Capítulo 9.2

2498 Words
- ¿Se supone que aquí descansaremos? –preguntó Belfegor mirando las precarias tarimas que había en la única habitación-. Ahora, más que nunca, es bueno que tenga el sueño pesado –bromeó la pereza al notar la gran diferencia entre los cómodos aposentos que cada uno tenía en el antiguo palacio con ese reducido espacio que compartirían cinco cuando Belcebú les dé el alcance. - Entiendo que nosotros tendremos que cocinar los alimentos y asear este reducido espacio –agregó Leviatán tras encontrar en unas cajas apiñadas utensilios de cocina y de limpieza. - ¡No hay baño! –elevó la voz Mammon al percatarse que no había servicios higiénicos conectados o aparte de la reducida pieza-. ¿Qué pretende padre con este castigo? - ¿Hacer una mejor versión de nosotros? –bromeó Belfegor y todos rieron, menos Belial. - ¿Qué pasa, hermano? ¿Acaso a ti sí te gusta esta nueva vida? –preguntó retador Mammon. - Sé que, si comparamos esto con lo que hemos tenido por milenios, nada nos resultará suficiente y a la altura de quiénes somos; sin embargo, hay cosas que nunca hemos tenido y estoy seguro que nos gustarán –comentó Belial sonriendo con amabilidad. - Sentir la brisa mañanera en mi culo cuando salga a defecar tras hacer un hoyito, cual perro, no me hará sentir mejor, Belial –comentó Mammon, arrancando carcajadas a Leviatán y Belfegor. - Síganme –ordenó la soberbia, y la curiosidad de la avaricia, la envidia y la pereza hizo que hicieran caso sin chistar. A medio kilómetro del campamento había un hermoso lago que, cuando Leviatán lo vio, caminó hacia este con notoria obnubilación. La envidia no podía creer la maravilla que tenía enfrente de sus ojos. Sin decir nada, el que siendo demonio era un gigantesco monstruo marino se lanzó al lago, cambiando de forma, y todos pudieron verlo disfrutar de ese espacio que cualquiera creería que fue diseñado especialmente para él. Tras caminar unos diez minutos alejándose del lago, subiendo una pendiente, llegaron a un punto de esa representación a escala del Paraíso que fungía de mirador. Dos enormes y fuertes árboles habían crecido ahí, cuyas ramas y hojas se habían entrelazado, pareciendo ser uno solo. Belfegor corrió hacia los árboles y trepó hacia lo que parecía una hamaca natural, y se echó a descansar, disfrutando la refrescante brisa y la acogedora sombra. Al bajar del mirador, por una ruta que daba hacia el otro lado de esa pendiente, encontraron una cueva a la que ingresaron. A unos cien metros en el interior, Belial hizo aparecer una esfera de luz, y las paredes rocosas empezaron a brillar. Diamantes, rubíes, esmeraldas, zafiros y otras piedras preciosas decoraban ese subterráneo espacio, imagen que deleitó a Mammon, a quien gustaba contemplar el centellante espectáculo. Dejando a sus hermanos entretenidos con lo que más les gustaba hacer, Belial caminó solo hacia el campamento. Acomodó las tarimas y ordenó los utensilios de cocina y aseo, así cono recolecto leña para usar la cocina de barro que se dejaba ver fuera de la pieza, pegada al exterior de una de las paredes de esta. Para adaptar una zona de servicios higiénicos, cavó tres profundos silos varios metros alejado de la pieza donde descansarían y prepararían los alimentos, y alzó paredes alrededor de este espacio al trenzar follaje que se prestó para ello. Al no tener un sistema de agua potable, recolectó el líquido elemento del riachuelo cercano, y lo hirvió, poniendo en uso por primera vez la cocina a leña. Así se pasó Belial el primer día de su castigo, organizando el espacio donde viviría con sus hermanos por tiempo indefinido, pero que debía de hacer todo lo posible para que fuera el menos posible. Cuando Mammon, Leviatán y Belfegor regresaron al campamento, la soberbia tenía lista la cena. - ¡Vaya! Resultaste ser toda una ama de casa –bromeó Mammon al ver que su hermano hasta había horneado pan. - Solo puse en uso mis dones y conocimientos de la realidad –respondió Belial mientras servía el guiso y el pan que preparó. - ¡Gracias, hermano Belial! –exclamó muy entusiasmado Belfegor, y la soberbia sonrió a gusto al ver que el más joven de los siete hijos de Satanás agradecía por los alimentos preparados, algo que nunca había escuchado provenir de él u otro hermano. - ¡Está delicioso! –dijo Leviatán gratamente sorprendido. - ¡Y qué es eso de ahí, hermano! –preguntó Belfegor mientras masticaba la deliciosa comida. - La zona de letrinas –respondió Belial mientras llenaba el cuenco de Leviatán por segunda vez-. Ahora que lo pienso, me faltó construir una zona de duchas –dijo más para sí la soberbia. - Mañana lo hacemos juntos, hermano –se ofreció Belfegor. - ¡Un momento! –dijo Mammon elevando la voz-. ¿La pereza ofreciéndose para realizar un trabajo pesado? ¡Esto no pensé verlo alguna vez en mi