No me atreví a llamar por teléfono a Sabrina ni a mandarle un mensaje. Al día siguiente de la fatídica sesión pude comprobar que ella me había devuelto el dinero, tal y como prometió. Eso me dolió tanto como sus frías palabras. Fue como si me enviara un mensaje diciéndome: “No sos un paciente especial, solo sos uno más”. Me sentí un completo imbécil. En cuestión de unos días me las ingenié para que las dos únicas mujeres que me importan en la vida, ahora no quieran hablar conmigo. Todo porque las presioné demasiado al exigirles explicaciones. Pero no me sirve de nada quedarme de brazos cruzados. Quizás la situación con Kylie ya se había enfriado lo suficiente como para que pueda llamarla. Al fin y al cabo ella hizo una pequeña tregua cuando me pasó los videos porno de Sabrina. Me armé

