CAPÍTULO ONCE La mañana siguiente poseía la belleza típica de una mañana posterior a la tormenta. Era tan serena, como si el caos y la destrucción de la noche anterior nunca hubiesen tenido lugar, y de hecho la única prueba de que había habido una tormenta era el techador con su precio de cincuenta dólares la hora, que estaba subido en una escalera mientras comprobaba los daños. ―El parche serán cinco mil dólares ―dijo éste en cuanto estuvo de nuevo en el suelo―. Pero eso no durará mucho; las vigas de debajo están debilitadas y algunas están podridas. Lo que recomiendo es cambiar todo el tejado. ―Oh, Dios ―murmuró Emily―. ¿Y eso cuánto sería? ―Cincuenta mil por todo el tejado, pero tiene treinta años de garantía. ―Treinta años de garantía ―se repitió Emily―. Menos mal. ―Volvió a dirig

