Capítulo 11

1362 Words
—Alexander… —Garrett miró a su amigo con ojos tristes. —Quiero estar solo, por favor —dijo Alexander, volviéndose hacia la ventana. Garrett salió respetuosamente de la oficina y le indicó a Felicity que no entrara y que cancelara toda la agenda de Alexander. ---- Laura llamó a Camila en cuanto vio la noticia. Camila atendió la llamada. —Hola, mamá. Sabía que debía haber visto las noticias. —Camila, ¿viste las noticias? —preguntó Laura sin vacilar. —Sí, mamá. No es gran cosa —respondió Camila, restándole importancia. —¿Dónde estás? —preguntó Laura. —Estoy en el apartamento de Nick. —¿Puedes volver a casa ahora? —preguntó Laura con voz abatida. Camila percibió la ansiedad en la voz de su madre. —¿Pasa algo? —preguntó. Maldición… todo estaba mal ahora. —Tenemos un invitado inesperado en casa —le dijo Laura. —¿Un invitado inesperado? —repitió Camila, confundida. ¿Quién podría ser? —Estoy en camino, mamá —respondió antes de que su madre colgara. Clara miró a Camila con curiosidad al notar su reacción. —¿Qué pasa? —Hay un invitado inesperado en casa. Tengo que irme ahora —les dijo Camila mientras recogía sus cosas. Nick se rió con alegría. —Seguro que son tus suegros. Camila frunció el ceño; sabía que se estaba burlando de la situación. —Nick, deja de bromear y sigue jugando. Nick sonrió. —Ahora quieres que juegue. Está bien, llámame después. Adiós —dijo, saludándola con la mano. Camila negó con la cabeza ante la inmadurez de su primo y se despidió de Clara antes de salir con su bolso. Cuando llegó a casa, vio varios autos lujosos estacionados frente a la entrada. Decidió no entrar por la puerta principal; rodeó la casa y entró por la puerta trasera, donde encontró a su madre. —Mamá, ¿qué está pasando? ¿Quiénes son? —preguntó con curiosidad y un toque de miedo. Nunca había visto autos así frente a su casa. Sin duda pertenecían a alguien muy rico. —Es el presidente de Glammaly Estate y su esposa —respondió Laura. —¡¿Qué?! —Camila miró a su madre, sorprendida. Recientemente había descubierto que Glammaly Estate era una empresa enorme, una de las diez más ricas. —¿Qué hacen aquí? —preguntó. —Quieren conocerte por lo que salió en las noticias —dijo Laura. Camila comenzó a temblar al escuchar eso. La escena de la noticia volvió a su mente: el agua arrojada a su rostro, las amenazas… ¿Habían venido para demandarla? ¿O incluso para llevarla a la cárcel? Miró a su madre con lágrimas en los ojos. —Mamá, todo lo que dijo su hijo es mentira. Nunca lo conocí en mi vida… y mucho menos somos amantes —explicó Camila con desesperación. —Lo sé, bebé. —Laura, al ver a su hija aterrorizada, le tomó las manos y las acarició suavemente. —¿Dónde está papá? —preguntó ella. No estaría tan asustada si su padre estuviera cerca. Él siempre la respaldaba, y sus padres la defenderían. De ninguna manera esa gente rica podría humillarla o despedazarla por la mentira de su hijo. —Él está con ellos. Ven a mostrar tus respetos, querida —le dijo Laura a su hija. Tomadas de la mano, entraron en la sala de estar. Todos allí se veían ricos y poderosos, pero la expresión en sus ojos logró tranquilizarla. Camila hizo una leve reverencia y los saludó respetuosamente. —Soy Camila Joey —se presentó. Ethan Zack miró a la joven con una sonrisa amable y preguntó con gentileza: —¿Cómo estás? Al ver su sonrisa, las terribles imaginaciones de Camila comenzaron a disiparse. Si hubieran venido para enviarla a la cárcel por lo ocurrido con su hijo, no le estarían sonriendo así. —Estoy bien —respondió. Luego reunió el valor para hablar, aunque lo hizo con suavidad. —Después de ver las noticias, me gustaría que me explicaran… ¿qué significa todo eso? —preguntó mientras se sentaba junto a su madre. Tenía derecho