―¡Frena un poco! ―se rió cuando Daniel empezó a echar a andar por la arena―. Se supone que los paseos a la luz de la luna son lentos. Daniel negó con la cabeza. ―Vuelves a equivocarte. Vuelva a intentarlo, señorita Mitchell. No se le ocurrió nada más. Dejó que Daniel la guiase al oeste por la playa. El centro del pueblo estaba al este, por lo que nunca antes habían recorrido aquella ruta. Aquella parte de la playa era donde la carretera que pasaba junto a ella ascendía por los acantilados; Daniel había llevado a Emily en su moto por éstos en algunas ocasiones tan emocionantes como aterradoras en el pasado, pero nunca habían caminado por la playa que había debajo. Y ahora que lo hacían, Emily se preguntó por qué no lo habían hecho antes. Los acantilados eran sobrecogedores desde aquel á

