Mansión Höller, en el vecindario privado de Renania, Santiago de Surco, Lima, Perú, tras haber recibido la revelación sobre el inicio de la misión de Viktor.
Como Amelia desconocía el futuro de sus hijos, a Stefan no le quedó más que hablar con los mellizos híbridos para conocer exactamente cuál era la misión de Viktor y por qué empezaría a ejecutarse cuando él aún no había llegado a la edad de destino. Dejando la celebración a la que habían asistido los máximos representantes de los pueblos sobrenaturales, quienes fueron testigos de la revelación entregada esa noche, pidió a sus hijos que lo acompañen a su recámara para conversar lejos de los invitados.
- Padre lo ha manifestado: «La unificación de los pueblos sobrenaturales se hará realidad no por la fuerza física, sino por la de la palabra» -parafraseó Viktoria tras Stefan hacer la primera pregunta sobre cuál era la misión de Viktor. Para los mellizos, el Dios Supremo era “Padre”, mientras que a Stefan siempre lo llamaban “papi” o “papá”.
- Por lo que no requiero llegar a mi edad de destino para recién iniciar mi misión –agregó Viktor sentado al lado de Stefan.
- Pero ante un ataque por parte de los vampiros o huestes de Satanás, no podrás defenderte con la misma precisión que lo harías si tuvieras tu edad de destino –refutaba Stefan al preocuparse que algo pudiera ocurrirle a sus hijos.
- No tienes por qué preocuparte, papi. Cuando vean a Viktor y este hable, no habrá vampiro que quiera alzarse en contra suya –aseguró Viktoria sonriéndole a Stefan.
- Siempre me preocuparé por ustedes dos, son mis hijos –dijo Stefan con un tono cariñoso en la voz que detectaron los mellizos.
- Sabemos que, por el amor que nos tienes, siempre vas a preocuparte y querer saber de nosotros, así que te diremos lo que va a ocurrir –dijo Viktor cambiando de asiento para estar al lado de su hermana en silla de ruedas, enfrente de Stefan.
»Yo soy la persuasión, por lo que mi palabra calará en aquellos que han sido engañados por el embaucador. Solo necesito llegar a ellos para manifestar la verdad, mostrarles el camino y, por tanto, que logren la salvación, ya que no solo vamos tras los vampiros con alma, por nacimiento, sino también por aquellos que, por nobles u oscuros motivos, libremente decidieron convertirse en vampiros, dejando su humanidad» -manifestó Viktor, dejando a Stefan sorprendido por la manera de hablar de su hijo, una que lo calmó, arrancó la duda que había en él e hizo que creyera.
- Sé que llegar a los clanes vampíricos para que a buenas y primeras escuchen a Viktor es algo impensable, ya que, por la enemistad con los licántropos, es difícil que quieran aceptar una tregua e intentar acabar con los conflictos bélicos dialogando. Sin embargo, que en los últimos años los clanes se hayan visto duramente golpeados al perder a cientos, quizá miles de sus miembros, permitirá que el conseguir hablar con sus líderes se logre –señaló Viktoria, demostrando gran capacidad de deducción.
- Entonces, ¿cómo puedo ayudar a que tu misión se haga realidad, hijo? –preguntó Stefan deseando ser útil para los propósitos que el Dios Supremo entregó a Viktor.
- Solicita a cada clan la oportunidad de reunirnos con su líder –respondió el joven dios.
- Se van a negar –lanzó Stefan apenado.
- Si lo hacen, insiste, querido papi –añadió Viktoria con ese dulce tono de voz que hacía sonreír al Alfa Höller.
- Hasta que uno acepte por curiosidad o cansancio –agregó Viktor.
- Está bien, así lo haré –dijo Stefan y dejó su asiento para coordinar con Patrick, el Delta Höller, encargado de la labor diplomática en la manada.
- Papi –llamó Viktoria a Stefan, y este se acercó a su hija-, considera para acompañar a Viktor a presentarse ante los líderes de los clanes el ir acompañado por ti y los ex Alfa Höller. Es importante que los mejores guerreros licántropos lo acompañen, y esos eres tú y nuestros ancestros.
