CAPÍTULO TREINTA Y UNO Aidan estaba con Cassandra en la puerta del calabozo y se preparaba mientras el ejército pandesiano se acercaba por ambos lados. Sin ninguna salida aparente, parecía que la muerte por fin lo había hallado en su misión de rescatar a su padre. Aidan se preparó mientras se acercaban y examinaba a los soldados con armaduras azules y amarillas preguntándose cuál de todos ellos lo mataría primero. Sacó su pequeña espada tratando de ser valiente al igual que su padre, aunque la sostuvo con manos temblorosas y supo que no le serviría de nada. —Bien, fue un gusto el conocerte —dijo Cassandra a su lado también de frente a los soldados y sosteniendo una daga valientemente. Aidan se sorprendió al ver su compostura; mostraba menos temor que él. Ella había vivido una vida dura e

