CAPÍTULO DOCE Emily se vio cara a cara con su madre por primera vez en casi un año. Parpadeó, anonadada, como si estuviese viendo un fantasma. Emily quería a su madre, aun a pesar de las dificultades en su relación, y se sintió complacida de verla. Le sonrió con calidez. ―Así que es verdad ―dijo su madre, sin molestarse en saludarla de ningún modo―. He tenido que enterarme de labios de uno de esos pueblerinos de que mi hija estaba aquí. Sabía que te habías ido de Nueva York, ¡pero que hayas venido aquí de entre todas las opciones! Emily sintió cómo se desinflaba. Su madre estaba a la ofensiva. Emily había huido a la casa que pertenecía a su padre, al hombre que había abandonado a la familia sin una palabra; debería haber adivinado que su madre se pondría furiosa al enterarse y que aquel

