Capitulo 3
Al llegar al lugar donde se hospedarian en su luna de miel Charlotte observó todo con atención. Era algo parecido a una villa residencial, enorme y lujosa, rodeada por portones que se abrieron para dejarlos pasar.
El chófer condujo por las calles dentro de la gran muralla hasta llegar a una de las últimas áreas, estás al parecer eran las más importantes ya que estaban apartadas del resto. Al estacionar los hombres que iban en la camioneta de atrás bajaron y entraron al departamento, mientras Gustavo esperaba pacientemente mirando su teléfono un momento.
Ella al ver que él no tenía planeado hablar optó por abrir la puerta del auto para bajar. Y en ese momento él interrumpió su actuar :
- No te recomendaría bajar todavía - dijo apagando la pantalla del móvil para luego observarla. Ella lo miro también sin comprender.
-¿Por qué no? - preguntó cerrando de nuevo - ¿Qué acaso no acabamos de llegar?
- Si linda, el asunto es que están registrando el lugar y hasta que no terminen no puedes pasar - explicó - Por lo tanto deberías quedarte, afuera hace mucho frío.
- ¿Registrando el lugar? - arqueó una ceja con incredulidad ante aquello - ¿Y eso a que se debe?
- Si, deben registrar el lugar y asegurarse de que no corramos ningún peligro - asintió - Siento decirte esto, pero no creo poder remediarlo mi profesión lo requiere.
- ¿Estás en peligro constantemente? - dijo suavizando su tono.
- Podría decirse - suspiró profundamente y se pasó una mano por el cabello castaño desarreglando un poco su peinado. No quería que ella se sintiera más incómoda por aquello con lo que él tenía que lidiar - Es un poco complicado lidiar con ciertas personas que no quedan satisfechos con lo que hago.
-¿Tienes muchos enemigos? - pregunto acomodando su cabello de medio lado.
- Si, afortunadamente no son tan molestos como los amigos - sonrió intentando no hacer más incómoda la situación con ella con ese tema.
- Ya veo - apretó los labios un instante - Bueno te agradezco que me lo contarás, prefiero estar precavida en cualquier caso.
- No tienes porque preocuparte por eso - le tomo la mano - De tu protección me encargo yo, te prometo que nadie va a hacerte daño mientras yo viva.
Charlotte observó sus manos entrelazadas y no pudo más que asentir levemente. No tenía más nada que hacer, no quería acercarse demaciado, después de todo su matrimonio era algo por obligación y que ella no había querido. Gustavo entendiendo aquel silencio y a presar de que ella le había permitido tomarle la mano, era obvio que no le agradaba su cercanía, por lo que con sutileza acarició el dorso de esta y luego la soltó con cuidado.
Después de diez o quince minutos de espera, los guardias se hicieron presentes y bajando el equipaje para dejarlo dentro de el departamento, la pareja al fin pudo bajar. La primera en entrar fue Charlotte, ya que Gustavo se quedó hablando un momento fuera hablando con sus guardas.
Ella mirando todo a su alrededor camino despacio hacia la sala, era un espacio aunque pequeño, muy lujoso decorado en tonos de n***o, blanco, beige y azul marino. Luego continúo hasta la cocina, la habitación del servicio, el baño de visita, y por último la habitación. Está estaba decorada en blanco y beige, con una enorme cama. Dentro de este estaba también el baño y closet los cuales estaban juntos y un bonito balcón.
- Charlotte - dijo Gustavo apareciendo tras ella. Nerviosa se dió la vuelta y lo miró parpadeando a la espera de que continuará hablando.
- Dime - preguntó cerrando las cortinas.
- Ya estan las maletas en su sitio - aviso - El personal de seguridad está afuera. Puedes este tranquila.
- Bien - asintió. Sin saber que más decir y a la espera de que él hiciera algo, avanzara y consumara lo que debía pasar entre ellos esa noche, a presar de que era lo que menos quería bajo la cara y cerró los ojos un instante mientras respiraba profundamente.
