Sobre el escritorio había una prueba de embarazo que dejo caer Jairo y corrió hasta donde sabía que encontraría a la responsable de tanta alegría. Su corazón quería salir de su pecho y en su mente llenas de imágenes de niños jugando a su alrededor. Abrió la puerta y ella estaba sentada arreglando su cabello, este ya le llegaba hasta los hombros. Ella a través lo miro muy seria. —¿Ya acabaste de hacer el amor a tus documentos? — le dijo con voz odiosa. Él solo se adentró a la habitación y cerró la puerta muy serio. —Al parecer esos documentos no me quitan las ganas— dijo sin mirarla. Ella frunció en ceño. Se levantó y se mostró a él con una batola de tela transparente, coloco sus manos en las caderas. Haciéndola más irresistible para el hombre que la devoraba con la mirada. —Ganas
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