En el Inframundo, durante la construcción del nuevo palacio de Satanás.
Aunque perder una piedra de luna hizo que sus planes de ir a Los Cielos se vieran retrasado porque debía recalcular la apertura de un portal contando con menor cantidad de esencia divina, para Satanás resultó también satisfactorio que sus hijos hayan cometido ese error, ya que pudo obligarlos a que construyan el nuevo palacio al darles esa tarea como castigo. Satanás no sabía cómo edificar el que sería el hogar de su amada, de aquel Celestial que no dejaría la pureza de su esencia para existir eternamente a su lado en el Inframundo, por lo que los demonios no podían ser los encargados de esa labor, ya que no debía mancillarse el suelo donde habitaría un ser de luz. Sin embargo, sus hijos, de alguna manera, contenían algo de esencia celestial, más Belial que los otros, por las condiciones en las que fue engendrado, y ese detalle hizo que fueran idóneos para ese trabajo.
Contrario a lo que les advirtió su padre, los cuatro hijos que primero irían a esa alejada zona, al norte de los dominios del embaucador, no se retiraron del actual palacio de inmediato. Cada uno estuvo haciendo lo que le dio la gana, procrastinando o no, pero alargando el tiempo de su partida. Mammon estuvo pasando unas horas con sus cortesanas, ya que estas no podrían ir a visitarlo mientras esté castigado. Leviatán hizo lo mismo, pasar un rato con sus cortesanas, pero dentro de la zona de baño de sus aposentos. Belfegor pretendió hacer lo mismo que sus otros hermanos, pero al final se quedó dormido. Y Belial, él fue a visitar a Belcebú, quien aún no despertaba y estaba bajo el cuidado de las cortesanas designadas para él. Después de unas horas de estar contemplando a la gula, deseando que reaccione, se fue al ala del palacio donde estaban sus aposentos. Sus cortesanas lo esperaban llorando e impacientes porque este las tocara, ya que no lo verían por un largo tiempo, pero el representante de la soberbia no estaba interesado en satisfacer los deseos de las demonias designadas para él por su padre, así que las ahuyentó y se encerró solo, quería reflexionar sobre la última conversación que sostuvo con Satanás.
- Ahora entiendo por qué soy tan diferente a mis hermanos. Resulté siendo mitad Celestial y mitad humano, ya que el lado demoniaco de mi padre no estuvo presente en mi concepción –se decía a sí mismo Belial-. Por eso soy la soberbia, el pecado que hizo que padre sea expulsado de Los Cielos, y supongo que es por su lado Celestial que no siento mayor interés por otros pecados, salvo el de la ira, que está muy relacionado con la soberbia –continuaba Belial en su monólogo, recordando pasajes de su existencia, los cuales le hicieron notar que la avaricia, gula, pereza, envidia y lujuria no habían sido sus pecados, ya que nunca había deseado todo para él, absorbiéndolo de tal manera que sea incapaz de compartirlo con otros, así como no gusta de descansar si tiene algo pendiente por hacer, y sobre follar, pues, no es algo que le desagrade, pero tampoco que esté pensando en ello todo el tiempo, como en ese momento, que sabe que no verá a sus consortes por meses, quizás años, pero eso no le preocupaba o inquietaba.
»¿Padre hablaba en serio? ¿Me permitirá permanecer entre los humanos y sobrenaturales para encontrar a quien debió nacer para mí? –se preguntaba a sí mismo Belial-. ¿Y qué sucede si ella ya no está entre los vivos? Yo existo hace muchos milenios, así que, quizás, ella pudo llegar antes de que tuviera esta oportunidad, y ya no está andando por La Tierra. No, espera, no seas tonto, Belial, recuerda que los humanos encarnan varias veces, ya que en una sola vida no basta para elevar el espíritu –eso último sirvió para animarlo-. Entonces, ayudaré en todo lo que sea necesario para que padre recupere a su predestinada, así yo tendré una oportunidad para ir en busca de la mía».
Cuando estuvieron listos para partir del palacio hacia donde purgarían su castigo, demonios de alto rango, como generales de legiones y consejeros de Satanás, estuvieron esperándolos a las afueras del palacio. Y dicha comitiva, que no precisamente buscaba despedirse amorosamente de los hijos castigados, era liderada por Asmodeo, la lujuria, que estuvo ocupado retorciéndose en la cama con su madre, la pecadora Lilith, cuando ocurrió la incursión de los espías sobrenaturales, por lo que pudo librarse del correctivo impuesto por Satanás.
