Capítulo 11.2

2806 Words
Dos días después, Viktor junto a Stefan, los ex Alfas Höller, Patrick y representantes de los pueblos sobrenaturales –los mismos que formaron parte de la primera comitiva, más Anastazja- partieron hacia la ciudad de Osijek, centro del territorio del Clan Kusanović. En esta oportunidad, Viktoria no le entregó nada para el líder vampiro, el Terrible Dragan, como se le conocía por su gusto de experimentar con la sangre de su especie en animales, siendo el clan que lideraba la producción de bestias endemoniadas que servían para el transporte, carga o la guerra. No obstante, la pequeña diosa le pidió a su hermano que llevara el siguiente mensaje para el vampiro: «Sanja aún te espera». Alejada de la urbe, una mansión que replicaba la arquitectura gótica del siglo XV se alzaba imponente. Dragan Kusanović amaba el arte y la cultura que se vivió en ese lado del mundo antes de la invasión otomana, que en 1526 destruyó la ciudad de Osijek, por lo que todo en esa propiedad situaba a sus visitantes en el pasado, uno que el líder vampiro no recordaba, pero algo en el fondo de su ser siempre añoró. Y fue ese sentimiento lo que hizo que al leer la carta que Anastazja envió, se decida en escuchar al joven dios, ya que quería saber si era posible rememorar su vida humana, una que, al igual que sucedió con la lideresa del Clan Walczak, marcó su existencia como vampiro. A diferencia del arribo a la ciudad polaca sede del Clan Walczak, en la ciudad croata la comitiva llegó de noche, por lo que el lugar lucía más tétrico y peligroso. El portal que Baihu había abierto los dejó enfrente de la puerta principal de la propiedad, por lo que Patrick la golpeó rítmicamente para ser atendidos. Unos graves y estruendosos ladridos se dejaron escuchar a lo lejos, llenando de dudas a los visitantes que esperaban ser recibidos, excepto Anastazja, que conocía muy bien a su par Dragan, así como sus gustos. «Ese ruido es el ladrido de la mascota del señor del clan», comentó la vampira polaca, y Viktor abrió los ojos y la boca al acompañar la sorpresa con la alegría, ya que a él le encantaba jugar con diferentes clases de mascotas. Al abrirse la puerta, el joven mayordomo saludó a los recién llegados mientras trataba de dominar a un enorme perro, un mastín napolitano, uno que resultó ser más grande de lo que normalmente los especímenes de esa r**a de canes suelen ser. Al observar con mayor detalle, así como detectar el olor de la bestia, los licántropos, felino y elfo supieron que se trataba de un híbrido al que se le había proporcionado sangre de vampiro para transformarlo en una mascota eterna, con fuerza y apariencia sobrenatural, ya que, al abrir el hocico una enorme lengua que parecía tener vida propia salió a la par que se dejaban ver unos enormes colmillos que al contarse superaban la docena de pares. «¿Es un perrito vampiro?», preguntó Viktor a Stefan, quien estaba absorto al ser la primera vez veía una bestia de ese tipo, cosa que para Karl y Hugo no fue asombroso observar, ya que, cuando fueron líderes de la manada, pudieron conocer a varios de ese tipo de experimentos que a Dragan Kusanović le entretenía crear. «No teman, no les hará daño. Ya se alimentó», comentó el mayordomo mientras ofrecía una sonrisa sarcástica. Stefan miró con notorio desagrado al vampiro, pero lo que haría Viktor y la reacción de la bestia dejaría atónito al croata. «Eres un pequeño muy travieso y ruidoso», dijo Viktor mientras caminaba hacía la enorme bestia, quien, en vez de atacar al muchacho, se echó sobre el suelo para mostrar la panza mientras movía la cola. La mascota vampira quería ser mimado por el Híbrido. «Parece que el encanto de nuestro joven dios ha cautivado a la grotesca mascota de Dragan», soltó Anastazja, burlándose del comentario que minutos antes dejó el mayordomo de la Mansión Kusanović. Tras el jocoso incidente en la puerta de ingreso a la mansión, la comitiva fue guiada hacia el salón principal, donde se estaba desarrollando una especie de fiesta