―Te has cortado el pelo ―dijo para romper el hielo. Amy asintió, haciendo que el cabello que ahora llevaba cortado por la barbilla se agitase con el gesto. Después dibujó una sonrisa y acercó a su antigua amiga para darle un buen abrazo. ―Te he echado de menos, Emily. ―Y yo a ti ―contestó ésta, soltando un suspiro de alivio. ―Y ahora ―intervino Jayne, dirigiéndose a Amy―, ya no hay nada más que hacer excepto sentarnos en el porche y emborracharnos. ¿Verdad, Em? Emily se encogió de hombros. ―Básicamente. Pero tenéis que tener cuidado; mañana por la tarde se celebra una fiesta nupcial en el hostal. No husmeéis ni rompáis nada. Jayne le dirigió una mirada. ―¿Qué te hace pensar que romperemos algo? Amy fue más diplomática. ―Sólo hemos venido para celebrar una noche de chicas con nues

