CAPÍTULO VEINTICINCO Ya en su dormitorio, Emily sacó la maleta del fondo del armario. La mayoría de sus objetos personales ya estaban guardados, por si necesitaba hacer una huida rápida. La habitación era en aquel momento un caos. Después de renovar las últimas habitaciones del tercer piso, se había encontrado sin ningún lugar en el que guardar las cajas de su padre, así que de momento las había metido todas allí. Tampoco era que tuviese que mantener la habitación ordenada para nadie, ya no. Las cajas habían pertenecido inicialmente a la montaña de cosas que acabarían a la basura, pero tras oír tanto hablar de Barcelona, Emily se preguntaba si había alguna prueba que hubiese pasado por alto la primera vez. Se sentó y empezó a rebuscar en una de ellas. No había nada interesante dentro, a