de máscaras. A Dragan le encantaba bailar y ostentar el poder económico que gozaba al ser el líder de un clan que él posicionó tras lograr erradicar a los otomanos de la zona, cosa que consiguió al ser el cazador por excelencia de aquellos que llegaron en 1526 a destruirlo todo, ya que un profundo resentimiento contra los otomanos despertó en él tras superar la conversión a vampiro. El arribo de la comitiva sobrenatural al salón de baile llamó la atención de todos, hasta de los músicos, por lo que la melodía que se dejaba escuchar desapareció de repente. Con paso seguro y gallardo, Híbrido, licántropos, elfo, hada, bruja, vampiras y felino caminaron hacia donde el líder del Clan Kusanović los esperaba sentado sobre lo que sería una especie de trono. - Bienvenidos, miembros de la comitiva de los aliados sobrenaturales –saludó Dragan cuando el mayordomo, que tiraba del vampiro canino porque este quería soltarse para ir a jugar con Viktor, le indicó que sus invitados ya habían llegado-. Pero ¿qué sucede contigo? –se dirigió muy sorprendido Dragan al can, ya que esas ganas por soltarse no eran para atacar, sino para jugar. - Quiere acercarse al jovencito de mirada violácea para postrarse a sus pies –indicó el mayordomo haciendo un gran esfuerzo para contener a la bestia. - ¿Mi Cancerbero quiere las caricias de un niño desconocido? –Dragan se preguntó a sí mismo, aunque todos pudieron escucharlo. Al dirigir la mirada hacia el joven dios, quien lo miraba apaciblemente, al vampiro se le ocurrió algo para animar la velada y poner a prueba a Viktor. - Estimado Señor Kusanović, gracias por haber aceptado nuestro pedido de recurrir al diálogo –empezaba Patrick su discurso cuando fue interrumpido por el líder vampiro. - Sé el motivo por el cual están en mis dominios, licántropo que asumo eres el Delta Höller, por lo que no es necesario mayores explicaciones –Dragan dejó su asiento y avanzó hacia Viktor, pero la enorme figura de Stefan detuvo su andar. La mira seria y fría del Alfa Höller le envió el correcto mensaje, de no intentar hacer nada contra su hijo, y el vampiro lo entendió muy bien, más cuando se percató que para observar el rostro del licántropo al estar tan cerca de él debía levantar demasiado la mirada, ya que el tamaño de ese macho era enorme-. No te preocupes, Alfa Höller, que no tengo intenciones de dañar a tu hijo. Sin embargo, sí quiero ponerlo a prueba –señaló Dragan. - ¿Qué clase de prueba? –preguntó con tono sereno Stefan. - Una que me permitirá saber si lo que afirma Anastazja es verdad, que tu hijo es la representación del Dios Supremo entre los sobrenaturales –respondió el líder vampiro junto a una sonrisa que para el gusto de Stefan tenía un toque demasiado macabro. El Alfa Höller ya iba a negarse, pero Viktor manifestó su deseo de ser retado. - ¡Acepto! –soltó impulsivamente el joven dios mostrando una enorme sonrisa con demasiada inocencia y pureza que al vampiro croata lo obnubiló al parecerle un ser demasiado bello para ser real-. ¿Qué es lo que debo hacer, estimado señor? –preguntó Viktor con esa voz que empezaba a romper los agudos para adoptar tonos más graves, ya que estaba creciendo. - Enfrentarte a mi bestia más peligrosa –dijo Dragan, pero después de ello dudó en si hacía bien en poner a prueba a tan dulce jovencito. El vampiro empezaba a sentir aprecio por Viktor, aunque solo hayan pasado unos cuantos minutos observándolo, por lo que no quería lastimarlo. - ¿Más peligrosa que el divertido Cancerbero? –preguntó Viktor con asombro en el rostro. - Sí –afirmó el vampiro con una expresión fría y desinteresada al darle curiosidad por lo que el joven dios respondería. - Pues, ¡vayamos a conocerlo! –respondió emocionado Viktor. - ¿Asumes que es un macho? –preguntó Dragan mostrándose nuevamente burlón y retador. - Pues, en el mundo animal son los machos los agresivos, aunque las hembras, cuando tienen motivos, pueden llegar a propinar ataques más violentos y mortales, pero eso solo ocurre cuando sus crías están en peligro. Yo