Capítulo 9

1451 Words
—Hola, Alexander —respondió una voz que pertenecía a Renata. —Renata, eso que dicen en las noticias es… —estaba a punto de explicar, pero ella lo interrumpió. —Sé que es un malentendido, solo están tratando de estropear tu reputación —le dijo Renata con suavidad. Alexander pareció sentirse aliviado por su comprensión y sonrió gentilmente. —Me alegra que lo entiendas. —Deberías descansar ahora, Alexander. Que tengas un gran día mañana —le dijo ella. Lo que necesitaba ahora era un descanso para calmarse. —Te quiero —dijo ella. Su dulce voz resonó en sus oídos y Alexander sonrió. —Te quiero más. Finca glamorosa. A la mañana siguiente, Shanne Cole, el chofer de Alexander Zack, lo llevó temprano a la empresa, donde los reporteros habían nublado la entrada. El equipo de seguridad de Alexander Zack se acercó para escoltarlo dentro del edificio. —Señor, estamos aquí —le dijo Shanne. Alexander miró por la ventana y vio a los periodistas en las instalaciones de su empresa. —Entremos —dijo a Shanne con voz fría. Shanne le abrió la puerta y los flashes de las cámaras destellaron desde distintos ángulos mientras los reporteros le lanzaban preguntas: —Señor Alexander Zack, ¿cómo reaccionaría ante la noticia que salió al aire ayer? —¿Qué tiene que decir sobre lo ocurrido? —¿Quién es la dama? —¿La conoce desde hace mucho tiempo? ¿Fue su primer encuentro? —¿Por qué lloró en la escena? —¿Cómo planea resolver este problema? Alexander no respondió a ninguna de las preguntas y los guardias lo llevaron al interior del edificio. Algunos miembros del personal lo miraron fijamente, mientras otros murmuraban entre ellos. Philip corrió hacia Alexander. —Señor, ya está aquí. Philip y Alexander se dirigieron a la oficina. Alexander se aflojó la corbata y miró por la gran ventana; los reporteros seguían allí. —¡Dios mío! —exclamó suavemente. Sus ojos estaban fríos mientras pensaba—. Felipe. —Sí, señor —respondió Felipe, que estaba cerca, sin vacilar. —Convoca a la prensa para que se calmen por ahora. Luego dile a la secretaria que me traiga los documentos que debo firmar. 💕 —Está bien, señor —dijo Felipe antes de retirarse para cumplir con la orden. Alexander Zack se sentó y se sirvió un vaso de whisky. Se lo bebió de un solo trago y se pasó la mano por la frente, manteniendo la mirada fija en el vacío. —Todo esto pasó dentro de mis propias alas cerradas —murmuró. Llamaron a la puerta de su oficina. —Adelante —ordenó, sabiendo quién podía ser. Una secretaria entró en la oficina. —Buenos días, señor. Hoy retomo mis funciones —dijo mientras se acercaba al escritorio—. Soy Felicity Shade. —Estoy al tanto. ¿Trajiste los documentos? —preguntó sin apartar la mirada de ella. —Aquí, señor —respondió, colocándolos sobre el escritorio. Alexander comenzó a revisarlos. —Cancela todo mi horario matutino e informa a Shanne Cole que prepare el coche —le ordenó. Felicity lo miró con duda. Acababa de comenzar a trabajar allí ese mismo día y no sabía de quién hablaba. —Señor… ¿quién es Shanne Cole? —preguntó con cautela. Alexander arqueó una ceja y la miró con indiferencia. —Mi conductor —respondió. Era la primera vez que un empleado se atrevía a cuestionarlo. Felicity notó la frialdad en sus ojos y bajó la mirada. —Lo siento, señor. Iré a hacerlo de inmediato —dijo apresuradamente, recorriéndole un escalofrío por la espalda. —Felicity —la llamó Alexander, deteniéndola. —¿Sí, señor? —respondió ella. —No necesito personas ingenuas en mi compañía ni a alguien que no sea lo suficientemente inteligente para este trabajo. Solo te lo perdono porque es tu primer día aquí. No lo dejaré pasar la próxima vez. ¿Entendido? —preguntó con su voz profunda y firme. —Sí, señor —respondió ella antes de salir de la oficina. Felicity se dirigió a su escritorio para reanudar su trabajo. —Tengo que ponerme al día de inmediato —se dijo a sí misma, concentrándose en sus tareas. … Alexander Zack llegó a la villa de su abuelo. Entró y vio a Ethan Zack de pie, cerca de la ventana. —Presidente, ya estoy aquí —le dijo con respeto. Ethan