CAPÍTULO CATORCE El diamante brillaba sobre las sábanas blancas de la cama de Emily, con la luz de la lámpara que tenía junto al colchón haciéndolo destellar. Junto a él estaba el certificado de autentificación con el faro todavía visible a través del papel. Emily estaba sentada en la cama con el teléfono apoyado en el hombro, escuchando la voz monótona del comerciante de diamantes que había al otro lado. Mientras escuchaba su atención se vio capturada por el diamante. No conseguía apartar los ojos de él. Lo hizo rodar suavemente en círculos con un dedo, escuchando la conversación telefónica sólo a medias. Se percató de que al otro lado del teléfono se había hecho el silencio. ―De acuerdo, gracias ―dijo a toda prisa―. Ya le llamaré. Colgó y se recostó contra el cabezal de la cama, ref