- De acuerdo, mi niña hermosa –tras aceptar el consejo de su hija, dejó un beso sobre los negros cabellos de la pequeña, y salió para aportar en la misión de su hijo.
Durante las siguientes semanas, Patrick se dedicó a entablar comunicación con los diferentes clanes vampiros para conseguir que acepten dialogar, pero todos se negaron. Algunos clanes ni siquiera escucharon al Delta Höller cuando por medio de brujos y el poder de Ileana pudo contactarse con sus líderes, ya que, al enterarse que se trataba de un licántropo, rehuían de la conexión telepática. Sin embargo, como le pidiera Stefan, Patrick insistió hasta que, por fin, como bien había indicado Viktor, por curiosidad el Clan Walczak de Polonia decidió escuchar lo que tenía que decir el Alfa Höller.
- Anastazja Walczak ha aceptado el diálogo con Los Höller, pero manifiesta que por su seguridad y la de los suyos, la reunión se dará en su territorio –comunicó Patrick con dudas sobre si era buena idea entrar unos cuantos licántropos en territorio de vampiros.
- Está bien. Procede a coordinar la fecha y lugar exacto donde debemos presentarnos –que Stefan no dudara ni un segundo tras lo informado, llamó la atención del Delta Höller.
- Mi Alfa, ¿no temes que pueda ser una emboscada? Vas a poner a tu hijo, el cual aún no alcanza su edad de destino ni su máximo poder divino, prácticamente en las garras de tus enemigos –señaló Patrick mostrando notoria preocupación.
- Mi apreciado Delta, hermano, no dudes. Si el Dios Supremo ha manifestado por medio de Viktoria que mi hijo está listo para iniciar su misión, que es unificar a los pueblos sobrenaturales, es porque así debe ser. Todo saldrá a nuestro favor –la confianza de Stefan contagió a Patrick, por lo que no insistió con ese tema.
La comitiva que acompañaría a Viktor a territorio Walczak, además de Stefan y los ex Alfas Höller, estaba conformada por Patrick, como Delta y encargado de los temas diplomáticos; Haldir, único elfo puro sobre La Tierra, representando al pueblo de las Potestades encarnadas; Killari, ex Bruja Suprema, representando al pueblo de los brujos; Emma, la bisabuela de Patrick y hada de fuego, representando al pueblo de las hadas; Wang Baihu, Terrateniente de la Colonia de Hong Kong, representando al pueblo de los felinos, e Ileana, representando al pueblos de los vampiros. Viktor fue quien solicitó que se uniera a la comitiva un representante de cada pueblo sobrenatural, y que por parte de los felinos sea Baihu, un excepcional guerrero que al ser su lado animal un gato n***o de ojos azules permite la conexión con la divinidad de inmediato, así como Ileana, cuya presencia serviría como muestra de que los vampiros que dejaban el pacto con Satanás no estaban siendo sometidos, sino que eran poderosos aliados cuyos dones eran valorados y respetados. Tras comunicar el pedido de Viktor a los líderes de los pueblos sobrenaturales, y que estos aprueben la participación de sus representantes en la comitiva, todos se reunieron en la Mansión Höller en Lima para partir hacia Gdansk, capital del voivodato (provincia) de Pomerania, ciudad portuaria al norte de Polonia.
- Mi amado Viktor, no puedo ver tu futuro ni el de tu hermana, pero tu semblante sin perturbaciones me tranquiliza –decía Amelia antes de que su hijo marchara hacia lo que sería su primer encuentro con un clan renuente a dejar el pacto con Satanás-. Ve y ejecuta tu destino. Yo estaré esperando por ti junto a tu hermana –y la Luz dejó un beso sobre la frente de su hijo, a quien le faltaba muy poco para superar la estatura de la madre.
- Viktor, hermanito –llamó Viktoria a su mellizo, y este se acercó tras despedirse de su madre-, lleva esto contigo –y la pequeña diosa entregó al joven dios una muñeca de trapo, cuyo cabello trenzado estaba hecho con estambre amarillo, los ojos con un par de botones azules y el vestido blanco con un delantal verde hechos de retazos.