Zack se volvió hacia su nieto. —Toma asiento. Ambos se sentaron. Ethan se aclaró la garganta y miró a Alexander con expresión seria. —¿Cómo permitiste que sucediera algo así? —preguntó. —Nunca hice nada intencionalmente —respondió Alexander. —Debes saber que muchos ojos están atentos, esperando ver tu caída —dijo Ethan. Su mirada era fría y las arrugas de su frente se marcaban aún más. —Ya ordené que bloqueen las noticias de inmediato —respondió Alexander. —Eso no ayudará, Alexander —dijo Ethan con voz profunda—. La noticia ya se ha vuelto viral. He recibido llamadas de muchos reporteros y de la junta directiva. Alexander, no estoy nada impresionado, ni tampoco feliz —añadió con decepción reflejada en el rostro. —Encontraré una forma posible de resolver esto —respondió Alexander a su abuelo, consciente de los problemas que había causado esta vez. Ethan se recostó en su silla y miró a Alexander. Exhaló profundamente antes de hablar, pronunciando aquellas palabras con evidente vacilación. —Alexander, la única manera de salir de esto es proponerle matrimonio. Los ojos de Alexander se dilataron. —¡¿Qué?! ¡Presidente! —Alexander lo miró atónito. No esperaba escuchar esas palabras de su abuelo. —Puedes llamarme abuelo ahora. Estamos solos —dijo Ethan con gentileza. —Abuelo, no puedo hacer eso —respondió Alexander apresuradamente. —Es la única forma, Alexander. Alexander frunció el ceño y lo miró fijamente. —¿Cómo puedes pedirme que me case con una chica que ni siquiera conozco? No sé su nombre, su ubicación ni sus antecedentes familiares. ¿Cómo puedes llegar a esa conclusión? No puedo proponerle matrimonio. Además… ya hay alguien más en mi vida. Era la primera vez que le respondía de esa manera. La primera vez que deseaba ir en contra de la palabra de Ethan Zack. Ethan lo miró con severidad. —La empresa es lo primero, Alexander… He pasado mi vida desarrollando esa finca. Si tus padres, si mi hijo, no hubieran muerto, él la estaría dirigiendo en mi vejez. Tienes que ocupar ese lugar, Alexander. Debes conservarla de esta manera. Alexander se burló amargamente en su interior. —No puedo creer que me pidas que me case con alguien a quien no amo, abuelo —dijo con la voz ligeramente quebrada. En ese momento, Bailey Zack, su abuela, entró en la habitación. —¿Por qué esas caras? —preguntó al notar la tensión en el ambiente. Alexander la miró y le contó lo que su abuelo acababa de decirle. —Abuela, el abuelo quiere que me case con una chica que no conocía hasta el evento que ocurrió. Los ojos de Bailey se entristecieron al ver el dolor en su nieto. Se acercó y se sentó a su lado. —Alexander, también hemos hablado de esto. Parece ser la única manera de detener el escándalo que has creado —dijo con suavidad. Ethan miró a su nieto. No podía permitirse ablandarse; esto era por el bien de la compañía. —Deberías dar una entrevista. Decir que ya se conocían de antes y que las lágrimas en sus ojos fueron porque le prometiste matrimonio antes de separarse. Que estaba abrumada al verte de nuevo, pero triste por la forma en que se reencontraron. Alexander lo miró con incredulidad. —Abuelo, eres increíble… ¿cómo puedes construir toda esa mentira con tanta facilidad? Encontraré otra forma de resolver este lío que he creado. No puedo traicionar a Renata, mentir públicamente y luego vivir con alguien a quien ni siquiera conozco —dijo con la mirada oscurecida. Ethan exhaló con pesadez. —Te daré hasta mañana. Si este problema no se resuelve, llamaré a la prensa para esa entrevista privada. Solo tienes hoy para arreglarlo a tu manera —dijo con frialdad. Alexander se puso de pie y salió de la villa, claramente descontento. Regresó a su casa, donde sus amigos ya lo estaban esperando. Se sentaron junto a él con expresión preocupada. —¿Qué dijo el anciano? —preguntó Eric, rompiendo el silencio. Alexander soltó una risa suave, cargada de ironía. —Quiere que convoque una entrevista y anuncie una propuesta de matrimonio para esa chica desconocida —respondió.
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