a saberlo. ¿Qué matrimonio? ¿Qué relación pasada? Ethan la miró con expresión serena. —Ya me estaba disculpando con tus padres por lo sucedido. Pero, tal como dijo mi nieto en las noticias, nosotros apoyamos ese matrimonio. Camila frunció ligeramente el ceño. ¿Apoyar qué matrimonio? Ella jamás se casaría con ese idiota grosero. Tal vez ellos también habían sido engañados por la mentira de su nieto cuando afirmó que habían sido amantes. Tenía que aclararlo. Los miró con firmeza. —No conozco a su nieto. Ni siquiera sé su nombre. No nos habíamos visto ni hablado antes de ese video que todos vieron. Todo lo que dijo en esa entrevista fueron mentiras. Ya no tenía miedo de llamar mentiroso a su nieto. Sus padres estaban allí, apoyándola, y eso le daba valor. Bailey Zack la miró con ternura. Sabía que la noticia debió haberla afectado profundamente. Decidió decirle la verdad. —Él tuvo que hacer eso para salvar la empresa… y con el tiempo llegará a quererte —le explicó Bailey con calma. Habían venido para disculparse con ella y con sus padres. No querían mantener a sus futuros consuegros en la oscuridad. Sin embargo, escuchar aquellas palabras hizo que Camila se enfadara un poco. Miró a Bailey y respondió con voz fría: —Dejemos algo claro… Yo no lo amo y no tendré nada que ver con ese idiota. Todos la miraron sorprendidos y consternados. Trevor observó a su hija. —Camila —la reprendió en tono severo. Pero Camila era terca y no estaba dispuesta a dejarse obligar por nadie, ni siquiera por aquella poderosa familia. Miró a su padre con expresión firme. —Lo siento, papá, pero no haré esto. Todo está basado en una mentira. Se puso de pie y miró a los invitados mayores. —Por favor, discúlpenme. Les deseo un buen viaje de regreso —dijo antes de dirigirse a su habitación. Trevor miró al anciano invitado. —Lamento mucho el comportamiento de mi hija —se disculpó. Bailey sonrió y negó con la cabeza. —Es una buena chica —respondió. Ethan Zack miró a Trevor con sinceridad. —Entiendo cómo se siente. Lamento que todo esto haya ocurrido por nuestro bien. —Ya me explicaron la situación. Hablaré con ella —aseguró Trevor. Trevor conocía el mundo de los negocios y, en el fondo, comprendía la razón detrás de todo aquello. —Gracias —le dijo Ethan. Después de que ambos se marcharon, Laura miró a su esposo y le habló con voz suave y delicada: —Trevor, Camila no está feliz. Trevor exhaló profundamente. Aquella noticia también lo había dejado agotado. —Laura, sabía que todo esto iba a pasar. No podemos evitarlo. No quiero que nuestra hija se arruine, así que tiene que casarse con él —le explicó. —Piensa en su felicidad, Trevor —le dijo Laura, buscando su mirada. Lo único que le importaba era la felicidad de su hija. Trevor tomó la mano de su esposa y la acarició con suavidad. Sabía lo que ella estaba pensando. —Estoy pensando en eso, Laura. La noticia fue la única forma de proteger a nuestra hija del escrutinio público. Por favor, entiéndeme. Sus ojos reflejaban ternura y preocupación. Laura sintió una punzada de tristeza. Él tenía razón: si no hubieran usado la entrevista para acallar los rumores, la situación habría sido mucho peor. —Te entiendo… pero ¿Camila lo entenderá también? —preguntó con inquietud. —Primero tengo que hablar con ella. Trevor llamó a la puerta de la habitación de Camila. —Camila, soy yo, tu papá. Déjame hablar contigo. —Adelante. Trevor abrió la puerta y encontró a su hija sollozando. Se acercó y se sentó a su lado. —Camila… Ella lo miró con lágrimas en los ojos. —Papá, esto no tiene sentido. Puedo verlo claramente… Todo esto es por su beneficio. Solo quieren proteger su empresa. Me están usando, papá —dijo con la voz entrecortada.
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