vida! - Si quieres me echo a dormir todo el día y lo haces tú –agregó Belfegor ante el comentario de Mammon. - Qué tal si todos juntos hacemos las duchas –propuso Leviatán mientras limpiaba sus labios de resto de comida-. Así luego podemos organizarnos sobre cómo trabajaremos en la construcción del nuevo palacio y nos encargamos de las labores domésticas. - Yo propongo que sea Belial el que cocine a diario –soltó Belfegor sonriendo feliz al sentirse complacido con la cena. - Por mí no hay problema. Tampoco es que me tome mucho tiempo, así que puedo encargarme de la cocina, y cuando esté libre de ella, aportar al trabajo de construcción –señaló Belial mientras se acercaba al horno para sacar un pastel. - ¡Hasta postre has preparado! –dijeron a la vez y muy entusiasmados Leviatán y Belfegor. - Es de moras, el que te gusta, hermano mayor –dijo Belial entregando el primer trozo a Mammon, quien empezó a mirar a rededor de sí mismo. - ¿Acaso hay cámaras escondidas y este es un show de humor? –bromeó Mammon, mostrando una enorme sonrisa-. Gracias, Belial –dijo la avaricia, y tomó el plato que la soberbia le preparó. En los planes de Belial, para que sus hermanos trabajen diligentemente en la construcción del nuevo palacio, se había propuesto ser el facilitador de comodidad para sus consanguíneos, de tal manera que no antepusieran peros de ningún tipo a la labor encomendada; sin embargo, el ambiente calmado y acogedor de esa versión del Paraíso estaba haciendo que cada uno de ellos se mantuviera en paz, por lo que eran más dóciles y comprensivos. «Hasta yo mismo me siento diferente. Que la soberbia preste servicios para la comodidad de los demás es algo imposible de ver, y que lo esté haciendo significa que mi lado Celestial está manifestándose con mayor intensidad», pensaba Belial mientras lavaba el precario menaje utilizado para la cena. - Hermano, gracias por haber acomodado la pieza. Las tarimas lucen provocativamente acogedoras –soltó con alegría Belfegor-. Sin embargo, no puedes ocuparte de todo tú solo. Desde mañana yo me encargaré de ordenar y limpiar la pieza, así como las tarimas. - De acuerdo, Belfegor. Gracias –respondió Belial ante la propuesta servicial del menor de los hijos de Satanás. - Y yo me encargaré de la recolección de agua y leña –se ofreció Leviatán al escuchar a Belfegor. - Agua para la cocina y para las duchas –agregó Belial. - Sí, la que sea necesaria para que los cinco estemos cómodos –añadió Leviatán teniendo en cuenta a Belcebú. - Entonces yo me ocuparé de la recolección y caza de alimentos –dijo Mammon tras regresar de las letrinas. - ¿Y qué hará Belcebú cuando llegue? –preguntó Belfegor al pensar que todas las tareas domésticas estaban cubiertas. - Que se encargue de lavar la ropa y los platos tras terminar las comidas –propuso Leviatán mientras mordía una manzana-. Si Belial es el que va a cocinar, no me parece justo que sea quien lave los platos. - Es verdad. Entonces, cuando llegue nuestro hermano le haremos saber cuáles serán sus tareas domésticas mientras estemos en este hermoso lugar –añadió Belfegor entusiasmado. - Bueno, ya es hora de dormir –hizo notar Mammon al mirar por primera vez la luna y las estrellas en el Inframundo-. Debemos despertar muy temprano para hacer cada una de nuestras labores domésticas y empezar con la construcción del palacio. (…) Como habían acordado, cada quien realizó la tarea doméstica asignada y empezaron los trabajos de construcción al detallar los planos. En el mundo humano, Leviatán era un reconocido ingeniero civil, por lo que él se encargó de plasmar las ideas de sus hermanos teniendo en cuenta las normas de construcción. Tras los primeros seis días dedicándose a la tarea asignada por Satanás y los deberes domésticos, Mammon propuso que el sétimo día descansaran, para retomar fuerzas y hacer un mejor trabajo los seis días siguientes. - Eso de trabajar seis días y descansar en el sétimo lo he oído antes –dijo Belfegor en son de broma, por la notoria similitud con el Génesis. - Bueno, no podemos negar que esa fue una buena idea del Dios Supremo, así que, hagámosla nuestra –respondió Mammon con jocosidad. Los hermanos estuvieron de acuerdo ante la propuesta del mayor, por lo que el sétimo día sería dedicado al descanso. Dos semanas después de haber llegado a esa copia casi perfecta del Paraíso, llegó Belcebú ya recuperado. Belial fue quien se acercó a la entrada de ese domo invisible para darle la bienvenida a su hermano, que notó que estaba cambiado al percibir que lucía demasiado alegre de verlo. La gula ya iba a hacer un comentario sarcástico, pero empezar a sentirse extraño tras cruzar el domo hizo que se reservara la acotación para enfocarse en su recuperación. Belial le explicó que era normal que se sienta debilitado, ya que la magia