- Lamento mucho el castigo que padre les ha consignado, queridos hermanos –dijo Asmodeo mientras mostraba una sonrisa socarrona.
- ¿Acaso nos vas a extrañar? –preguntó Mammon con ironía-. Yo creo que sí, ya que, al ser el único hijo en el palacio, padre estará pendiente de ti, por lo que no tendrás tiempo para estar embistiendo a nuestra madre por cualquier rincón, maldito pervertido –agregó la avaricia, y la lujuria ensombreció su faz.
- Como pasarán muchas lunas hasta que volvamos a verlos, los generales y consejeros me acompañan para despedirlos. Ah, miren, no son los únicos –decía Asmodeo mientras cientos de demonios guerreros y de menor rango empezaron a acumularse a las afueras del palacio-. Creo que están aquí porque son muy queridos y apreciados –volvió Asmodeo a utilizar la ironía como arma.
- ¿Podremos contra todos? –preguntó Leviatán a Belfegor, quien estaba a su costado, manteniéndose atento, ya que la pereza reconoció que todos esos no los querían despedir con besos y abrazos.
- Tendremos que poder, sino nuestro castigo tendrá que ser aplazado mientras nos recuperamos de las heridas que todos esos desean prodigarnos –respondió la pereza a la par que empezaba a calentar el cuerpo dando pequeños y constantes saltitos en su sitio.
- Asmodeo, retira a todos los que te siguen –soltó Belial en completa calma.
- Creo que olvidaste usar las palabras mágicas, hermanito. Recuerda que padre les quitó todo cargo y jerarquía, por lo que ahora son menos que la mierda que puedo aplastar cuando camino –arremetió Asmodeo con completa malicia.
- Muy digno de ti, pisar la mierda para andar por todos lados apestando a ella –respondió Belial sin modificar ni un solo músculo de su rostro, luciendo más bello aún de lo que ya era-. Eso me explica el por qué te gusta cagar donde comes. Ahora retira a todos los que te siguen, que mis hermanos y yo debemos partir a cumplir la voluntad de padre.
- Pero qué atrevido eres, Belial. ¿Acaso crees que no soy capaz de dañar tu linda carita? –amenazó Asmodeo.
- Sí que eres imbécil –soltó Belial manteniendo la frialdad en su expresión facial-. Padre nos quitó cargo y jerarquía, pero no poder –y tras la soberbia decir esas palabras, dejó su forma humana para adoptar la demoniaca, una que en verdad era su forma celestial, haciéndolo el más poderoso de los hijos de Satanás, después de Amón, la ira. En su forma humana, Belial era un hermoso pelirrojo de grandes ojos azul grisáceo; piel y perfil perfectos; algo andrógino su rostro, pero muy masculino su cuerpo al tener una espalda muy amplia, pecho y abdomen fuerte y marcado. Y cuando cambiaba a su forma celestial, esos cabellos parecían fuego capaz de quemarte y su piel se convertía en una armadura negra inquebrantable. De movimientos ligeros, pero con fuerza descomunal. Fue el que mejor batalla dio a los felinos, aunque también fue derrotado.
Mammon y Belfegor también dejaron su humanidad a un lado para prepararse para el combate. Asmodeo hizo lo mismo que sus hermanos, pero sus posibilidades de ganar un enfrentamiento contra ellos eran casi nulas, ya que su versión demoniaca era la de un regordete sátiro, lo que hacía que no sea tan rápido como la avaricia, pereza y soberbia.
- Hermano, ¿estás seguro que quieres hacer esto? –preguntó Leviatán a Asmodeo.
- Esta es una gran oportunidad para destruirlos, ya que no son nada, y así todo será solo para mí –soltó Asmodeo.
- Oye, imbécil, eres lujuria, no avaricia –recalcó Mammon con sarcasmo.
- Entonces, procedamos –dicho esto por Leviatán, la envidia dejó su forma humana, convirtiéndose en un enorme monstruo, cuya transformación arremetió contra los demonios que abarrotaban las afueras del palacio, ya que necesitaba ese espacio para su versión del Inframundo. En su forma humana, Leviatán era un hermoso moreno de ojos dorados como la miel, de piel oscura y finos rasgos faciales, y un cuerpo que parecía ser ébano tallado por los dioses, pero siendo un demonio se convertía en una gigantesca bestia marina con poderosos tentáculos que superaban la veintena y cabeza de dragón. Para que tengas una idea clara de su tamaño, recuerda que él sirvió para transportar a cientos de orcos que llegaron a la primera batalla contra los aliados, en el primer ataque que Satanás y sus hijos realizaron en territorio Dracul.
