CAPÍTULO VEINTICUATRO SEIS SEMANAS MÁS TARDE Emily no recordaba ningún verano que se le hubiera pasado tan deprisa ni que la hubiese dejado con una sensación tan heladora. La vida sin Daniel parecía apagada y monótona. Se despertaba todas las mañanas con otro día de sol glorioso y una luz incongruente con su oscuro estado de ánimo, salía al balcón y miraba la cochera que se alzaba al otro lado del terreno, y todas las mañanas le daba la bienvenida la misma imagen: el camino de entrada vacío y la cochera a oscuras. Era como si el verano se estuviese burlando de ella, lanzando sombras y malos augurios todavía más oscuros en la cochera vacía con su luz. A medida que iba pasando el verano, Emily se dedicó en cuerpo y alma al trabajo, intentando mantenerse ocupada y distraer a su mente con c