élfica contenida en ese lugar estaba encapsulando la maldad existente en él para que pueda habitar sin problemas en esa réplica del Paraíso. Unas horas después, Belcebú se sintió mucho mejor, y pudo seguir a Belial hacia el campamento. Como sucedió con sus hermanos, el desagrado llegó a Belcebú al notar las notorias carencias que experimentaría al estar encerrado en ese lugar que, para la gula, no era lo suficientemente hermoso como para tener que soportar privaciones. Ante ello, Belial utilizó la misma estrategia que usó con sus otros hermanos, mostrándole a Belcebú algo que de seguro le haría cambiar de opinión. Tras alejarse unos veinte minutos a pie del campamento, llegaron a un campo donde había distintos árboles, arbustos y enredaderas repletas de diferentes frutos. La debilidad de Belcebú era el dulce sabor de las frutas, por lo que lo primero que hacía cada vez que se le permitía estar entre los humanos era abastecerse de cientos de kilos de frutas para comerlas todos los días, a cada momento. La gula empezó a caminar entre los árboles, tomando los frutos, luego haría lo mismo al pasar por los arbustos y enredaderas. Tras cargar con todo lo que sus brazos le permitieron, se sentó a comer plácidamente. Belial sonreía al ver a su hermano disfrutando de tan dulces manjares como si fuera un niño, ya que toda la cara la tenía sucia de restos de las jugosas frutas. - Y ahora, ¿qué opinas de este lugar? –preguntó Belial al seguir por tercera vez a Belcebú a caminar entre los frutales, ya que iría una vez más a tomar esas delicias que brindaba la naturaleza que existía mágicamente en esa zona del Inframundo. - Que es perfecto para mí, si puedo venir frecuentemente a esta zona, claro está –manifestó Belcebú mientras comía un jugoso mango. - A diario podrás comerlas como complemento de las comidas que preparo, ya que Mammon las recolecta para abastecer las alacenas de nuestra cocina, pero los días siete de cada semana podrás venir y pasar tu descanso comiendo todo lo que quieras –explicó Belial. - Me parece bien –aceptó Belcebú-. ¿No crees que es muy bíblico eso de descansar el sétimo día? –bromeó la gula. - Lo mismo pensó Belfegor, pero como dijo Mammon: Hagamos nuestras las buenas ideas del Dios Supremo –tras hacer ese comentario, Belial invitó a su hermano a seguirlo hacia el campamento, donde Belcebú aceptó encargarse del lavado de las vestimentas y de los platos tras terminar cada comida, ya que también le pareció justo que Belial no hiciera esa labor si era quien cocinaba para todos. Mientras cinco de sus hijos construían el nuevo palacio que dedicaría para su amada Celestial, Satanás estudiaba cómo conseguir abrir un portal que lo lleve del Inframundo hacia Los Cielos con la esencia divina que le quedaba al tener solo una piedra de luna en su poder. El señor del Inframundo se encerraba en el último piso del palacio, donde estaba guarecida la única piedra de luna, y empezaba a hacer pruebas, fracasando vez tras vez. Asmodeo y Lilith ni idea tenían de los planes del embaucador, ya que se dedicaban a sus asuntos, que eran estar participando en orgías interminables, ya que, al ser el único hijo en el palacio, la lujuria se apoderó del resto de niveles, y al no dejar Satanás su labor de investigación, no había nadie que interrumpa las grandes fiestas donde se practicaba la sodomía, el incesto, la pederastia, la zoofilia, la necrofilia y otras aberraciones sexuales. A Satanás le importaba muy poco lo que esos dos hicieran, mientras que no se interpongan a sus planes, por lo que los dejaba ser, para que así no estén metiendo sus narices donde no deben. El señor del Inframundo, durante el tiempo que cesó la guerra contra los aliados sobrenaturales, encargó a sus generales y consejeros mantener estrecho contacto con los magos oscuros y clanes vampíricos que aún se mantenían bajo el pacto que lo beneficiaba, ya que no quería perder a los hijos de las tinieblas como sus secuaces ante su eterno propósito de destruir a la humanidad. En los siguientes meses se enteraría de la llegada de los mellizos híbridos, producto de la unión del Puro, un licántropo, y la Luz, una vampira con alma, pero al estar empecinado con lograr llegar a Los Cielos, no le dio mayor importancia, más cuando se enteró de la discapacidad de Viktoria, ya que, que sean mellizos y la hembra padezca de una condición limitante, le hizo pensar que la Profecía no se había manifestado con el nacimiento de esos dos híbridos, algo que resultó ser un gran error de su parte. Así fue como el tiempo siguió su curso, sin Satanás poniendo suficiente atención en lo que ocurría entre los sobrenaturales, hasta que lo que creyó que no se daría en esa generación, ocurrió: el Híbrido empezó con su misión.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD