Killian había dejado un poco de lado su trabajo de metodología de la investigación de la materia de ciencias, él decidió no preocuparse tanto ya que tenía bastante tiempo para hacerlo pero a la semana se dio cuenta que ya había pasado demasiado. Él necesitaba avanzar con ese trabajo, aunque tenía aproximadamente un mes todavía no iba a poder hacerlo a último momento a las apresuradas, tampoco le gustaba eso, era alguien que le gustaba demasiado la organización como para dejar las cosas a último momento. El chico de cabello azul tampoco iba a ir a su casa para que él hiciera experimentos en su trasero un día. Estos tipos de trabajo como tenía que considerar otras personas implicadas, le tomaría tiempo y debía ser algo de un proceso.
Él tenía que buscarlo, así que por esa razón estaba en el patio del colegio buscándolo en la hora del receso. El patio de la escuela era grande, o por lo menos más amplio de que podía ser el de una casa, pero no como un parque, solo era para los recesos, tenían otro para los deportes que podían elegir para hacer. Por lo que terminaba siendo fácil hallar a alguien, aparte de que los recreos varían según el curso en que estas, había uno más temprano para los cursos superiores y otro, una hora más tarde, para los cursos inferiores. Ahora el receso era de ellos, justo después de la hora del almuerzo, donde también había podido hacer anotaciones sobre su trasero allí.
Con su mirada buscó al chico de lindo trasero y lo encontró cerca de un gran árbol junto a su amigo morocho pero no porque su cabello color azul se distinguía de entre los otros, ni porque sus ojos azules llamaran la atención en un lugar donde la mayoría de los iris del instituto son color café, sino por su precioso culo.
El castaño estaba a punto de sentarse en el césped pero se vio interrumpido por gritos provenientes del de rizos.
Killian había dejado un poco de lado su trabajo de biología, él decidió no preocuparse tanto ya que tenía bastante tiempo para hacerlo pero a la semana se dio cuenta que ya había pasado demasiado. Él necesitaba avanzar con ese trabajo, aunque tenía aproximadamente un mes todavía no iba a poder hacerlo a último momento, el castaño no iba a ir a su casa para que él hiciera experimentos en su trasero. Él tenía que buscarlo, así que por esa razón estaba en el patio del colegio buscándolo en la hora del receso.
Con su mirada buscó al chico de lindo trasero y lo encontró cerca de un gran árbol junto a su amigo morocho pero no porque su cabello castaño se distinguía de entre los otros, ni porque sus ojos azules llamaran la atención en un lugar donde la mayoría de los iris del instituto son color café, sino por su precioso culo.
El castaño estaba a punto de sentarse en el césped pero se vio interrumpido por gritos provenientes del de rizos.
— ¡Hey, tú! ¡El de lindo trasero!
El de ojos azules giró sobre sus talones, realmente molesto, él odiaba que lo trataran de ese modo, sexualizandolo y más de alguien que ni siquiera conocía. Podía tener el mejor culo pero no tenían porque estarle diciendo ese tipo de cosas todo el maldito tiempo.
Pero cuando vio quien le había llamado así, su enojo se esfumó, convirtiendo su ceño fruncido en una tonta sonrisa. Quien le había hablado era el lindo chico de ojos verdes que le había estado mirando el trasero hace semanas. Dependía mucho de la persona, la forma en la que se te acercaban y si te gusta, pero entendía que una manera de no incomodar a otras personas era comenzar a relacionarte hablando del trasero de la persona o cosas por el estilo, que sean sexuales. Era por una cuestión de que no conoces a la otra persona y no sabes lo que podría hacerle sentir inseguro, incómodo o mal.
El chico le parecía lindo e interesante. Parecía tímido por lo que le llamó bastante la atención la manera en la que lo llamó y la forma en la que le hablaba, porque no había nada s****l en sus intenciones, lo decía como si fuera una obviedad o algo que le llamara la atención. Y ni siquiera tenía la típica mirada o intención lasciva que sí tenían los hombres que le decían cosas en la calle. De alguna forma extraña, le daba ternura.
Cuando salía había muchos idiotas que le decían cosas sobre su trasero y era incomodo, le pasaba con chicos visiblemente heterosexuales que lo confunden con una chica, mirándolo desde atrás o solo les hacen bromas, era insoportable cruzarse con uno. Y todo por el hecho de que le gustaba la ropa ajustada al cuerpo y como le quedaba. Entendía a las chicas que lo sufrían diariamente, incluso las defendía a veces en las calles si lo presenciaba. Comúnmente le molestaba que lo trataran de esa forma pero con el rizado no le había pasado así y eso era bastante raro pero no tanto aceptando que el chico le atraía, porque sí que era lindo, aunque tenía esa actitud despreocupada, era increíblemente alto. Lo que le encantaba en los chicos que le gustaban.
— ¡No te sientes! —le pidió en un tono de orden pero sorprendido a la vez de hacerlo.
El castaño volvió a fruncir su ceño pero no por molestia sino por confusión ¿Por qué el rizado no quería que se siente? No es como si él se sentara y el otro chico no pudiera hablarle.
A los segundos, cuando el de ojos verdes estaba más cerca, le aclaró lo que le estaba generando dudas. — ¿Puedo tocarte el culo?
— ¡Claro que no, idiota! —El castaño le pegó una fuerte cachetada y se marchó bufando, con el ceño y los labios fruncidos por la molestia.
Pero, todavía sentado sobre el césped, quedó su amigo morocho riendo a carcajadas por ver lo ocurrido.