial usarlos.” Pero supongo que ya debe de empezar a sospechar, ya que ninguna persona normal usaría unos “dientes postizos de vampiro” –que en mi opinión no lo son porque según lo que he leído, los colmillos de vampiro son más blancos y afilados que los míos­, como una aguja– durante dos días, y menos para comer. ­– Ese es el detalle, mamá. –Había respondido yo. – Yo no soy una persona normal. Ante esta repuesta no pudo objetar nada. Al cabo de unos 10 minutos, salgo del cuarto de baño y me dirijo al estudio, en el cual me encierro hasta las seis de la tarde, ya que esa fue la hora límite que mi madre me impuso hoy en la mañana. Hoy es Navidad, así que quiere una cena perfecta, sin interrupciones y otras cosas que me dijo pero que mi cerebro no retuvo. En este momento el reloj de mi teléfono marca la 1:35 pm, por lo que tengo aproximadamente 5 horas para hacer lo que debo hacer. Una vez que mi computadora se ha iniciado y cargado, abro el buscador y el reproductor de música, y un momento después se encuentra sonando Beat it del rey Michael Jackson. Con el mouse, hago visible la ventana del buscador ya cargado y me dispongo a buscar lo que ha mantenido la mayoría de mis pensamientos ocupados las últimas dos semanas. Colmillos largos, uñas largas, cabello perfecto, altas temperaturas. Muchas páginas aparecen en el buscador, pero ninguna tiene la respuesta que estoy buscando. “¡Cabello perfecto, consigue la Laca de Covergirl con descuento!” “¡Blanqueamiento dental a mitad de precio esta Navidad!” “¡Uñas de gel, acrílico, y más! ¡En la peluquería de Glorita!” “Consulta rápida y eficaz a buen precio en el Hospital Ernesto Villegas” Si bueno, vaya respuestas. Continúo buscando durante una o dos horas más, hasta que me encuentro realmente frustrada. Voy a salirme de las páginas en las que me he metido para conectarme en Tumblr, Twitter y w*****d; cuando algo llama mi atención. En una de las páginas que estaba a punto de cerrar, me encuentro con un peculiar aviso, el cual dicta exactamente lo que he estado buscando: “Colmillos largos, uñas largas, cabello perfecto, altas temperaturas.” Hago click en el aviso y una nueva página se abre aparte. Aprovecho y abro nuevamente el reproductor de música y pongo a sonar otra de Michael Jackson –Billie Jean– mientras la página se carga. Un momento después la página se ha cargado, y me pongo a buscar respuestas. Tenía una pequeña corazonada, y eso no es algo bueno. 5 segundos después me doy cuenta de que tengo razón. Cientos de imágenes aparecen en mi pantalla, desconcertándome un poco. Hombres-lobo, miles de ellos. Hay fotos de hombres con el rostro superpoblado de vello facial, también hay de lobos de distintos tamaños y formas, uno de ellos parecido a Jía. Pero por sobre todas ellas, hay imágenes de hombres transformándose y transformados en lobos. – Esto es estúpido. Cierro todas las páginas y abro finalmente Tumblr, Twitter y w*****d. Estoy a punto de reblogear una foto en Tumblr, cuando mi teléfono emite dos pitidos consecutivos y luego otro, indicándome que me llego un mensaje de texto. Eso es raro, casi nadie me manda mensajes de texto. Para eso está el w******p, f*******: y otra infinidad de redes para comunicarse sin necesidad de gastar saldo. Al desbloquear mi teléfono, veo que el remitente es un número desconocido, pero al abrir el mensaje, por poco se me cae el teléfono de las manos: “Te estás convirtiendo en Licántropa, chica tonta.” ƒ – ¡Nueve en punto! –Chilla mi madre corriendo fuera de su cuarto. – ¡Hora de abrir los regalos! Todos nos acomodamos en torno al árbol de navidad que se encuentra en la sala, mis padres se sientan en el sillón que se encuentra al lado de este, yo me acomodo en el piso cerca del sillón y mi hermano se tira en el piso cerca del árbol. Como era de esperarse, ataca todos los regalos hasta que consigue el que tiene su nombre. - Eres un tremendo troglodita, ¿sabías? - Gabriel me gruñe mientras sostiene su regalo. Destroza la envoltura como un tigre destrozaría a su presa y saca el contenido, primero se queda viendo la chaqueta como si fuera alguna clase de chiste malo, luego la acaricia como si fuera un gato recién nacido, temiendo que desaparezca. Finalmente se pone a correr por todo el apartamento gritando “¡Wolverine está saliendo de esta chaqueta, Wolverine está saliendo de esta chaqueta!”