Gustavo al ver su incomodidad y entendiendo lo que ella pensaba que sucedería entre ellos por su reciente boda, se acercó un poco y levantando el mentón para hacer que lo mirara a los ojos acaricio su mejilla con dulzura. Jamás la obligaría a nada, primero por ser una mujer y segundo por ser la mujer que él amaba. Charlotte mirando sus ojos verdes grisáceos pensó en lo mucho que le costaría pagar las caras consecuencias de decisiones que no querría haber tomado nunca, sino que por obligación tuvo que elegir.
- Charlotte - susurró - Te amo - confesó derrepente. Lotty lo miro con cierto asombro en su expresión, era la primera vez que lo escuchaba decírselo, la amaba. Siempre durante todo su compromiso pensó que aquello era algo de conveniencia para ambos, y aunque supo y noto que él más interesado en aquel enlace era él, no pensó en ningún momento que fuera por amor - Desde hace más de tres meses estoy enamorado de ti, de tus ojos, de tu sonrisa y tú manera de ser. Me enamore de ti y ya no concibo un día sin tenerte a mi lado, era lo más importante y maravillosos que me ha pasado en la vida.
- Gustavo yo... - no tenía nada que decir o hacer, simplemente no podía responderle.
- Shhh, no digas nada - pidió - Se que tú no sientes lo mismo y lo entiendo, creeme que si. Pero quiero que sepas cómo me siento, y que sepas que esto para mí no es menos importante que cualquier otra cosa, solo quiero que seas conciente y ya. No espero ninguna respuesta inmediata.
- Siento mucho no poder corresponderte - susurró con timidez, sin saber que más decir con respecto a ese tema en específico, la realidad de sus situación era que ella jamás había querido casarse con él y ahora que este le confesaba lo mucho que la quería sentía que estaba en un conflicto interno sobre las ideas.
- No quiero que lo sientas - dijo él - Quiero que me brindes la oportunidad de poder pasar mi vida a tu lado y hacerte tan feliz como sea posible noche y día - se acercó un poco más a ella juntando su frentes. Charlotte nerviosa por su cercanía sintiendo los brazos de sus esposo alrededor de la cintura cerró los ojos por un instante, mientras Gustavo acercó su cara un poco más y con ternura juntó sus labios. Al sentir su beso, por un momento se quedó paralizada, sin saber que hacer, pero pasado unos segundos encontró la respuesta y correspondió lentamente al beso de su esposo.
Era obvio que debía hacerlo, al fin y al cabo algo debía pasar entre ellos esa noche y ella aunque un poco renuente era su esposa y ya no podía negarse. Con esa idea clara en la cabeza, su sorpresa fue enorme cuando lo sintió separarse, juntar sus frentes aún con los ojos cerrados y sentirlo negar mientras le acariciaba suavemente la mejilla.
- No voy a obligarte a nada que tú no quieras - susurró con toda la dulzura del mundo mirándola luego a los ojos - No puedo y no quiero Charlotte - admitió dejándola atónita - Si esto va a suceder no será porque es obligación, sino porque así lo deseas. Y estoy consiente de que no es así - continúo diciendo al ver que ella no hablaba - Por lo tanto compartiremos habitación, pero no estaremos juntos hasta que tú lo decidas - aclaró haciendo que ella pudiera volver a respirar con normalidad - ¿Estamos de acuerdo? - pregunto de todas formas usando un tono de voz neutro para así demostrar que no estaba enojado.
- Por supuesto - asintió más que agradecida por aquello. Cómo abogada sabía que no estaba en la obligación de cumplir con aquella parte de sus deberes maritales si no quería, en ninguna parte de la ley lo estipulaba, pero ella sentía que si, por lo que, que él se lo dijera lo cambiaba todo para ella ya que la liberaba de aquel peso tan grande que sentía - Gracias - murmuró aliviada.
- No tienes que agradecerme nada - sonrió - Ahora sí quieres prepárate para dormir, debes estar exhausta.
- ¿Y tú? ¿Piensas salir? - pregunto muy bajito. Aún así él la escuchó y negó.