nunca haría algo contra una pequeña cría para que su madre busque protegerla atacándome, por ello asumo que la bestia que quieres presentarme debe ser un macho –la explicación entregada por el joven dios hizo que Dragan perdiera el interés de seguir jugando con ironía, ya que era consciente que ese jovencito estaba por encima de todo intento suyo por hacerle perder la ecuanimidad. Tras la invitación del líder Kusanović, Viktor y los miembros de la comitiva sobrenatural caminaron hacia el jardín posterior de la mansión, el cual estaba sutilmente iluminado por la luz de la luna. Al estar todos los presentes de la fiesta de máscaras y los recién llegados acomodados en esa área de la propiedad al aire libre, Dragan empezó a soltar silbidos llamando a la bestia. Yendo a la par con el avance tecnológico que lograba la humanidad, el señor Kusanović encontró en la experimentación genética un pasatiempo muy entretenido, ya que gustaba mezclar los genes de diferentes especies de animales con la sangre de vampiro, por lo que había obtenido un ejemplar que era una mezcla de cuerpo y cabeza de búfalo con garras de tigre, alas de cóndor y una cola con aguijón de alacrán. La sangre de vampiro permitió que el ADN de especies tan dispares pueda unirse, creándose tremenda monstruosidad que para alimentarse devoraba otros animales, humanos y hasta vampiros, ya que su lado sobrenatural hizo que sea un sanguinario depredador. - Mi mejor zvijer (bestia en lengua croata) es imponente y muy agresiva. No le he entregado un nombre apropiado, ya que no encuentro el mejor que la califique. Solo a mí obedece porque fue mi sangre la que la creó, por ello el terror en los rostros de los miembros de mi clan –dijo Dragan, y al mirar a los vampiros croatas ahí presentes, los miembros de la comitiva sobrenatural pudieron notar que estaban haciendo un gran esfuerzo por no huir hacia la mansión. En eso, se escuchó un feroz bramido y el ruido de un fuerte aleteo sobre las cabezas de quienes esperaban en el jardín posterior de la propiedad Kusanović: el zvijer sin nombre había llegado. - Stefan, por más fuerte que Viktor sea, no permitas que se acerque a esa monstruosidad –alertó Karl notoriamente preocupado. - Debes confiar en mi hijo, bisabuelo –respondió Stefan sin quitar sus ojos de encima de la bestia, la cual había descendido y estacionado al lado de Dragan, en medio del jardín. - Y dime, jovencito, ¿qué opinas de mi mejor zvijer? –preguntó divertido Dragan al ver la reacción de los miembros de la comitiva que visitaba sus dominios, una que era una mezcla de horror, asco y ¿lastima? Viktor miraba al espécimen creado en laboratorio con un toque de pena en su mirada-. ¿Por qué la tristeza, jovencito? –preguntó serio el líder vampiro. - Él no es feliz –soltó Viktor mostrando unas profundas ganas de querer romper en llanto-. Es tan único que se siente muy solo, ya que no hay ni habrá hembra con quien pueda pasar la existencia –añadió Viktor, y Dragan rio a carcajadas. - Eres demasiado joven para estar pensando en sexo, pequeño –dijo el líder vampiro sonriendo-. La existencia implica más que la unión carnal. - No me refiero al sexo, me refiero a tener a alguien que sea como él, una compañera con quien compartir los días. Está tan solo que oculta su dolor detrás de la agresividad que proyecta –Viktor lamentaba profundamente la existencia contranatural de ese ser. - Entonces, acaba con su lamentable existencia –propuso Dragan sonriendo sádicamente. - Ahora su existencia es más triste. Ni tú, que lo creaste, aprecias su vida –señaló Viktor mirando con tristeza a Dragan. El líder vampiro se sorprendió por la forma en que el joven dios lo observaba, ya que sentía que él era la fuente de la lástima del muchacho. Viktor empezó a caminar hacia la zvijer con paso firme. La bestia bramó sumido en la furia, abriendo el enorme hocico que dejaba ver la doble hilera de colmillos a la vez que litros de viscosa baba caían, destilando agresividad por la roja mirada. Cancerbero, la mascota