Aunque no estaba en su elemento, lo que le impedía trasladarse con libertad, la potencia de los golpes que podía lanzar con sus enormes tentáculos hacía que su ataque sobre tierra sea devastador. Y así empezó el enfrentamiento entre hermanos, ya que Asmodeo había agitado a las masas a buscar venganza contra aquellos que habían sido despojados de cargos y jerarquías momentáneamente.
Desde lo alto del palacio, Satanás miraba lo que ocurría entre sus hijos. Ver a Leviatán tomando con las ventosas de sus tentáculos a los demonios para aplastarlos al arremeter entre golpes contra la tierra le divertía al señor del Inframundo. Asimismo, ver a Mammon y Belfegor peleando cuerpo a cuerpo contra generales de legiones y consejeros era gratificante, ya que demostraban que eran los mejores. Y Belial, el mejor de sus hijos, su favorito, aunque nunca lo había manifestado, iba contra Asmodeo, quien estaba tragando tierra de los dominios del embaucador al caer constantemente ante el ataque de la soberbia.
- ¡¿Te divierte ver lo que has propiciado?! –preguntó muy alterada Lilith a Satanás al ver que este sonreía mientras observaba la batalla desatada enfrente del palacio.
- Lárgate, quiero estar solo –ordenó Satanás sin siquiera detenerse a mirar a quien era considerada su consorte.
- ¡Mis hijos se van a matar entre ellos, y todo es tu culpa! –regañó Lilith a Satanás.
- ¿Mi culpa? –Satanás empezó a caminar hacia ella, luciendo muy amenazante-. ¿Acaso yo he reunido a los generales, consejeros, guerreros y demonios de menor jerarquía para que arremetan contra mis hijos? Ha sido Asmodeo, tu hijo favorito –esto último lo dijo con mucho sarcasmo-, así que ve y reclámale a él.
- Entonces, ¿qué te divierte tanto? –preguntó desafiante Lilith.
- El orgullo que siento de ver que tan solo cuatro de mis hijos pueden con todo el maldito Inframundo –dijo Satanás soltando carcajadas-. Si suelto a Amón, de seguro termina hasta destruyendo este plano.
- ¡Te exijo que los detengas! –soltó Lilith demandante.
- No te preocupes, que es cuestión de segundos para que mis cuatro hijos castigados terminen con todos estos y marchen hacia donde realizarán mi voluntad –indicó Satanás volviendo a prestar atención a lo que ocurría a las afueras del palacio.
- ¡Belial va a acabar con Asmodeo! –alzó la voz Lilith.
- ¿Y eso te preocupa? –preguntó con ironía Satanás-, ¿que tu favorito perezca en manos de Belial? Te recuerdo que ellos no pueden morir, son eternos como lo soy yo.
- ¡No quiero que Asmodeo sufra! –justificó Lilith su pedido.
- ¡Me importa una mierda lo que tú quieras! –dijo Satanás elevando la voz, haciendo que Lilith tropezara al retroceder temerosa por la inesperada y repentina reacción de este-. Asmodeo es un imbécil que lo único que hace bien es follar, por lo que no debió buscar pelea a sus hermanos.
- Por favor, ¡él también es tu hijo! –suplicaba Lilith mientras empezaba a llorar.
- Esa información no la tuviste en cuenta cuando lo hiciste uno de tus amantes –soltó Satanás luciendo calmado-. No creas que estoy reprochando tu actuar y el de Asmodeo, es comprensivo que entre ustedes haya nacido algo; él es la lujuria y tú una asquerosa pecadora, por lo que no me sorprende que sean amantes, aunque eso sea incesto, total, mientras más pecaminosa sea la relación, mejor, así tu sitio y el de él en el Inframundo están bien ganados.
- Por favor, Luzbel, ayuda a Asmodeo –seguía rogando Lilith.
- No puedo. Él se metió en esta situación al avivar la venganza entre los demonios.
- Pídele a Belial que ya no lo ataque, y que se marche de una vez con sus hermanos –propuso Lilith.