- No, iré al despacho en lo que te preparas para arreglar un par de cosas - explicó - Regreso al rato - dijo y ella asintió de nuevo para luego verlo salir. Soltando un largo suspiro ya sola en la estancia dió un par de vueltas y procedió a alistarse para ir a la cama, total era lo más sensato que podía hacer despues de un largo día como ese.
Mientras se duchaba pensó en lo lindo que había sido Gustavo con respecto al detalle de la intimidad, simplemente no quería obligarla a nada, a pesar de ser su esposa y haber aceptado casarse con él. Eso no podía demostrar nada además de lo mucho que en verdad la amaba.
Un rato más tarde al estar entre las cobijas vio entrar a su esposo quien algo distraído y con gesto cansado se dispuso también a prepararse para ir a dormir. Por lo poco que había podido notar estaba algo ojeroso, aunque eran muy leves las marcas bajo su ojos, creía que no había dormido nada durante las horas de vuelo y tampoco desde la noche antes de la boda. Lo cual a su parecer era algo extremó, ya que descansar era fundamental para mantenerse sano y él no lo hacía con frecuencia.
Cuando lo vio salir del baño, ya empijamado y listo se recostó a su lado y respiro profundo para luego soltar lentamente el aire retenido. Su cansancio era absoluto.
- ¿Estás bien? - le pregunto de proto mirándola.
- Si, ¿Por qué no habría de estarlo? - respondió sin comprender.
- Puede que esto sea incómodo para ti - indicó.
- Eres mi esposo - dijo igual - Debo acostumbrarme - y para aliviar un poco el ambiente ligeramente tenso que había entre ellos añadió - Por suerte no vamos a discutir por quién duerme de qué lado de la cama - sonrió - Tu en el lado derecho yo en el izquierdo, sin discusión todo es simple - Gustavo sonrió ante aquella observación y después asintió.
- Si, por lo visto tienes razón - y bostezando derrepente se frotó los ojos - Bien creo que ya es hora de dormir. El café fue efectivo hasta hace... - miro en reloj - veinticinco minutos atrás y las horas sin dormir ya quieren pasar factura.
- Es justo - asintió de igual forma.
- Claro que si - dijo medio dormido - Buenas noche cielo - dijo acomodándose ya casi dormido.
- Buenas noches Gustavo - susurró al verlo ya con los ojos cerrados y de manera inimaginable profundamente dormido.
Por un rato, aprovechando que estaba descansando, se dedicó a observarlo a detalle como no se había permitido nunca. Su esposo, quien siempre había lucido atractivo, debía de reconocer que era un hombre increíblemente guapo. Era de tez blanca, de un cabello marrón oscuro en un corte formal y elegante, unos preciosos ojos color verde grisáceos que estaban resaltados por unas largas pestañas, poseía una encantadora sonrisa y una quijada cincelada que le brindaba mayor elegancia, además era alto, de excelente porte y un cuerpo atlético perfectamente desarrollado que le permitía lucir como quería.
De su personalidad no tenía mucho que decir pues, no era que hablara demaciado. Lo que si podía decir es que era todo un caballero, educado, elegante, inteligente y muy prudente en cuanto a lo que decía o hacia. Rara vez dejaba ver sus emociones y era un hombre tranquilo, que amaba a su trabajó y familia. De resto era un completo desconocido, lo que era en cierta forma extraño ya que estaba casada con una persona a la que no conocía en lo más mínimo. Pero que por ironías del destino la amaba y estaba dispuesto a apoyarla, cuidarla y velar por ella y por su bienestar, aún incluyendo a su madre la que era obvio no le simpatizaba a ninguna de las personas que la conocían y tenía la impresión de que él no era la excepción, pese a que no lo demostrará.
Después de cómo hora y media de estar observándolo y analizandolo decidió dormir, no había manera de entender algo tan complejo y complicado de explicar. Dudaba incluso que él mismo pudiera decirle a ciencia cierta lo que era ya que, de alguna manera parecía algo de otro planeta, cosa que no le disgustaba, pero que no era sencillo de manejar o comprender.