- Pero Viktoria, es tu muñeca favorita –dijo sorprendido Viktor de que su hermana quisiera deshacerse de ese juguete que, aunque simple, a ella le encantaba porque fue un regalo que Lena le hizo cuando esta aprendió en clases de manualidades de la escuela a hacer muñecas de trapo.
- Lo sé, pero se la quiero regalar a Anastazja. Ella la necesita más que yo –dijo Viktoria mientras mantenía extendidos sus brazos con la muñeca colgando de sus manos.
- Seguiré tu intuición, querida hermanita –dijo Viktor, y tomó la muñeca, la cual guardó entre sus ropas.
Tras colocar un hechizo sobre Ileana para que esta pudiera desplazarse bajo el sol, ya que llegarían a su destino durante horas de la tarde, Killari abrió un portal que la comitiva cruzó, apareciendo todos enfrente de una pequeña y colorida casa en el centro de la ciudad de Gdansk. Por el don de Ileana, los humanos que transitaban a esa hora de la tarde no repararon en ellos, ya que la vampira había creado una ilusión donde sus vestimentas y rasgos particulares no despertaban la curiosidad de quienes vivían y andaban por los alrededores. Tras llamar a la puerta, esta se abrió y dejó ver a un joven que se cubría con una gruesa capucha negra, ya que aún el sol estaba reluciendo al ser verano en Europa. Tras un ademán, los visitantes entendieron que les invitaba a pasar, lo que hicieron sin mostrar desconfianza o temor, cosa que sorprendió al vampiro, hasta que vio a Ileana, y entendió que con tan poderosa arma protegiéndolos, los aliados invitados podían caminar sin sentir preocupación en territorio Walczak.
Ubicados en Gdansk desde el siglo X, cuando se fundó la ciudad, el Clan Walczak habitaba en un refugio subterráneo del tamaño de la urbe, cuyo ingreso era esa colorida y típica casita en el centro de la ciudad. Descendiendo hacia donde la lideresa los aguardaba, pudieron contar que bajaron tres niveles desde la superficie, ignorando que sea el último de esa enorme construcción. Tras abrir unas gigantescas puertas, se dejó ver un gran salón de altos techos, con tres niveles de mezanines donde se dejaban ver vampiros agrupados observando el ingreso de los recién llegados. Stefan y los tres ex Alfas Höller flanqueaban a Viktor, quien iba en medio del romboide creado por su padre y ancestros para asegurar su protección. Patrick caminaba encabezando la comitiva, ya que, como Delta de la manada, sería quien muestre en primer lugar respeto a la lideresa vampira y presente a los invitados. Detrás de los licántropos se dejaba ver Haldir caminando hacia el lado izquierdo, luego venía Emma, Killari e Ileana, siendo Baihu quien caminaba en el lado derecho. Los machos decidieron flanquear a las representantes hembras de los pueblos de las hadas, brujos y vampiros aliados, demostrando que las estaban protegiendo, aunque no requerían de tal consideración por las habilidades que poseían.
- Buenas tardes, su excelencia, Anastazja Walczak. Los pueblos sobrenaturales le saludan –dijo Patrick al llegar hasta donde se encontraba la lideresa del clan. Anastazja estaba sentada en un sillón notoriamente decorado que se diferenciaba entre todo el mobiliario que se dejaba ver en el salón, y era flanqueada por dos vampiros machos, que por sus ropas supieron identificar como un consejero y un general-. Agradecemos que haya aceptado el recibirnos para dialogar sobre diversos temas.
- ¿Pueblos sobrenaturales? Licántropo, te presentaste como el Delta Höller cada una de las cinco veces que te comunicaste con los míos, por lo que entendí que esta reunión sería entre Los Walczak y Los Höller –señaló Anastazja luciendo lo hermosa y altiva que era con ese ondeado cabello castaño claro, facciones delicadas, piel extremadamente pálida y ojos rojos decorados por largas y copiosas pestañas.
