Al pie del Volcán Misti, Arequipa, Perú, a 2400 m.s.n.m.
Por un portal que Eleazar, el Gran Hada, abrió, el equipo llegó a las afueras de la ciudad de Arequipa, al sur de Perú, donde el gigante Misti, un volcán activo que se encontraba controlado, serviría como puerta de ingreso hacia el Inframundo.
- ¿No que estaba dormido? -preguntó Cassie con algo de temor en la voz, por lo que Erik la abrazó por los hombros para confortarla.
- Dormido, sí; inactivo, no -respondió Ninay con un aire de superioridad-. El Misti en cualquier momento podría erupcionar y acabar con la ciudad de Arequipa, con más de un millón de humanos; sin embargo, mi amada Illapa y yo hemos podido mantenerlo en calma por varios siglos.
- ¿Y por ahí vamos a ingresar para llegar al Inframundo? -preguntó Ania mientras pensaba en qué hechizo podría usar para proteger al equipo de incursión durante el descenso.
- Sí -respondió Ninay, y las caras preocupadas de los jóvenes, salvo Darius e Ileana, llamaron la atención del hada-. Por favor, confíen en mí. Si les digo que el gigante blanco está dormido, tengan la certeza de que el magma está controlado, y nuestro andar hacia esa senda mágica que cruza el manto del planeta hasta el núcleo, no será peligroso.
- Jóvenes, Ninay es uno de los nuestros y una experimentada hada de fuego, que su aspecto juvenil no les engañe. Si él nos asegura que no correremos peligro durante el descenso, es porque así será -dijo Abelard, infundiendo en el equipo tranquilidad por el tono de voz seguro y calmado que utilizó.
Tras subir la longitud que tiene el Misti desde su base hasta el cráter, el equipo de incursión empezó a descender por la chimenea. Como aseguró Ninay, el recorrido hacia el campo magmático no tuvo mayores inconvenientes, y al llegar a esa zona del volcán, lo único incómodo era sentir que la temperatura había aumentado algunos grados. Siguiendo un camino que rodeaba esa gran fosa llena de roca fundida, minerales y gases, llegaron a la entrada de aquel sendero mágico que los llevaría hacia las puertas del Inframundo, en el centro del planeta. Haciendo uso de sus dotes físicas sobrenaturales, los miembros del equipo cruzaron la senda hasta el núcleo interior en menos de una hora.
- Bajemos la velocidad, que estamos muy cerca de la entrada al Inframundo -ordenó Abelard, regresando a su forma humana.
Los jóvenes caminaban detrás del experimentado guerrero licántropo y el hada de fuego, quienes encabezaban el avance. Aquellos que nunca estuvieron en el Inframundo, se sorprendieron al ver que la entrada a ese plano, donde Satanás es el señor, tenía una serie de grabados en distintas lenguas.
- Entiendo que hayan grabados en lenguas muertas, pero también los hay en lenguas que la humanidad habla en la actualidad -comentó Kiram.
- Es para que todo aquel que quiera entrar al Inframundo, sin pertenecer a este plano, pueda leer la advertencia que se le hace -explicó Abelard-. No somos los primeros que buscamos ingresar al Inframundo sin pertenecer a este.
- ¿Ya hubo quien lo intentara antes? -preguntó Ania con mucha curiosidad.
- Sí. Tanto a sobrenaturales como humanos nos ha ganado la curiosidad de saber cómo es el Inframundo -respondió Ninay.
- ¿Humanos? -cuestionaron Cassie y Ania muy sorprendidas.
- Así es. En cada generación, encarna el alma de un espíritu humano que ya empezó a elevar, a quien no se le oculta la información sobre Celestiales, demonios y sobrenaturales, concediéndole dones que le permiten llegar hasta esta entrada -empezó a explicar Ninay-. Así es como la humanidad ha podido descubrir verdades que se mantienen ocultas para los mortales.
- ¿Dante Alighieri fue uno de esos humanos especiales? -preguntó Kiram sonriendo, ya que siempre creyó que lo descrito en La Divina Comedia era demasiado real para que saliera de la imaginación de un humano.