- Esto es más complicado de lo que yo imaginé - susurró. Cuando se acomodaba vio la orgolla que simbolizaba su unión en el dedo anular de la mano izquierda y con cuidado de no despertarlo la tomo entre la de ella. Aquel matrimonio no sabía cuánto representaba para él, jamás lo habían hablado y no creía que algún día lo hicieran. Nunca le dijo sus razones para querer casarse hasta ese día por lo que, si decía amarla no creía que fuera una tontería o simple capricho lo que quería. De todas formas al no estar seguro de nada, como le ocurría a ella con Gustavo, lo mejor era dejar pasar el tiempo y entender poco a poco cómo sería todo.
Cansada y sin querer pensar más en nada referente a lo ocurrido durante esos días o esos meses tan largos y estresantes en los que sus expectativas habían quedados hechas trizas en un instante, se recostó acomodándose para caer en un profundo sueño para relajarse.
Al día siguien, Gustavo despertó muy temprano, al abrir los ojos e intentar moverse lo primero que encontró fue un pequeño bulto acurrucado a su costado. Sin observar supo de inmediato que se trataba de su esposa pues, tenía su brazo enroscado alrededor de su cintura y sobre su abdomen en un abrazo y su cabeza reposaba sobre su hombro izquierdo dejando la cara entre el hueco del cuello. Tenía frío, estaba claro que si, pero aún así eso provocó que esbozara una preciosa sonrisa.
Durante unos minutos se dedicó a quedarse así, en la misma posición sin querer moverse para nada. Su esposa dormía tan tranquilamente que, temía poder despertarla a la hora de levantarse por lo que sin saber a ciencia cierta si su sueño era ligero o no espero un momento a que ella misma se acomodara, dedicándose solo a estar quieto y disfrutando de la cercanía que tenían.
Luego de cómo hora y media ella se empezó a mover un poco. Despacio abrió los ojos y como niña chiquita levanto levemente la cabeza para después volver a enterrarla en dónde estaba anteriormente hasta que, sobresaltada se incorporó mirando a su esposo con extrañeza.
Charlotte en ese momento parpadeó nerviosa por semejante despertar, era la primera vez que dormía junto a un hombre, por lo tanto la primera vez que experimentaba un despertar tan desconcertante. Normalizando la respiración, cerró los ojos un par de segundos y posteriormente los abrió de nuevo ante la mirada divertida de su marido, quien solo la observaba con especial atención.
Para Gustavo ese era el mejor amanecer de toda su vida, verla abrir los ojos, y aunque sorprendida, poder apresciar la belleza y la inocencia que desprendía su esposa. Tenía el cabello color café acomodado a un lado de la cabeza cayendo por su delicado hombro como una cascada lisa y uniforme, el rostro relajado y una expresión que demostraba que no sabía que decir en ese momento.
- Buenos días - procedió a saludar con caballerosidad tomando su mano para besar el dorso con delicadeza, cosa que para ella no pasó desapercibida.
- Buenos días - respondió sin saber a dónde mirar, los nervios que sentía no eran normales en ella y mucho menos ese inusual comportamiento de niña pequeña. Aunque no era una mujer experimentada, nunca se había demostrado débil o vulnerable ante ningún hombre, ninguno le había provocado tantos nervios o sentimientos que la desconcertaran de tal manera al mismo tiempo.
-¿Quieres que salgamos a desayunar? - preguntó con dulzura.
- Si es lo que te parece hacer - dijo moviendo los hombros - De acuerdo - aceptó. Gustavo frunciendo el entrecejo se incorporó despacio.
- No quiero hacer lo que a mí me parezca - aclaró - ¿Quieres o no?
- Si Gustavo, vamos - repitiendo en tono calmado - Yo jamás había viajado acá, no sé qué es lo primero que podemos hacer o no, a diferencia de si vamos a Suiza. Aquí estoy perdida - dijo en tono relajado.
- Okey - suspiró profundamente sin aprobar en absoluto aquel comportamiento tan sumiso de su esposa, el cual no le gustaba nada ya que, ella no era así - Vamos a desayunar cariño.