favorita de Dragan, se soltó del agarre del mayordomo y corrió hacia el joven dios, caminando delante de él. El animal quería proteger con su vida a quien reconoció como alguien que estaba por encima de todos, hasta de su propio amo. «No te preocupes, perrito. Todo estará bien», soltó cariñosamente el joven dios mientras acariciaba la enorme cabeza del can vampiro al querer detenerlo. Viktor seguiría con su andar hacia la zvijer, quien empezaba a dudar sobre si debía o no atacar a ese muchacho. - Suelte a la zvijer, estimado señor –pidió respetuosamente Viktor. - Niño bobo, no la tengo atada a ningún yugo –respondió burlón Dragan. - Al llamarla sin darle una orden, ha hecho que ella se contenga. Libérela, para que venga a mí –señaló Viktor entregando una mirada pacífica y llena de amor. El señor Kusanović se acercó a una de las orejas de la bestia, y la liberó, como indicó Viktor. «Idi za svojim plijenom», dijo el vampiro croata en el oído de su mejor zvijer, palabras en su lengua que significan: Ve tras tu presa. Las fuertes alas azotaron el aire y la terrible monstruosidad arremetió ferozmente contra Viktor. Stefan estaba a punto de soltar su versión animal para ayudar a su hijo, pero no fue necesario que socorrieran al joven dios. Fue cosa de segundos para ver el repentino cambio en la bestia, o quizás la agresividad que manifestaba se debía a la desesperación que sentía por estar cerca de una divinidad. Al estar a solo dos metro del joven dios, la zvijer se rindió a los pies del Híbrido, del representante del Dios Supremo entre los sobrenaturales. Doblando las patas, agachando la cabeza, escondiendo el aguijón y extendiendo las alas sobre el suelo, la bestia que nació en un laboratorio se postró humildemente ante Viktor. Las murmuraciones empezaron a romper el silencio en que habían caído por lo asombroso que resultó la escena. Los vampiros croatas no podían creer lo que ante sus ojos se manifestó: un jovencito, mitad licántropo, mitad vampiro, que decía ser el representante del Dios Supremo había sometido a una terrible monstruosidad, producto de la imaginación y habilidad para jugar con la genética del señor Kusanović, sin mover ni un solo músculo. No cabía duda que Viktor era muy especial, o quien decía ser: un dios entre los sobrenaturales. - ¿Necesitas poner a nuestro joven dios a prueba una vez más? –preguntó Anastazja mirando con tristeza a Dragan. Ella sabía por lo que estaba pasando el líder del clan croata, ya que hasta hace poco ella existía en medio de la oscuridad. - No, esto es suficiente –soltó Dragan sorprendido. - Dime, estimado señor, ¿qué es lo que quieres que haga por ti? –preguntó Viktor mientras acariciaba la cabeza de la bestia que lamía sus zapatos en señal de sentirse agradecido por el gesto que el joven dios tenía con él. - Quiero recordar mi pasado –respondió de inmediato Dragan-. A diferencia de Anastazja, yo no tengo tantos siglos viviendo entre las tinieblas, pero hay visiones o recuerdos que a veces me atormentan, por lo que quiero esclarecer lo que sucedió cuando era humano, como hiciste con la lideresa Walczak –Dragan no iba a perder el tiempo. Llevaba dos siglos siendo atormentado por la imagen de una joven mujer, muy bella, de cabellos castaños claros con brillantes reflejos rojizos, piel extremadamente blanca, graciosas pecas sobre la nariz y unos ojos dorados como el sol que sentía que lo quemaban al encontrar en ellos terror y una profunda tristeza cada vez que llegaba a sus pensamientos de manera inesperada. - Está bien, te concederé este pedido –dijo Viktor, y caminó hacia Dragan. El vampiro croata era varias decenas de centímetros más alto que el joven dios, por lo que este le pidió agacharse para que le pudiera decir al oído lo que despertaría la serie de recuerdos dormidos en lo más profundo de su ser. De tal manera que nadie pueda escuchar, el joven dios entregó el mensaje que su hermana melliza le pidió llevar consigo: «Sanja aún te espera».
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