. Yo inmediatamente saco mi teléfono de mi pantalón y grabo la escena con una sonrisa. Sip, esto me servirá en el futuro. Luego vuelve a la sala y se tira en otro sillón mientras recupera el aliento y abraza su regalo de manera obsesiva. Entonces mi madre toma una pequeña caja envuelta en papel dorado y lo abre, después de haber leído su nombre en ella, y suelta un chillido de felicidad. De la caja saca un brazalete brillante de piedras rojas y plateadas, y, como sé que no hará lo mismo que Gabriel acaba de hacer –porque es lo suficientemente floja para ello– se abalanza sobre mi padre y lo acribilla a besos. Yo me rio y le lanzo el regalo que le corresponde a mi padre. Una vez que este lo abre, encuentra una nueva pluma con detalles de titanio y cosas así que mi mamá y yo le compramos hace unos días. Él me guiña un ojo y señala la última caja envuelta que se encuentra debajo del árbol. – Es tu turno, pequeña. Me muevo rápido y tomo la caja entre mis manos, quito con cuidado el papel para envolver y suelto un grito de sorpresa al ver la portada de la caja. ¡Unos audífonos Monsters! – ¡Oh por Dios! ¡Unos Monsters! –Me agito emocionada. – ¡Y son negros! – Si bueno, ya no tenían rosados… –Mi hermano sonríe mientras juega con su llavero de S.H.I.E.L.D. – ¡No puedo creerlo! ¿Tú le dijiste a papá que quería unos Monsters? – Obvio idiota, ya estaba harto de que me quitaras mis Beats. – ¿Sabes que los Monsters son como 5 veces mejores que los Beats? – ¿Por qué habría de querer regalarte unos Monsters si no supiera eso? Ahora podre vengarme. – Eso ni lo sueñes, pequeño Wolverine. ƒ Faltan 20 minutos para las doce. Mientras pasa el tiempo, uso mi regalo de navidad mientras veo imágenes en WeHeartIt en mi celular. Mi hermano se puso su chaqueta y está jugando con su PlayStation. Y mis padres se fueron a su cuarto a ver una película. Ya hoy es 31 de Diciembre, y estos últimos días han pasado bastante rápido, entre las peleas con mi hermano que trataba de quitarme mis hermosos Monsters, y yo tratando de descifrar que clase de brujería tiene mi mini-loba. Mis colmillos ya son normales, y no he tenido casi ningún extraño síntoma. A 10 minutos para las 12, mi madre aparece en la sala y nos hace dejar lo que estamos haciendo para realizar las tradiciones navideñas. Yo paro la música y bloqueo mi teléfono, mi hermano para su juego y apaga el televisor. Junto mis cejas, debe estar muy feliz para no quejarse. Mi madre nos hace comer doce uvas, una tasa de lentejas previamente cocinadas, algunas nueces y también nos obliga a pasear nuestras maletas de viaje con ruedas por el pasillo fuera del apartamento. Típicas cosas locas de año nuevo. Faltando un minuto para las doce, mi madre sirve 4 copas de champagne y brinda por un maravilloso año viejo y por un nuevo año lleno de sorpresas. Y entonces comenzamos a contar. – 10, 9, 8, 7… Una oleada de calor me invade en el estómago. – 6, 5, 4… La oleada se expande hasta llegar a todo mi cuerpo. – 3, 2… Una punzada bastante fuerte se instala en mis sienes, pero la ignoro, pensando que es efecto del alcohol, ya que no estoy acostumbrada a él. – 1, ¡Feliz Año Nuevo! Abrazo a mis padres y sacudo el cabello de mi hermano pequeño. Luego, chocamos las copas y bebemos el resto de champagne en ellas. En la radio suena el himno nacional, por lo que hago una mueca, la cual se hace más grande cuando el dolor de cabeza aumenta. Camino al baño para remojarme la cara con agua fría, pero toda cosa que tenía planeada se borra de mi mente al ver mi reflejo en el espejo. Mis irises, que usualmente son marrón oscuro, tiene ahora remolinos de color dorado brillante, que se hacen más grandes cada segundo, hasta que cubren todo rastro de color oscuro. Mis ojos son amarillos. Entonces algo hace click en mi cabeza, el rompecabezas se ordena y arma solo, ahora todo tiene sentido. Imágenes y recuerdos explotan en mi cabeza tan rápido que lo único que hago es parpadear de incredulidad. Esa noche en el callejón, un chico de ojos amarillos me mordió, luego de eso: la fiebre, el cabello, el mal humor, las uñas, mis dientes, incluso las páginas de internet indicaban lo mismo. Una imagen de mi loba Jía aparece en mi mente, tan vivida que pareciera que la veo en frente de mí. “Te estás convirtiendo en Licántropa, chica tonta.” El mensaje de texto retumba en mis oídos con la voz de aquel chico del callejón. Llevo mi mano a mi hombro izquierdo donde se encuentra mi cicatriz, dejo escapar todo el aire que no pensaba que estaba conteniendo. – Me estoy convirtiendo en Licántropa.
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