- Sí. Dante llegó al Inframundo guiado por Emma, la bisabuela del actual Delta Höller -respondió Ninay sin mostrar interés, mientras que sus jóvenes oyentes quedaron pasmados por su respuesta.
- Bueno, ya estuvo bien de plática -interrumpió Abelard-. Debemos organizarnos para avanzar. Nos vamos a dividir en tres grupos. El primero estará conformado por Kiram, Ileana, Erik y Cassie; el segundo por Darius, Elrond, Pietro y Ania. El tercero seremos Ninay y yo.
- Pero ustedes dos solos, no me parece una buena idea -señaló Darius al analizar que el dueto del licántropo y hada estaba en desventaja a comparación de los cuartetos, que incluían a un guerrero con dones de cada especie sobrenatural.
- No te preocupes, joven Darius. Ya has visto que las hadas de fuego podemos pelear, y lo hacemos muy bien. Y por Abelard, ni te preocupes. Nuestro líder de misión es uno de los mejores guerreros licántropos que haya existido en todos los tiempos -manifestó Ninay con orgullo y seguridad, lo que hizo que los guerreros más jóvenes aceptaran la división en grupos planteada.
- Las piedras de luna deben estar resguardadas en alguna cámara en el Palacio de Satanás, por lo que ahí nos dirigimos -Abelard comenzó a explicar la estrategia que seguirían-. Este palacio está en el centro del Inframundo, erigido de tal manera que Satanás puede comunicarse con sus huestes por cualquier de los cuatro flancos. Tras cruzar el ingreso al Inframundo, se marcan tres caminos que llevan al palacio. Cada uno de los grupos se dirigirá por uno. El primer grupo irá por el de la derecha, el segundo por el de la izquierda. Ninay y yo caminaremos por el de en medio.
- ¿No estarán demasiado expuestos al tomar la senda más corta y con menos opciones para ocultarse? -preguntó Darius al preocuparse por el hada y licántropo que comenzaba a apreciar.
- Tenemos nuestros disfraces para pasar desapercibidos -comentó Ninay, y sin que se lo esperaran, el hada de fuego redujo su tamaño hasta parecer un pequeño colibrí encendido en llamas.
Al posarse la nueva versión de Ninay sobre el hombro de Abelard, el cuerpo del licántropo se cubrió de llamas. Los jóvenes no podían creer que el guerrero Höller pudiera mantenerse en calma mientras su cuerpo era consumido por el fuego, pero al observar detenidamente, los jóvenes miembros del equipo de incursión pudieron darse cuenta que el cuerpo de Abelard no estaba sufriendo mayor daño.
- Conviví por más de quinientos años al lado de un hada de fuego, mi amada Aideen, así que mi cuerpo se hizo resistente a este elemento -comentó Abelard, quien empezó a caminar hacia el ingreso al Inframundo-. Ileana, estate atenta a nuestros pensamientos. Tu don nos servirá para mantenernos comunicados -la vampira asintió ante el pedido del líder de la incursión-. Cuídense, mis niños. Nos vemos en el Palacio del Inframundo -tras decir estas últimas palabras, Abelard, acompañado por Ninay, cruzó la barrera.
El Inframundo, una dimensión paralela de aquella en la que se desarrolla la humanidad, era un lugar tenebroso. Para describirlo mejor, lo compararé con su antónimo: Los Cielos. Mientras que en la dimensión donde el Dios Supremo, sus hijos y Celestiales moran no existe la oscuridad, el Inframundo está sumergido en la negrura de una noche eterna. Aquello que lo ilumina en tonos naranjas es el magma que fluye por los pequeños cráteres que se encuentras en todo el recorrido del vasto territorio, creando una tenue luminosidad. Fuera de ese detalle, el Inframundo está sumergido en una completa oscuridad. Sin embargo, los sobrenaturales están preparados física y mágicamente para ver en la penumbra, avanzando entre las sombras por los caminos seleccionados para cada grupo.