- ¿Tus otros hijos no te importan? –preguntó Satanás mostrando fastidio-. Belcebú aún no despierta después de haber sido quemado por el fuego del Dios Supremo, y no lo has ido a visitar ni por un segundo. A Mammon, Leviatán, Belfegor y Belial los estoy expulsando del palacio y enviando al fin de mis dominios a hacer ellos solo una tarea que les tomará años, y ni siquiera te ha importado acercarte para despedirlos. Amón lleva décadas encerrado en lo más profundo de los círculos, para que no escape hacia la superficie y acabe con la humanidad, como pretendió hacerlo a inicios del siglo XX, incentivando dos guerras mundiales consecutivas, y tú nunca has ido a visitarlo. Solo te ocupas de Asmodeo y de los hijos que has tenido con él. ¿Acaso debo desaparecer a la lujuria y su prole concebida por ti para que prestes atención a tus otros hijos? –lo último dicho por Satanás hizo que Lilith sintiera mucho temor.
- ¡No, mi señor, por favor! –rogó Lilith arrojándose a los pies de Satanás-. Yo soy una asquerosa pecadora que comete errores que no solo van contra tuya, sino también de mis hijos y de mí misma. Prometo cambiar, ocuparme también de los demás.
- ¿Cómo te atreves a mentirme? –preguntó Satanás sonriendo con burla, lo que hizo asustar más a Lilith-. Está bien, pediré a Belial que parta de una vez con sus hermanos y deje en paz lo que queda de Asmodeo, para que vayas a curar sus heridas –dijo Satanás, y, aunque la reacción del embaucador la tomó por sorpresa, pudo reaccionar y salió corriendo hacia el frontis del palacio. El señor del Inframundo se comunicó telepáticamente con su hijo favorito, a quien le pidió para y marchar de una vez hacia donde él y sus hermanos estarían confinados por varios años. A Satanás le convenía que Asmodeo estuviera en buenas condiciones, para que mantenga entretenida a Lilith, y esta no metiera sus narices en los asuntos que tenían que ver con su plan de recuperar a su predestinada, aquella que aún moraba en Los Cielos.
Belial, motivado por la plática que sostuvo con su padre horas atrás, después de enterarse cuál sería su castigo, aceptó la voluntad de Satanás y dejó los despojos de Asmodeo tirados a un lado de la entrada al palacio para que su madre los pueda recoger. La soberbia avisó a sus hermanos que ya había llegado el momento de partir, por lo que Leviatán dejó su forma demoniaca para poder avanzar hacia el que sería el destino de los cuatros mientras esperaban que se sumara a ellos Belcebú tras recuperarse de sus heridas. Los cuatro habían dado una dura golpiza a aquellos que siempre estuvieron por debajo de sus órdenes y caprichos, por lo que se retiraban orgullosos de haber demostrado superioridad ante aquellos que querían ridiculizarlos.
Aunque lucían como humanos, los hijos de Satanás podían desplazarse a una velocidad que les permitió llegar en medio día a su destino, el punto más alejado del Inframundo, por donde los demonios ni transitaban. Ahí encontraron una especie de barrera que reflejaba el exterior para ocultar lo que se estaba preparando en esa área lejana. Solo aquellos que contienen esencia celestial podían cruzarla, por lo que los cuatro lo lograron, aunque Mammon, Leviatán y Belfegor empezaron a sentirse enfermos, cosa que no ocurrió con Belial. Ese lugar era un oasis en medio del desértico Inframundo, una réplica de lo que era el Paraíso.
Mientras que sus hermanos estaban acostumbrándose a ese ambiente que les era ajeno, Belial empezó a explorarlo, encontrando no solo flora, sino también fauna. «Padre dijo que esta zona, por acción de la magia élfica, sería como estar en el Paraíso. Entonces, ¿así es donde pudo haber vivido el hombre?», se preguntaba Belial mientras contemplaba maravillado el verde paisaje que estaba andando. Varios kilómetros después, encontró el terreno donde debían construir el nuevo palacio, uno que sería del mismo tamaño que aquel donde creció, solo que no luciría tan tétrico ni macabro porque este estaría iluminado por la luz de aquella especie de sol que se veía en el firmamento, el cual también fue modificado por la magia entregada a las Potestades encarnadas. Al regresar donde dejó a sus hermanos, estando estos ya recuperados, les relató lo que encontró, y los guio para que avanzaran hacia el pequeño campamento que Satanás había armado a unos cientos de metros de la zona de edificación.