Alya Fuentes Me quedé frente al espejo del baño durante lo que parecieron horas, viendo cómo el vapor de la ducha empañaba mi reflejo hasta borrarme por completo. Ojalá fuera así de fácil desaparecer. Mi mente era un campo de batalla: una parte de mí gritaba que me quedara en casa, que bloqueara su número y que me enfocara en ser la hija perfecta que mi madre necesitaba. la otra parte, la que ahora latía con una fuerza animal bajo mi piel, solo contaba los minutos para volver a sentir sus manos. Al final, el deseo ganó. Siempre ganaba. Me vestí con algo sencillo pero que se deslizaba fácilmente sobre mi piel, un recordatorio silencioso de mis intenciones. Salí de casa en silencio. Mi madre no estaba, seguía sumergida en ese océano de preparativos, escogiendo manteles y cubiertos para u