- Ser el Delta Höller es como se me reconoce dentro de los pueblos sobrenaturales, respetada lideresa Walczak –explicaba Patrick-; sin embargo, en esta oportunidad no solo han venido ante usted el Alfa Höller, su hijo y ancestros, sino también un representante de cada pueblo sobrenatural –tras decir ello, Patrick dio un paso al costado, dejando ver en primer plano a Stefan, cuyo tamaño había llamado la atención de todos desde que lo vieron ingresar al salón, ya que nunca habían visto a un licántropo tan grande como él.
- Mis respetos sean para usted, Anastazja Walczak, y para los suyos –saludó Stefan haciendo una venia-. Ante usted me presento, soy Stefan Höller, Alfa de la manada que lidera mi familia y proviene de las tierras alemanas. Me acompañan tres generaciones anteriores de alfas de mi estirpe, así como el futuro de mi manada, mi hijo Viktor –y el joven dios hizo una venia que acompañó con una cálida sonrisa, detalle que gustó a Anastazja, pero que no dejó ver-. Asimismo, han venido con nosotros Haldir, el elfo, representando al pueblo que partió hacia la Tierra Bendecida para obtener dones mayores; Emma, el hada de fuego, quien representa a los cuidadores de la creación; Killari, la ex Bruja Suprema, representando al pueblo de los ángeles encarnados; Ileana, Mayor Noble del Clan Dracul, representando a los hijos de las tinieblas que han deshecho el pacto con el embaucador, y por último, pero no menos importante, Wang Baihu, Terrateniente de Hong Kong, representando al pueblo de los felinos –saber quién era el macho al lado de la vampira con poderes psíquicos hizo que un ligero murmullo se levantara en el salón, ya que era la primera vez que Los Walczak tenían enfrente a un felino, fuera de los encuentros bélicos que habían sostenido en los últimos siete años.
- Interesantes visitantes han llegado esta tarde –soltó Anastazja lanzando una rápida mirada entre aquellos que estaban parados a unos cuantos pasos enfrente de ella-. Y dígame, Alfa Stefan, ¿qué lo trae junto a esta comitiva a mis dominios?
- El querer dialogar con usted y los suyos para que la guerra iniciada entre hermanos sobrenaturales termine de una buena vez –respondió de inmediato Stefan.
- Acabar con la guerra es fácil, solo tienen que dejar de proteger a Los Dracul y a Los Hagi para que podamos ajusticiarlos por haber faltado al pacto con Satanás –señaló Anastazja con una expresión fría.
- Los Dracul y Los Hagi no son traidores para que tengamos que dejarlos a su suerte –empezó a explicar Stefan-. Lo que estos dos clanes, además de aquellos grupos pequeños que llevan décadas viviendo en unidad con las manadas y demás pueblos sobrenaturales al norte del continente americano, han hecho es reconocer que no le deben nada al embaucador, aceptar la profecía entregada a los hijos de las tinieblas hace más de dos mil años y entender que son parte de los sobrenaturales, por lo que desean ser tratados como hijos de la Madre Luna, deidad a la que el Dios Supremo entregó la labor de cuidar de nosotros –lo dicho por Stefan generó que los murmullos volvieran a escucharse en el salón, pero con mayor fuerza.
- Licántropo, los vampiros existimos gracias a que Satanás entregó la sangre de Caín al primer grupo de humanos deseosos de poder, uno que vence a la muerte y nos dota de fuerza para destruir a nuestros enemigos, fue así como Los Walczak aparecieron en esta zona de Europa, pudiendo destruir a aquellos que nos dañaron –dijo Anastazja mostrando ferocidad en su mirada.
- Usted lo ha dicho, lideresa, que Satanás entregó la sangre de Caín a un grupo reducido, por lo que solo ellos estarían sometidos a ese pacto, si es que siguieran existiendo –ese comentario de Stefan hizo que el murmullo se intensificara con un toque de molestia, ya que fueron los licántropos quienes acabaron con cada uno de los trece primeros-. Ustedes, que provienen de la conversión a raíz de la toma de sangre de un vampiro, o por nacimiento, no le deben absolutamente nada, por lo que son libres de ser vasallos suyos.
