Por la mañana, me desperté asustada cuando Hannu se tiró sobre nosotros en la cama para despertarnos. Pegué un grito y le tiré mi almohada en la cara por tonto. Neizan se despertó asustado y cuando vio que éramos nosotros, echó su cabeza en la almohada y soltó un suspiro de alivio. A los minutos después, entraron mis padres a la habitación. Mi mamá caminó hacia el ventanal y abrió las cortinas. —Helli, levántate, ya que debemos… ¡Oh, Neizan! Que alegría verte aquí, cariño. —Mamá y papá les presentamos oficialmente a Neizan Asturias León, el cuarto mosquetero de este adorable y desenfrenado grupo de idiotas— les dije abriendo los brazos en forma de “sorpresa”. —Oh, hijo, has firmado tu sentencia de muerte— le dijo mi papá a Neizan riéndose de él. —Gracias, creo que opino lo mismo que us

