Mis sesiones con Sabrina pasaron de ser entretenidas y sumamente excitantes, a ser tediosas, monótonas, tensas e incluso aburridas. No es culpa de ella, por supuesto. Sabrina no hace más que comportarse como lo haría una psicóloga convencional. Me pregunta acerca de mis problemas, se preocupa por ellos, intenta hacerme entender por qué me siento de determinada manera; pero no se siente igual que antes. Quizás fue un error decirle que prefería seguir atendiéndome con ella, porque podría soportar esta clase de trato tan lleno de “indiferencia profesional”, si se tratase de otra persona; pero viniendo de Sabrina, me duele mucho. En una de las sesiones intenté contarle otra de mis anécdotas sexuales con Matías, no era nada muy diferente a las que le conté antes, solo quería hacerle entender