- Licántropo, no sé si te has dado cuenta, pero nosotros somos libres, aunque respetemos el pacto con Satanás –dijo Anastazja manteniendo el frío semblante.
- No, no lo son. Ustedes están sometidos a vivir según lo impuesto por Satanás, de una manera miserable, escondiéndose de todos porque son portadores de muerte y destrucción –el general al lado izquierdo de Anastazja empezó a mirar a Stefan con un profundo resentimiento al no gustarle las palabras que dejaba en medio de un salón donde mayoría absoluta eran enemigos de los licántropos. El general ya iba a moverse para golpear a Stefan, pero Anastazja lo detuvo al tomar su antebrazo. «Recuerda que Ileana está entre ellos», fue lo que la lideresa Walczak dijo a su general e hizo que este se calmara por el temor que el don de la vampira rumana causaba entre los de su misma especie.
- No sé cuánto sabes sobre nosotros, los vampiros, pero si vivimos escondidos es porque el sol nos mata. Y sobre que somos portadores de muerte y destrucción, pues no te lo puedo refutar porque para existir necesitamos sangre caliente de mamífero, por lo que los humanos son nuestra primera fuente de alimento. Nuestra existencia puede ser que asquee a los tuyos, pero somos lo que somos, y no vamos a desistir de ello –dijo Anastazja dejando su imperturbable expresión, ya que al final sonrió ligeramente, mirando a Viktor, ya que le daba mucha curiosidad la presencia de ese jovencito que no superaba los quince años.
- Los Dracul, Los Hagi y los grupos en el norte de América se alimentan de sangre donada por humanos, licántropos y felinos, ya que entendemos lo que son nuestros hermanos vampiros –añadió de inmediato Stefan, respondiendo a lo que comentó la lideresa Walczak-. La presencia de Ileana es para que puedan comprobar como ella se mantiene en buen estado sin necesidad de arremeter con violencia contra los humanos, matándolos antes de que alcancen sus propósitos de existencia.
- Pensé que la habían traído como medio de protección –comentó con sarcasmo el general al lado de la lideresa.
- Se equivoca, general –respondió de inmediato Stefan al comentario lanzado por el vampiro guerrero-. Ileana no es para nosotros un arma, es una amiga, una hermana, alguien en quien confiamos y por quien nos preocupamos. Ella está unida por predestinación con mi sobrino Kiram, un híbrido de brujo y licántropo, por lo que los lazos que mi familia y yo tenemos con ella son eternos e inquebrantables –lo dicho por Stefan conmovió a Ileana, por lo que sonrió cálidamente ante las palabras que el Alfa Höller dejó ante Los Walczak.
- Entonces, ¿hay que ser parte de Los Höller o tener algún tipo de parentesco con la familia líder de esa manada para obtener un trato preferencial? –preguntó con sarcasmo el consejero sentado al lado derecho de Anastazja.
- No, solo hay que querer ser una mejor versión de sí mismo, ser consciente del alma que un vampiro por nacimiento tiene, y lo que esta le dicta –la respuesta de Stefan hizo que los vampiros en el salón empezaran a murmurar nuevamente, pero esta vez lo hacían sin ocultarlo, como las veces anteriores.
- ¡Silencio! –exclamó Anastazja alzando levemente la voz, haciendo que desaparezca todo murmullo en el salón-. En este clan, solo unos cuantos son vampiros por nacimiento, ya que muchos de los nuestros no han mostrado interés por tener pareja. Sin embargo, aquellos pocos han demostrado ser especiales.
- ¿Y Satanás conoce de sus dones? –preguntó Stefan con preocupación.
- No –soltó Anastazja, y luego miró al consejero y al general sentados a cada uno de sus flancos antes de continuar-. Si bien es cierto que respetamos el pacto con el señor del Inframundo, nunca he permitido que a una madre se le arranque a su cría de los brazos –soltó Anastazja con mucha determinación-. Aunque, según cómo se den los casos, hemos eliminado a aquellos de los nuestros que se habían prendado de un sobrenatural, ya que esa mezcla no es aceptada.