Otra diferencia con Los Cielos, es que en el Inframundo sus habitantes no conviven en paz, sirviéndose entre ellos, sino que es un mundo competitivo donde el más fuerte consigue existir con mayores comodidades que el débil. Si bien es cierto que en Los Cielos existe una jerarquía, donde el Dios Supremo se encuentra en la cima, seguido por el Hijo –Cristo-, Espíritu Santo, Madre Luna y los nueve coros angélicos, todos conviven en armonía y son felices. En cambio, en el Inframundo las jerarquías existen para marcar diferencias, subyugando a los que se encuentran en los estratos más bajos, siendo tratados como esclavos. El deseo de las clases bajas que habitan el Inframundo por subir de jerarquía era lo que empujaba a esos demonios a ser la primera línea de ataque durante las batallas contra los sobrenaturales, ya que, si no eran vencidos, podían obtener un mejor rango militar, y con ello mejorar sus existencias, pero los que lograron una hazaña como esa habían sido tan pocos que ni se recuerda que haya sucedido.
Encontrar demonios de mayor rango masacrando a otros inferiores era lo que más observaron al avanzar hacia el palacio. Al principio creían que se trataban de pecadores, cuyas almas quedaron atrapadas en el Inframundo por los terribles actos hechos en vida, pero Ninay explicaría ese detalle. «Las almas entregadas a Satanás no se materializan en el Inframundo, ya que no pertenecen a este plano, por lo que no son los seres que estamos encontrando por el camino. Aquellas almas están padeciendo el no poder gozar de la presencia de El Todopoderoso en la prisión de esta dimensión, que Dante Alighieri llamó los nueve círculos. Aunque lo descrito por el poeta italiano fue una apreciación inexacta de esta dimensión, ya que interpretó lo que vio según el conocimiento que poseía, lo que sí relató correctamente fueron los distintos castigos a los que las almas son sometidas por puro placer de sus carceleros. Sin embargo, el sufrimiento de estas no es eterno, ya que el día en que sirvan de alimento para Satanás y sus hijos llegará, acabando con la existencia de esa porción de espíritu que no logró aportar a su perfeccionamiento, sino que se dejó arrastrar por las mentiras del embaucador, prefiriendo los placeres momentáneos a una existencia en eterna paz y confort».
Los cuartetos, al ir por senderos que les permitía pasar completamente desapercibidos ante los demonios, empezaron a avanzar más rápido al usar sus dones sobrenaturales, por lo que llegaron al palacio a la vez que Abelard y Ninay lo hicieron, yendo a un paso más lento para no levantar sospechas. Al revisar el perímetro del palacio, con intención de encontrar por dónde ingresar a este, hallaron el final de una cloaca que echaba suciedad hacia un árido terreno. En un primer momento no entendieron por qué había un sistema de desagüe en el palacio, hasta que recordaron que Lilith era humana y sus hijos unos híbridos, por lo que tenían necesidades fisiológicas de excreción que debían satisfacer. La idea de ingresar por ese sucio y pequeño corredor no era del agrado del equipo de incursión, pero no quedaba de otra, así que uno por uno empezó a caminar por esa vía, siendo Abelard el primero en avanzar entre la inmundicia.
- ¿Y por dónde saldremos a la superficie? -preguntó Cassie tratando de soportar el nauseabundo olor mientras revisaba la construcción por donde transitaba, buscando alguna escalera que dirija a un orificio que sirva para salir de ese asqueroso laberinto.
- Parece que este sistema de desagüe no está diseñado como el de las ciudades de los humanas -empezó a explicar Abelard tras darse cuenta que la única forma de salir de ahí era atravesando lo que usaban como inodoro en ese palacio.
- O sea, otras partes de nuestros cuerpos, además de nuestros pies, tendrán que tocar esa inmundicia -señaló Cassie con asco al entender el comentario de Abelard.
- Puedo abrir un portal que nos lleve a un piso superior de dónde estamos -ofreció Ania con muy buena intención.
- Imposible. Los demonios detectarían tu poder de inmediato, lo que nos pondría en peligro, debiendo abortar la misión -negó de inmediato Darius esa posibilidad.
- Entonces, ¿debemos romper el escusado de uno de los hijos de Satanás para salir de las cloacas? -consultó Elrond con un notorio gesto de desagrado.
- No nos queda de otra -la respuesta que Abelard soltó estaba llena de resignación, ya que destrozar parte del palacio era un aviso de que ajenos a este, y al propio Inframundo, estaban merodeando por donde no deben.